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Una nueva comunicación para nuevos votantes

Arrancó la danza de nombres, todos los que aspiran a un lugar en las listas, empezaron a hacer rodar públicamente sus pretensiones, incluso algunos ya están “caminando” la provincia para posicionarse en la pole position, o lo más cerca posible de la línea de largada. Entramos en la ventana en la que vamos a ver de todo, desde lo más sabio, a lo más absurdo, en la carrera que ni siquiera es la carrera a las urnas, sino la pre carrera de la pre carrera.

Lo que queda claro, al menos en los primeros movimientos en el tablero electoral, es que en general, atrasan. Mayoritariamente están usando tácticas y estrategias vetustas. La de las juntadas de los “referentes” entre “gallos y medianoche” para tomar decisiones sustanciales e inconsultas sobre la vida de sus partidos, atrasa. La de salir a recorrer y hacer “presencias casuales” en entrega de semillas, castración de gatos y perros, jugando la del “justo pasaba, vi luz y subí”, atrasa. La del operativo “clamor”, atrasa. La del compañero de espacio que de la nada sale a los medios a poner en valor una gestión o una persona porque sí, porque justo ese día pintó acordarse de lo mucho que había hecho el amigo, atrasa.

El mundo cambio, la información y el conocimiento en un planeta globalizado, han generado cambios no solo en la manera en la que las sociedades funcionan, sino también en la forma en la que se accede y se disputa el poder político. Las nuevas tecnologías transformaron todo, las campañas electorales también. El nuevo escenario exige nuevas estrategias, nuevas tácticas proselitistas, nuevas maneras de comunicarse con los electores. Las campañas que conocimos antaño, ya no mueven el amperímetro.

Bajo esta nueva realidad, la forma de conceptualizar, organizar, proyectar y concretar las campañas electorales, así como la manera de comunicarse con los votantes, es absolutamente distinta. La tecnología, la información y el conocimiento, exigen nuevas formas y herramientas en los procesos de comunicación eleccionaria.

El que lo sepa y logre aggiornarse, correrá con una gran ventaja. Es simple, el que no pueda o no quiera cambiar, quedará rezagado. Básicamente porque en estos tiempos, las nuevas plataformas de comunicación exigen lenguajes completamente diferentes a los establecidos, a los que se usaban hace sólo unos años atrás, de donde provienen la mayoría de los dirigentes que aspiran a ocupar un lugar en la carrera electoral.

Los partidos y los candidatos más competentes, con independencia del peso específico indiscutible de algunos nombres propios, serán los más hábiles a la hora de descifrar y aplicar las nuevas circunstancias. Acceder y conservar las posiciones de representación pública requiere adaptación y transformación y está claro que, por ahora, los pampeanos no han logrado adecuarse a los tiempos que corren. Las noticias de las últimas semanas son prueba suficiente de todo lo que les falta modificar para ajustarse a las nuevas exigencias comunicacionales de los nuevos electores.

Los candidatos están obligados a revisar sus prácticas, las nuevas plataformas de comunicación, los nuevos lenguajes, implican otras prácticas discursivas y otras estrategias. Nunca es buen consejo subestimar ni sobreestimar a los votantes, mucho menos en la actualidad. Vivimos tiempos en los que la velocidad y la masividad de la información están a un click. Los votantes lo saben, los candidatos tendrán que aprenderlo.

La vieja comunicación, partidista y política, plagada de referencias organizacionales, actos partidarios y discursos vehementes apelando a la mística de la militancia, se apolilló. La nueva comunicación tiene que ser diferente porque los votantes lo son, los electores de hoy son inmunes a todo lo anterior, los votantes de hoy no solo usan nuevos dispositivos tecnológicos, receptan, se informan y opinan de manera completamente distinta a los viejos electores. Lo que antes movilizaba hoy no surte ningún efecto, lo que antes implicaba captar un voto, hoy no produce resultados.

Por eso, sería importante que todos aquellos que ya se encuentran dando los primeros pasos del vals electoral usando las antiguas coreografías, se permitan un impasse para poder barajar y dar de nuevo. El actual electorado exige profesionalizar las prácticas, sobre todo aquellas vinculadas con los procesos de comunicación en situaciones eleccionarias. Si no cambian a tiempo, las urnas les mostraran el tamaño del error, aunque claramente, ya sea tarde.

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