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Una violación es una violación

Como parte de nuestra profesión, los que ejercemos el periodismo leemos, escuchamos y vemos mucho, esto hace que se nos vaya engrosando el cuero y cada vez sea más difícil perforar nuestra capacidad de asombro. Sin embargo, no es imposible, lamentablemente la realidad nos supera más de lo deseable. El fiscal general de la ciudad de Rawson, Fernando Rivarola, lo logró con creces, pudo perforar nuestra capacidad de asombro, no una, dos veces.

Rivarola calificó de “desahogo sexual” la violación grupal de una chica de 16 años, y lo justificó, cuando su terminología recorrió el país y cosechó el repudio generalizado, indicando que es un tecnicismo del derecho. El hecho en cuestión ocurrió en Playa Unión en setiembre del 2012, donde la denunciante fue a pasar la semana de la primavera con sus amigas. Allí cuatro hombres abusaron de ella mientras otro observaba y un sexto sostenía la puerta para que nadie entrara ni saliera. La denuncia se hizo pública el año pasado, cuando la víctima se sintió en condiciones de poder formularla.

El fiscal acordó una condena por abuso sexual simple para tres jóvenes y aludió a un “accionar doloso de desahogo sexual”. Rivarola decidió que la manada que sometió a una chica de 16 años no la violó, se “desahogó” y él y algunos de sus pares hablan de “tecnicismo” judicial.

Peor, el Ministerio Público Fiscal de Chubut lo justificó alegando que “fue sacado de contexto”. La explicación expresa que “en palabras simples, el abuso sexual es justamente una conducta que busca el desahogo sexual del autor sabiendo que lo hace sin el consentimiento de la víctima, que va a cometer un ataque sexual, que se trata de un delito, y consciente de ello avanza sin consideración del daño que va a provocar en esta. Eso es dolo”. Y más adelante nos alecciona explicando que en el contexto de una exposición, el uso de la frase “desahogo sexual doloso”, utilizado en el marco de audiencias o escritos reservados a los que solo hubieran accedido profesionales del derecho que conocen el alcance del término dolo, no hubiese causado el impacto y la trascendencia que provocó.

Supongamos que es así, que todos somos analfabetos del derecho ignorantes, de la terminología y los “tecnicismos”. Aun así, algo es seguro, el Derecho Penal es obsoleto, arcaico y amerita una urgente revisión que incorpore la perspectiva de género, porque queda claro que el uso de la terminología técnica afecta a las víctimas desde lo literal y lo simbólico. En todo caso será necesaria una profunda reforma de la terminología judicial, porque lo que ocurrió Playa Unión no fue un desahogo, fue una violación grupal y es repudiable que la Justicia no llame a las cosas por su nombre.

Queda claro que la perspectiva de género no llegó a la administración de justicia y también que la Ley Micaela ha hecho un largo recorrido, pero todavía no el suficiente. Queda claro que el escándalo y la indignación que provocó este hecho era necesario para visibilizar todo lo que nos falta transitar.

Aclaremos, además, como para reforzar el espanto, que, en el medio de todo el alboroto mediático, aunque parezca increíble que alguien pueda no empatizar con la angustia y el trauma de la víctima, no faltaron los que salieron a cuestionar la forma en la que la joven hizo su denuncia. Pusieron en tela de juicio que lo haya contado a través de las redes sociales en vez de formalizar la acusación y también que haya demorado años en expresar lo sucedido. No entender que lo hizo en los tiempos en que pudo y como pudo, es no comprender la problemática y el trauma de una violación, no entender es una forma más de la indolencia que socialmente nos atraviesa.

Rivarola hizo un mea culpa reconociendo que la frase en cuestión “debe ser erradicada pese a su amplio y arraigado uso judicial” y explica que llegó a esa conclusión “luego de una profunda reflexión generada a partir del impacto social y mediático”. En su escrito dice también: “soy consciente, hoy más que nunca, de la importancia que tienen las palabras como instrumentos de cambio en la deconstrucción de estereotipos machistas”.

Además aclara que “lejos de haber utilizado la expresión para minimizar o justificar conducta alguna, su empleo tuvo el único sentido de describir los delitos imputados como acciones de cosificación de la víctima y de degradación de su dignidad, como la voluntad del acusado de cometerlo sin consentimiento de la víctima”. Si esa fue la intención, le salió mal, que pueda escribir sin que nada le haga ruido, “desahogo sexual” para describir una violación en manada, es la muestra perfecta de que la Justicia no ha incorporado la perspectiva de género y tiene que hacerlo ya.

El fiscal general de la ciudad de Rawson, Fernando Rivarola, tiene un triste récord, pudo, en un breve lapso, perforar dos veces nuestra capacidad de asombro, primero con lo que dijo y segundo con lo que aclaró. Una violación es una violación señor Rivarola.

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