Editoriales |

Un sincericidio brutal

Suena brutal porque es brutal, pero lo dijeron sin inmutarse, sin que les hiciera ruido, con una naturalidad escalofriante. Convocaron a una conferencia de prensa, llamaron al periodismo para exponer, sin que se les moviera un pelo, la radiografía de lo que piensan realmente, y lo que piensan realmente, es salvaje. 

Suena brutal porque es brutal, pero lo dijeron sin inmutarse, sin que les hiciera ruido, con una naturalidad escalofriante. Convocaron a una conferencia de prensa, llamaron al periodismo para exponer, sin que se les moviera un pelo, la radiografía de lo que piensan realmente, y lo que piensan realmente, es salvaje. La insensibilidad en estado puro, la crueldad y la deshumanización llevada a su punto máximo.

La conferencia fue convocada días atrás por el dirigente de la Corriente Clasista y Combativa, Walter Brandimarte, y el diputado provincial, referente del Movimiento Evita, Leonardo Avendaño, en su calidad de dirigentes sociales, para denunciar que el Ministerio de Desarrollo Social de la provincia los ataca, y los quiere “desmantelar”. Aseguraron que “se llevan un gran número de compañeros quien sabe con qué fin, pero entendemos que es debilitar a las organizaciones sociales, nosotros lo sentimos como un ataque, como una declaración contra nosotros”. Aseguran que “se está trabajando en la faz electoral, buscando votos y en un futuro tiene un destino de precarización al incorporarlos a la administración provincial y la municipal”.

Cuando hablan de “desmantelar”, cuando dicen que “se llevan un gran número de compañeros”, cuando indican que con eso perpetran “un ataque”, no refieren a cosas, no están hablando de muebles, ni de macetas, están hablando de personas. Hablan de personas como si fueran objetos que les pertenecen, como si les estuvieran quitando algo que les corresponde, son los amos, los propietarios, los terratenientes de los beneficiarios de los planes sociales. Los dicen así, con una naturalidad bestial, como si nada.

Reclaman, reclaman equivocadamente que lo que quieren es “cooptar votos y precarizar a personas en el ámbito provincial”, que lo que quieren es “debilitar las organizaciones sociales”, gritan y se exasperan porque "es una actitud de rapiña, se comportan como saqueadores nocturnos y no lo vamos a permitir". Hablan de personas con un nivel de displicencia, de desestimación y de indiferencia por su calidad de tal, que es rayano en el menosprecio.

La brutalidad fue tanta, que el ministro de Desarrollo Social de la provincia, Diego Álvarez, sintió que debía explicar para llevar tranquilidad a los beneficiarios, que efectivamente hay un reempadronamiento personal y obligatorio, que se realiza a través de una web del Gobierno nacional en el portal Argentina.gob.ar. Queda claro que es el trámite es una solicitud del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación para todas aquellas personas beneficiarias del Programa “Potenciar Trabajo”, cuyo objetivo, como explicó el titular de la cartera nacional en ocasión de un encuentro con referentes sociales, es “generar cambios estructurales en las políticas públicas”, haciendo foco en “generar trabajo y fortalecer la economía popular”.

El ministro Arroyo ha repetido una y otra vez que la salida es con trabajo, de hecho, el foro en el que reunió a los dirigentes de las distintas agrupaciones, movimientos sociales, sindicatos, cooperativas, cámaras empresariales, iglesias y referentes académicos, se denominó “Economía Social, economía popular y creación de trabajo. ¿Cómo avanzamos?”

Brandimarte y Avendaño no hablaron de las compañeras y compañeros, hablaron de ellos, en ningún momento refieren realmente a si el reempadronamiento podía mejorar o empeorar la situación de las compañeras y compañeros, si podía significar una nueva alternativa, si existía la posibilidad de un cambio positivo. No hay una sola línea en todos sus dichos que hable de las personas. Hablan de ellos y denuncian sin advertir que están ofreciendo una radiografía pública de lo que piensan y lo que son, y lo que piensan y lo que son es realmente salvaje.

Cabría preguntarse quién tiene realmente una “actitud de rapiña”, quiénes se comportan como “saqueadores nocturnos”, por qué las personas y su situación personal no entran en ningún resquicio de todo lo que dicen. Hacía mucho tiempo que no asistíamos en nuestra provincia a un sincericidio de tal magnitud, a veces la honestidad brutal es tóxica, no mide el impacto de las palabras, hace mal, y se vuelve en contra., como en este caso, en el que lo que dijeron, no solo sonó brutal, fue brutal, fue un sincericidio brutal.

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