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Un tatuador en cuarentena: "Me tuve que reinventar y recurrí a otro rubro, como la cocina"

Juan Santillán, conocido en la ciudad como "Gato Negro Tattoo", prestó diálogo con La Reforma para contar cómo fueron sus días durante la cuarentena, tras verse afectada su fuente laboral. Debió reinventarse y recurrir a un rubro conocido por él: la cocina. 

Si bien la cuarentena por el coronavirus afectó a todas las personas de la ciudad, algunos trabajos no fueron considerados una actividad esencial y han tenido que cesar sus actividades durante los casi primeros dos meses del período de aislamiento social, preventivo y obligatorio.

En este contexto, tatuadores y tatuadoras independientes cerraron las puertas de sus estudios y debieron ingeniárselas para reinventarse y costear los gastos de su lugar de trabajo, de su hogar y también de sus familias.

Finalmente y gracias al estado sanitario de la provincia de La Pampa, y también de General Pico, el rubro se habilitó, aunque fue uno de los últimos en poder trabajar.

Juan Santillán, uno de los tatuadores de la ciudad, dialogó amablemente con La Reforma para comentar su experiencia personal, donde reveló que debió dejar los tatuajes para incursionar en la cocina.

“La cuarentena fue muy estricta para nosotros”, comenzó relatando Santillán, quien agregó que tuvo “el estudio cerrado por aproximadamente dos meses”, generando gastos fijos como cualquier otro trabajador independiente.

El entrevistado comentó entonces que “me tuve que reinventar y recurrí a otro rubro, como la cocina”, en relación a que, no solo durante la cuarentena, los piquenses consumimos alimentos diariamente, por lo que producir y vender comida cuidada y de calidad genera una salida laboral rápida y eficiente.

Es algo que ya había experimentado años anteriores, por lo que me dediqué durante ese tiempo a vender comida preparada. Esto me ayudó bastante”, dijo Juano, quien seguramente contó con la ayuda de su familia para efectuar los preparados, que ofreció por redes sociales y WhatsApp, a través de piezas gráficas con los precios de sus elaboraciones.

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Juano Santillán en su estudio.
Juano Santillán en su estudio.

Seguidamente, Juano contó que “cuando se normalizó la cuarentena, La Pampa quedó sin gente afectada, y el gobernador habilitó a los comercios, aunque nosotros todavía no podíamos empezar a trabajar”, recordó, al igual que otros trabajadores que esperaron cada anuncio presidencial y también provincial con mucha ansiedad. “Recién fuimos unos de los últimos rubros en poder trabajar”, dijo.

Una vez habilitado, Juan hizo hincapié en el protocolo, mencionando que “en realidad, nosotros hace años que tenemos en cuenta este tipo de cuidados. Hace años que trabajo con barbijo, siempre entre cliente y cliente se limpia el lugar y los materiales son todos descartables, por lo cual tiramos todo. Pero así y todo, fuimos casi el último rubro en habilitarse”, expresó nuevamente.

Buenos colegas

Santillán se refirió a sus otros compañeros de rubro, y a la solidaridad entre colegas, manifestando que estuvieron en diálogo durante el cese de su actividad. “Entre los colegas nos mantuvimos siempre conectados, por ejemplo, con Nazareno Rigal, otro tatuador con el que íbamos charlando, y también me iba asesorando, hasta que finalmente pudimos arrancar a trabajar juntos”, añadió.

Y continuó: “También tenemos colegas en otras provincias con los que hablamos y sabemos que no han podido empezar a trabajar, como los de Córdoba; y ni hablar en Buenos Aires”, remarcó el entrevistado.

Posteriormente, luego de quedar habilitado para reabrir las puertas de su estudio, Juan Santillán contó que “desde hace poco más de un mes comencé a trabajar, en primer lugar, con un Flash Day, donde dediqué todo el mes a hacer tatuajes chiquitos, con el protocolo estipulado, de a un cliente, con las medidas de desinfección correctas, los elementos de seguridad, tapaboca, mucho alcohol en gel y lavandina”, respondió, y seguro que entre tanto protocolo no olvidó que también comenzó a trabajar con una gran sonrisa debajo de su barbijo, no solo por volver a su antiguo ingreso económico sino por volver a ejercer esa profesión que tanto le gusta.

En cuanto a la actividad anual que no pudo llevar a cabo, Juan recordó que “nos quedó pendiente el Vacarte de este año, que se realiza para estas fechas, pero bueno, estamos esperando a que nos habiliten para poder llevar a cabo los eventos. Sabemos que va a pasar un tiempo, pero en el momento que lo tengamos permitido, lo vamos a poder desarrollar”.

El tatuador mencionó que “el Vacarte ya tuvo lugar el año pasado, en las instalaciones de El Viejo Galpón. Habían venido siete tatuadores de otras provincias a participar, y de la ciudad de General Pico, como también de La Pampa. También trabajamos con artesanos de la zona, hubo shows, barberos, todo un complemento en cuanto a la parte artística del tatuaje. Además fue un evento solidario porque la entrada era un alimento que luego fue donado a los merenderos de la ciudad, por parte de pampa solidaria, quienes también estuvieron participando”, relató.

Por último y como próxima actividad, indicó que “vamos a realizar una rifa, en la que se sorteará como primer premio un cuadro grande, y como segundo premio, unos tatuajes, para poder seguir difundiendo nuestro trabajo”, y para despedirse, mencionó en relación a la pandemia mundial que “esperamos que esto no empeore, porque siempre estamos pensando en lo mejor para nuestras familias y nuestros clientes”, concluyó.

Si querés saber más de los sorteos, o del trabajo de Juan, podés encontrarlo en sus redes sociales de Instagram o Facebook como Juano Gato Negro y Juano Santillán, respectivamente.

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