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Un sueño más que cumplido: Margarita Cervio terminó su casa construida con doce mil botellas de vidrio

El amor por la naturaleza llevó a Margarita y a su hijo Jalil a construir, con muchísima dedicación y paciencia, una vivienda sustentable.

En una fría mañana, Margarita Cervio, la reconocida vecina piquense, referente y fiel propulsora del Turismo pampeano, nos recibió en su llamativo y cálido hogar, ubicado al sur de General Pico. Llamativo porque, desde la puerta de ingreso, se puede observar que la vivienda tiene un detalle particular: sus paredes están realizadas con botellas de vidrio.

Hace exactamente tres años comenzó esta aventura. Margarita, junto a su hijo Jalil, soñaron durante años con vivir de una manera especial, en un hogar que los acogiera y que con él lograrán ayudar un poco a este mundo tan arrasado por la contaminación.

Fue así como, manos a la obra y con todas las actitudes de albañilería, empezaron a construir su casa con elementos reciclados: además de las paredes realizadas con ladrillos de vidrio, las aberturas y muebles que componen la vivienda han sido reutilizados, una forma más de mantener un estilo de vida amigable con el medio ambiente. A principios de julio, colocaron la última botella, lo cual supuso la finalización de la estructura del hogar, evento que fue celebrado por sus seguidores en las redes sociales.

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El momento exacto en el que coloca la última botella.

El momento exacto en el que coloca la última botella.

Este camino comenzó allá por 2017, luego de muchos proyectos y bocetos. “Digo que soy ecologista de cuna y siempre digo que cuando uno mira una casa imagina quien vive adentro. Decía que tenía que ser una casa que cumpla con lo que siempre he pregonado que son ‘las tres R’ del ecologista: que tenga reciclado, reúso y reducción. Y además quería que mi hijo compartiera conmigo algo que yo compartí con mi familia, porque tanto mis abuelos como mis padres y mis tíos hicieron ellos su casa. Eso siempre me llenó de orgullo”, relató.

Era el momento de que todas las ideas que por años había imaginado, tomaran forma. “Por ahí encontré una publicación de un templo Budista que había sido construido con un millón de botellas de cerveza. Entonces ahí digo: ‘esto es lo mío’. Y empecé a juntar esas botellas. Los primeros años fueron re crueles porque yo le pedía a mi familia, pero no consumían tanto, y yo solamente tomo gaseosa. Asique mis aportes a la casa han sido botellitas de gaseosa de vidrio, lo único”, comentó entre risas haciendo hincapié en que estuvo más de diez años recolectando el material.

La entrevistada comentó que, casualmente, un hecho que le dio trascendencia al proyecto y que colaboró con la recolección de botellas fue una nota que este medio publicó en 2017. “Fue un antes y un después de esa nota. Empezaron a aparecer botellas de todos lados. Yo amanecía y estaban todas las bolsitas colgadas de la reja de mi casa. Nunca supe quién me las dio. Empezaron de a poco aparecer de a cientos. Esa etapa fue fabulosa. Siempre digo: el proceso fue más corto gracias a eso”.

Una vez que el principal material comenzó a acumularse llegó la hora de conseguir un profesional que la acompañara. Luego de buscar y buscar, el arquitecto Martín Pereyra tocó a su puerta y, tan entusiasmado como ella, apostó al proyecto. “(Él) tenía una especialidad en construcciones sustentables. Pasé de hablar en chino mandarín y que no me entendieran qué quería hacer, a él que no tenía que decirle nada porque entendía todo. Esa parte fue la más agradable de la historia”.

Para algunos un desecho, para otros un ladrillo

En total, la construcción de la estructura demandó 12.000 botellas de vidrio, principalmente de bebidas alcohólicas. “Fue bastante intensa esa época de corte. Llevaba muchísimo tiempo. Lo que había calculado era que con lo que recolectaba en la semana tenía que hacer 30 ladrillos por día. Era cortar 60 botellas: se cortan, se lavan, se ponen a secar, se encintan. Se embalan y se traen a la obra”, detalló respecto al proceso para crear estos particulares ladrillos.

Había fines de semanas que me acostaba a las 5 o 6 de la mañana y me levantaba a las 9 y seguía cortando botellas. Todo el mundo decía '¿cuándo vas a terminar?', como diciendo 'esto no se termina nunca'. Yo siempre dije que la premisa era hasta que se disfrute. En el momento en que se deje de disfrutar había un plan b

Acompañando el curso natural

Siguiendo con su premisa de respetar a la naturaleza, Margarita decidió que su casa continúe con el ciclo natural del día. De esa forma, ahorraría energía tanto para calefaccionar como para iluminar la vivienda. “La casa si vos la ves marca el ritmo de tu día a día. Las habitaciones están donde sale el sol y cae justamente en el comedor. Y digo, si uno sigue ese ritmo natural ahorra muchísima energía. El mismo sol te vas despertando”, comentó al respecto.

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Una de las postales de esta construcción, que comenzó hace tres años.
Una de las postales de esta construcción, que comenzó hace tres años.

Además, los ladrillos de vidrio tienen una característica especial: al contener 23 centímetros de aire en su interior se transforma en un material aislante. “(La casa) es estable, ni fría ni calurosa. Con un poquito de ayuda alcanzas la temperatura ideal”, indicó respecto al escaso esfuerzo que debe realizar en épocas de clima extremo.

Un legado

En diálogo con la entrevistada, fueron muchas las situaciones en las que se puso en evidencia el gran valor sentimental que tiene la construcción. Tanto Margarita como Jalil, han dedicado cientos de horas a construir con sus manos estos paños de cristal. Solo contaron con la ayuda de un albañil, quien colaboró realizando los cimientos, vigas y el techo.

“Cada uno tenía su lugar. El último ladrillo de cada pared lo puso Jalil. Menos el del taller que ese es mi lugar, así que lo termine sola. La premisa fue esa: los dos, nada más que los dos. Hubo mucha gente que colaboró pero no en la construcción. Desde que Jalil era muy chiquito, la misma sociedad hace que los chicos sean muy ansiosos, todo es ya, ya, ya. Entonces siempre me gustó que él valore el proceso y que lo disfrute. Y que sepa que con constancia y con tiempo puede lograr lo que quiera. Hasta construir tú casa con basura. Creo que la casa intenta marcarle eso. Toda la casa está llena de mensajes para Jalil”.

Y agregó que “cada detalle está pensado en cada una de las cosas que nos gustan. Por eso el comedor es tan grande. Nos gusta recibir amigos. La cocina está pegada porque creemos que el cocinar es un momento social. Todo intenta seguir eso, las costumbres de la familia”.

En una segunda etapa, el momento “estético”, por así decirlo, la casa de Margarita y Jalil se transformará en un dragón chino. Por fuera, representará a este animal tan significativo para la cultura oriental. Las botellas formarán parte de las escamas del animal y con una técnica de mosaiquismo se revestirá la vivienda. “También tendrá una escalera. Todo el techo es transitable porque nos gusta mucho ver la luna y las estrellas. Esa es la etapa que creo que va a ser más linda, que es la que se viene ahora. No es tan trabajoso y se va a notar mucho la diferencia”.

Esta vivienda, que sin dudas se transformará en un ícono de General Pico, es un claro ejemplo de que con amor y paciencia se puede lograr lo que uno se proponga. “Que nadie te diga que no. Nunca renuncies a los sueños a pesar de que no sean fáciles”, finalizó con una gran sonrisa en el rostro por el impresionante trabajo logrado.

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Un sueño más que cumplido: Margarita Cervio terminó su casa construida con 12.000 botellas de vidrio

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