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Un nuevo destrato mendocino

Mendoza no sólo nos despoja del agua a los pampeanos, es peor, ni siquiera nos considera. La prueba más fehaciente llegó días atrás con la presentación del flamante Observatorio de Agua anunciado con bombos y platillos por el Departamento General de Irrigación (DGI) de esa provincia. El nuevo organismo está integrado por el Gobierno de Mendoza, la Secretaría de Ambiente y Ordenamiento Territorial, la Federación de Inspecciones de Cauce, el Instituto Nacional del Agua, el Instituto de Agua y Ambiente de la Universidad de Mendoza, la Universidad Tecnológica Nacional y el Instituto de Ciencias Ambientales de la UNCuyo. Participan en carácter de colaboradores AySam y EMESA. Es decir, sin La Pampa.

Según Sergio Marinelli, superintendente del DGI, “el agua es un tema transversal a todas las personas y a todas las actividades”, por lo que el Observatorio de Aguas será una “muy buena herramienta porque no será manejada solamente por un organismo público como irrigación, sino por un conjunto de entidades, que le permitirá además a los ciudadanos hacer un seguimiento de los indicadores: que el agua no está contaminada, o que la cantidad que se usa se utiliza eficientemente y que no hay algunos sectores que tienen la ventaja de tener agua y otros no”.

Obviamente a Marinelli las únicas personas que le importan son las de su provincia, las únicas personas que desea puedan crecer y disfrutar del agua de manera justa y equitativa son los mendocinos, los pampeanos no entramos ni en sus cálculos ni en su consideración, no existimos.

El funcionario no ahorró un solo desatino de cara a nuestra provincia, dijo que “el agua es un tema transversal a todas las personas y a todas las actividades”, y la cereza del postre, poniendo en valor el Observatorio por la posibilidad que le brindará tanto a los organismos que lo integran como a los ciudadanos, de hacer el seguimiento de los indicadores del agua, como contaminación y uso eficiente, entre otros; un seguimiento por y para los mendocinos, se entiende. Esto evitará, según Marinelli, potenciales conflictos entre actividades que utilizan grandes cantidades de agua o implican riesgos de contaminación. Cuando habla de conflictos por los diferentes usos del recurso hídrico, refiere a los que usan el agua, que también nos pertenece, para riego, o a los que “la necesitan” para practicar actividades deportivas o recreativas, como el rafting.

Mendoza no tiene vergüenza, el peligro que temen cuando hablan de crisis hídrica, es el impacto que puede acarrear en sus bolsillos, sobre todo si la merma de agua impide o afecta las actividades de agua de la temporada veraniega. Las alarmas y temores mendocinos, los consensos y las garantías concluyen en sus fronteras, los demás no importan.

¿Las personas pampeanas de Algarrobo del Águila, Santa Isabel y Puelches no son personas para Mendoza? ¿No importa si pueden disfrutar de la temporada de verano, no importa si, como ocurre precisamente ahora, no tienen ni una gota de agua porque se cortó el cauce y el lecho está totalmente seco? No hablamos de hacer actividades recreativas, hablamos de un problema ambiental grave, hablamos de restituir el ambiente, hablamos de daño, hablamos de degradación, hablamos de la apropiación indebida del agua por parte de Mendoza por décadas. De eso hablamos.

En este contexto, no hay que omitir que la Corte Suprema de Justicia de la Nación ordenó acordar un caudal que permitiera recuperar la degradación y el daño que ha sufrido el oeste pampeano como consecuencia de la indolencia y la sustracción histórica del agua que ha perpetrado Mendoza.

La gran paradoja es que casi en el mismo momento en el que Mendoza presentaba su Observatorio de Agua, La Pampa debía concurrir una vez más a la Corte Suprema de Justicia, esta vez para poner en conocimiento de la máxima autoridad judicial el cese total del escurrimiento del Atuel en el ingreso al territorio pampeano y reiterar el pedido de re-determinación de un caudal hídrico apto de manera urgente, para empezar a reconstruir el ambiente.

Los mendocinos inauguran un Observatorio de Agua que nosotros no podríamos tener porque gracias a ellos no tenemos agua para controlar, no podemos hacer el seguimiento de ningún indicador, no podemos determinar usos eficientes ni razonables, no podemos porque gracias al despojo histórico al que nos han sometido, no tenemos agua.

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