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Una buena noticia

Entre todos los desafíos que nos está dejando el huracán producido por la pandemia, está también el de repensar las ciudades, mirar nuestras calles, nuestra infraestructura, ver todo desde nuestra nueva realidad y también, con la cabeza puesta en el futuro. El confinamiento obligado dejó al descubierto un montón de problemas que tendremos que empezar a abordar en lo inmediato.

Empezando por la conectividad, si queremos prepararnos para lo que vendrá, tenemos que garantizar ciudades hiper conectadas y planificadas.El diseño urbanístico no ha sido precisamente uno de nuestros fuertes y por eso vivimos en lugares en los que el crecimiento se da a golpes de necesidad y azar, provocando déficits crónicos en la dotación de infraestructura básica y servicios. La dinámica de crecimiento de la media de las ciudades de nuestro país, no ha respondido a ninguna planificación, como consecuencia de lo cual, tenemos poblaciones que opacan nuestra calidad de vida.

Prepararnos para el futuro implica empezar a pensar y diseñar políticas y estrategias para adaptar las ciudades a los ciudadanos y no al revés. Las nuestras son localidades y centros urbanos diseñados para priorizar la circulación de vehículos, para que fluya la producción, para vincular la industria, son lugares pensados para el siglo pasado.

Tal vez el confinamiento obligatorio, nos esté dando la oportunidad de repensar hacia dónde vamos y hacia dónde queremos ir, que suenan parecido, pero son dos conceptos radicalmente distintos. El parate global nos empujó a un uso intensivo de la conectividad, las comunicaciones pasaron al centro de nuestras vidas, la tecnología ocupó el primer plano en el trabajo, en la educación, en el comercio, todo mutó en el término de días. Pero quien suponga que cuando esto pase y el Covid-19 sea sólo un mal recuerdo, esta revolución tecnológica se irá con la enfermedad, se equivoca de cabo a rabo.

Demostramos en la cuarentena la capacidad de adaptación de la que somos capaces, pudimos los adultos y mucho más rápido y fácil pudieron los chicos, que ya nacieron con esto. Nos adaptamos al cambio rápidamente, y esto es lo que se viene, no en Argentina, en el mundo. La digitalización llegó para quedarse, ahí vamos y para eso tenemos que prepararnos, nosotros y nuestras ciudades, nosotros y nuestras infraestructuras, nosotros y nuestros servicios.

De hecho, miren a sus hijos o sus nietos, miren sus hábitos, sus preferencias, cómo estudian, dónde estudian, cómo buscan, cómo leen, cómo se comunican, cómo se conectan, miren las generaciones que nos sucederán y se darán cuenta que no hay elección, vamos hacia la revolución tecnológicay tenemos que empezar a transformar nuestras ciudades y el mundo para ellos.

Nuestros jóvenes ya hicieron el cambio, el mental mucho antes que el digital, son chicos que eligen dónde y cómo vivir, prefieren lugares en los que los espacios públicos prevalezcan por su calidad, en los que haya una buena oferta cultural y educativa, en los que el cuidado del medio ambiente sea prioritario, en los que la comunidad esté por encima de la individualidad. Nuestros jóvenes ya hicieron el cambio, saben que la mayor parte de los trabajos del futuro ni siquiera han sido creados, no sabemos cuáles serán ni dónde estarán, pero sí sabemos que seguramente muchos podrán hacerse empleando procesos tecnológicos, a la distancia, sin necesidad de presencia física.

Se vienen el teletrabajo, la fabricación digital, el trabajo cooperativo, compartido, las oficinas virtuales integradas, mucha innovación, creatividad, mucho nuevo ADN digital aplicado a las organizaciones gubernamentales, el comercio, el trabajo, la economía, la educación, lo nuevo va a permear cada átomo de nuestra existencia.

Conceptualmente se viene un mundo diferente, la pandemia fue sólo el botón de muestra de una nueva realidad que llegó para quedarse, que lentamente, pero sin pausa, se va a ir instalando y va a mutar nuestras ciudades, nuestros modos de relacionarnos, de trabajar, de vivir y que seguramente, aunque aún sea muy temprano para advertirlo, va a derivar en una mejor calidad de vida para todos los que habitamos el planeta y también para el planeta. Nuestra vieja tierra ha tenido un respiro gracias a esta enfermedad, una paradoja chocante, pero irrefutable que demuestra que el modelo actual de consumo y depredación de los recursos no daba para más.

Vamos hacia un nuevo mundo, hacia ciudades diferentes con gente distinta y se lo debemos al Covid-19, porque el cambio conceptual, la revolución que comenzó no va a detenerse y en medio de todo lo malo, esa es una buena noticia.

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