LA PROVINCIA | Merendero

Una acción altruista que no conoce de egoísmos

Natalia y Sergio tienen hace seis meses un merendero y comedor en su casa, ubicada en calle 107 bis Nº 220, entre 104 y 104 bis. Son los responsables de darle la merienda y la cena a casi 120 chicos del barrio que no tienen para el plato de comida en su mesa.

La Reforma conoció detalles sobre esta acción más que altruista que viene de la necesidad de hacer algo por el otro. Para los chicos del barrio se abrieron las puertas todos los sábados del merendero impulsado por este matrimonio, que es acompañado de un grupo de personas que colaboran en la elaboración de las distintas comidas y en la contención de los más pequeños.

Sobre los comienzos, Natalia explicó que “empezamos con lo que teníamos, algunos litros de leche, algo de cacao y jugo. Después se fue dando que se fue sumando gente para ayudarnos y otra que empezó a donarnos mercadería. Primero vinieron diez chicos, al otro fin de semana ya eran 20, al otro 40 y al otro 60. Cuando nos quisimos acordar teníamos casi 80 chicos viniendo por la merienda”.

Entre la casa y la plaza que está a unas pocas cuadras transcurren las tardes de merienda, cuando el clima está óptimo para que los chicos jueguen y se diviertan. Un tiempo más tarde de la apertura del merendero, Sergio decidió empezar a cocinar las viandas para la noche, algunos días de la semana. Son los lunes, miércoles y sábado los días que este grupo de personas elabora el plato de comida para la mesa de muchas familias que no tienen para sustentar esta necesidad tan esencial.

“Ahora tenemos 120 chicos que vienen a buscar la vianda esos días. El merendero es solamente los días sábados, a partir de las 15 horas”, acotaron.

Para colaborar con este comedor y merendero los interesados pueden acceder a la cuenta de Facebook: Merenderos Filipenses o bien de manera personal a la dirección citada al principio de la nota. Cabe destacar que, además de alimentos esenciales como harina, aceite, leche, fideos, también se recibe ropa, calzados y abrigo en general.

Consultados acerca de la cantidad de insumos que utilizan cada jornada para poner a la olla explicaron que “por día estamos echando aproximadamente 13 paquetes de fideos o tallarines. Tenemos una olla de 50 x 50 que se llena y se reparte toda. Casi nunca queda nada porque repartimos todo para los chicos que vienen a buscar. Cada sábado viene gente nueva. Tenemos gente del barrio, y también dos familias del barrio Federal. La necesidad de un plato de comida a veces hace que vengan desde allá caminando o en bicicleta”, describieron.

Luego, el matrimonio puntualizó sobre los motivos que los llevó a abrir un merendero, especificaron que “nosotros sabemos lo que es tener la necesidad de tener un plato de comida. Cuando recién nos casamos, llegábamos a la noche y no teníamos nada para darle a nuestro hijo, y eso es muy triste”.

“Esto (el merendero) fue algo que siempre quisimos hacer, porque entendemos esa parte de saber que mucha gente no tiene nada para darle a sus hijos de comer. Es una realidad que se vive hoy, entonces, todos los que venimos acá lo hacemos con una cierta satisfacción, porque conocemos lo que es la necesidad, además, a ninguno de nosotros nos sobra, porque somos todos trabajadores”, reflexionaron.

Por otro lado, Sergio reconoció que en algunas oportunidades la gente se ofrece a colaborar con dinero pero que, no obstante, prefieren recibir alimentos ‘porque el dinero va y viene’. “Nosotros queremos mantener el vínculo de los que vienen a buscar la vianda con sus familias. No queremos que se pierda eso de comer todos juntos, los padres con los hijos”, manifestó.

Entre lágrimas recordó que “todo esto nació a base de que mi hijo me dijera que sus amigos tenían hambre, fue lo que me dijo un día sentado en el cordón. Eso fue lo que me motivó porque, ¿vos sabés qué significa que te lo diga un chico?, te mueve el piso. Entonces yo supe que mi hijo tiene para comer, se levanta calentito, ¿y el resto?”.

Seguidamente, Natalia expresó que el objetivo es “ayudar en todo lo que podamos, porque además hacerlo es una necesidad nuestra. Empezamos a cocinar a las 7 de la tarde para dar la vianda alrededor de las 20:30 horas y a veces tardamos un poco más. Cuando podemos les damos algo diferente, como milanesas, hamburguesas, o torrejas de acelga con carne picada y a ellos les da mucha felicidad porque es algo distinto.

“Nosotros tenemos el orgullo de saber que el día de mañana ellos van a estar agradecidos por esto, el propósito que más nos llena es que nos identifiquen como alguien que los ayuda”, concluyó.

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