Provinciales | Tribunal Electoral de La Pampa

Una situación inexplicable

En el día de ayer, viernes 22 de noviembre de 2019, concurrí enviada desde este medio periodístico, La Reforma, a cubrir el acto público de entrega de diplomas del Tribunal Electoral de la provincia de La Pampa a las nuevas autoridades provinciales y municipales que fueron electas en General Pico y 22 localidades más de la provincia.

Mi función dentro del evento debía ser tomar imágenes fotográficas a todos los presentes, planos de la sala totalmente colmada, de las autoridades más destacadas y, lógicamente, de las nuevas autoridades de nuestra ciudad que asumirán el próximo 10 de diciembre.

Además, debía tomar los apuntes necesarios y recabar la información que fuera debida para cumplir con la crónica informativa pertinente, con la finalidad de brindarles a nuestros lectores un relato objetivo y real de lo sucedido.

En este contexto ingresé a la sala del Cine Teatro Pico, lugar donde aconteció el hecho, para cumplimentar dichas tareas. Al llegar a mitad de sala, por ambos pasillos, se ubicó una valla que dividió a los trabajadores de prensa y organizadores del TEP - Tribunal Electoral de La Pampa- del público y autoridades presentes.

Para tener mayor proximidad y tomar buenas fotografías al igual que solicitar la información, era necesario el ‘ingreso’ a dicha mitad de la sala reservada justamente para tal fin. Es por eso que me acerqué y un hombre de aproximadamente 30 a 35 años de edad, tez morena, cabello castaño oscuro, barba recortada, camisa blanca con motivos circulares oscuros, pantalón y zapatos negros u oscuros también, me miró de forma despectiva y me preguntó qué necesitaba. “Soy de La Reforma”, le dije, y continué explicando, porque con su cuerpo no permitía mi ingreso.

“Necesito pasar y tomar fotos, también solicitar la nómina de localidades y demás información”, le resumí. Seguidamente, el seguridad, patovica, o como se llame, porque no se identificó, me dejó pasar.

Caminé no más de diez metros y visualicé a uno de mis colegas, de otro medio periodístico, al cual saludé y me senté junto a él, comenzando a dialogar sobre la entrega. Sin exagerar, no pasaron 60 segundos que volvió el personal de seguridad dispuesto por la organización, el TEP, y me dijo “¿ya averiguaste lo tuyo?”, a lo que respondí: “recién me estoy ubicando”. No emitió nueva respuesta más que la de invitar a que me retirara de la ‘zona de trabajo periodístico’, por así mencionarlo.“¡No! Pero estoy trabajando, aún no hablé con ninguno de los organizadores para que me facilite la lista de entrega, nada”, respondí, más sorprendida de lo normal, ante una situación lamentable. La persona me levantó de la butaca y colocando una mano en mi espalda me señaló que me retirara del sector. Insistí nuevamente y el hombre no tuvo mejor opción que empujar ‘suavemente’ -no existe esto, pero no quiero herir susceptibilidades como me las hirieron a mí-, y echarme del lugar. Mi colega, el que ya mencioné, que estaba sentado a mi lado, intervino diciéndole “Sí, trabaja en La Reforma, también trabaja en la Municipalidad”, ya que, además, desempeño otra labor periodística como parte del equipo de comunicación del municipio piquense. Es allí cuando este ser autoritario respondió “Pero no tiene acreditación visible”; gravísima excusa para echarme desmerecidamente del lugar, ya que no solo se trató de un acto totalmente público sino que tampoco emitieron pedido de acreditación previa a los trabajadores de prensa para moverse libremente en el lugar.

Además, desde este medio se consultó a diferentes trabajadores de prensa presentes y a ninguno de ellos se les solicitó una credencial, ni del evento, ni del medio al cual representan.

Durante el resto de las horas de la jornada de ayer, las personas contactadas a cargo de la organización del lugar, tanto locales como provinciales, desconocieron, ante el contacto de La Reforma, lo sucedido. Sin embargo, solicitaron las disculpas correspondientes. Pero, como mencioné, desconocieron totalmente lo acontecido y tildaron el hecho como algo sumamente extraño.

Habría mucho más que decir ante esta situación inexplicable, incómoda, indebida y si se quiere para esta cronista, dolorosa, donde quedó plasmado una vez más el ‘abuso de autoridad’ que ejecutan personas que desempeñan una labor determinada, dejando mucho para cuestionar sobre su capacidad para el desarrollo de dicha tarea. Como extra, quitándole la posibilidad de trabajar libremente a una periodista, y a una mujer.

Más allá de la impotencia por lo sucedido, me retiré del lugar sin ninguna otra objeción, simplemente avergonzada.

Muchas veces dicen que todo lo malo tiene que tener algo bueno, y esta es la parte en la que debo y quiero destacar el apoyo de mis compañeros de este diario, de mi superior en la redacción y también a los propietarios de esta firma periodística que acompañaron -y acompañan- con los llamados y averiguaciones necesarias para que, al menos, sea esclarecida la situación y dejen de ocurrir, de una buena vez, hechos retrógrados y denigrantes en esta y en cualquier profesión.

Rocío Gonzalez.

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