Editoriales |

Una afrenta

Por las dudas, arranquemos por el principio. Las líneas que siguen están dedicadas a Amado Boudou,ex vicepresidente de la Nación, uno de los funcionarios con mayor prontuario de la Argentina,protagonista de causas escandalosas, como la denominada “Ciccone”, en la que cuenta con una condena firme, ratificada por la Corte Suprema de Justicia. Es un señor que ha sido condenado por la Justicia en todas las instancias, por 16 jueces, incluyendo a los miembros de la Corte Suprema, por negociaciones incompatibles con la función pública y cohecho.

Por las dudas, hay que recordar en detalle que Boudou fue condenado en agosto de 2018 a cinco años y 10 meses de prisión por el caso Ciccone. La condena fue confirmada por Casación en julio de 2019. En agosto de 2020, el juez Daniel Obligado, como magistrado de ejecución en el Tribunal Oral Federal (TOF) 4 del ex vicepresidente, le otorgó la prisión domiciliaria por la situación de la pandemia. Aunque esto podría cambiar porque el pasado miércoles el juez federal Ricardo Basilico lo citó a una audiencia para definir si seguirá gozando de ese beneficio o deberá volver a la cárcel, situación que definirá en los próximos días.

Y ya que estamos, también por las dudas, recordemos que Boudou además fue llevado a tribunales por lavado de dinero, situación derivada de la causa madre Ciccone, por la denuncia sobre “Viviendas del Partido de la Costa”, malversación de fondos en el Anses, por la refinanciación de la deuda de Formosa con GIldo Isnfrán, por la transferencia de un Honda CR-X, entre otras causas.

Toda esta introducción es fundamental para poner en contexto por qué es un desatino, un insulto a la inteligencia y una afrenta a la justicia, que el ex vicepresidente Amado Boudou exponga el próximo 3 de mayo en un seminario optativo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, sobre “noticias falsas y guerra jurídica”. El hiper super condenado Boudou va a analizar el rol de periodismo en torno a casos de corrupción. Él, con condena firme ratificada por todas las instancias judiciales, va a dar cátedra como “perseguido” y “damnificado”. ¿Es chiste?

Obviamente, su invitación a conferenciar en la casa de altos estudios, generó una ola de reacciones y repudios, entre las que hay que destacar la del colectivo denominado “Profesores Republicanos”, que rechaza la jornada académica y cuestiona los antecedentes de Boudou para encabezar la disertación, además de manifestar una gran preocupación por “el silencio de las máximas autoridades de la UBA frente a este arrebato que se intenta consumar, instalando a un delincuente en sus aulas, en flagrante violación del artículo 19 de la Ley 22.207 de Educación Universitaria”.

También recuerdan la condena accesoria de inhabilitación en forma perpetua para ejercer cargos públicos, impuesta a raíz del caso Ciccone, que le impide al ex funcionario desarrollar actividades académicas, con lo cuál, como expresa el colectivo en un comunicado de prensa, “admitirlo a ocupar un sitio en la UBA viola esa prohibición y hace incurrir en un delito a quienes lo propician”.

Como escribió Eduardo Galeano en su “Patas arriba: La escuela del mundo al revés”, cuando habla de Los modelos del éxito que disfrutamos: “El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian la naturaleza: la injusticia, dicen, es la ley natural”. Solo en un universo patas para arriba, Amado Boudou puede darnos cátedra de objetividad, de “noticias falsas y guerra jurídica”, sólo en un universo patas para arriba, Boudou puede darse el lujo de analizar de manera crítica el rol de periodismo en torno a casos de corrupción.

Que el hiper super condenado Amado Boudou pueda disertar en la universidad más importante de la Argentina, en el marco de un seminario de la Carrera de Ciencias de la Comunicación, sobre “noticias falsas y guerra jurídica”, analizando el rol de periodismo, como “perseguido” y “damnificado” es burdo, grosero y, sobre todo, es una afrenta a la justicia y, por ende, a los argentinos.

Dejá tu comentario