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Un eufemismo inadmisible

“La hija mayor de Máxima luce con orgullo su look ‘Plus Size”, dice el título brutal en letras de molde. Un eufemismo de “gorda” que no pasó desapercibido y desató una polémica que concluyó con el pedido de disculpas de la revista Caras. La publicación quedó en el centro de las críticas porque, como ha hecho históricamente, puso en el centro de la escena la suma de todos los estereotipos, sólo que esta vez, la brutalidad con la que lo hicieron, pasó de castaño oscuro.

No hay que ser lector de Caras para saber que dedican sus tapas a mujeres delgadas, de piel clara y jóvenes, que, además, deben estar dispuestas a posar mostrando bastante piel y a que la publicación haga foco en sus cuerpos más que en sus historias, sus proyectos o sus logros. Digamos de paso que lo habitual es que las fotos las muestren en casas soñadas, piscinas elegantes (porque pileta no suena cool, es vulgar), en livings kilométricos, o en lugares paradisíacos, rodeadas de verdes, mares cristalinos y arenas blancas. Todo muy fashion.

Caras ha sido históricamente, la gran mamá de la estigmatización y el prejuicio tácitos, por omisión. Para ocupar una página de la revista hay que ser lindo/a, flaco/a, exitoso/a, famoso/a o influencer. Cumpliendo esos requisitos, el contenido de la nota importa poco, puede versar sobre la compra de una casa, la firma de un contrato, la nueva cucha del perro del entrevistado/a en cuestión, es irrelevante. Pero esta vez, se equivocaron y cuando quisieron aclarar, se equivocaron más, por eso finalmente, se vieron obligados por la presión social, a pedir disculpas.

Por si se perdió la mentada edición en cuestión, alcanza con explicar que eligieron hablar del cuerpo de Amalia, la princesa de 16 años de los Países Bajos, hija de Máxima Zorreguieta y su esposo, el rey Guillermo Alejandro, indicando en la bajada posterior al título en el que destacan que luce con orgullo su look ‘Plus Size’, que es una “víctima de bullying que enfrenta las críticas con fortaleza y el incondicional apoyo de sus padres. Una princesa que vive su adolescencia sin tabúes y defiende su figura de mujer real”.

Las disculpas rubricadas por la directora de la revista, Liliana Castaño, en las que admite que “aún sin mala intención” cometieron un error, no explican algunas cuestiones básicas que hubiese sido muy interesante escuchar. Reconoce la necesidad de “desarrollar una sensibilidad mayor frente a la violencia de género, la estigmatización y todo lo que nos esclaviza a formatos que hoy deseamos desterrar”, pero no explica que quisieron resaltar con “look Plus Size”, ni qué quisieron expresar con defender su “figura de mujer real”, cuáles serían los “tabúes” y las críticas que debe “enfrentar” con “fortaleza”.

Seguramente, era demasiado embarazoso abordar punto por punto cada una de las expresiones que subliminalmente todos entendemos a la perfección. Dijeron que es gorda, que su talle no corresponde a la norma porque es ‘plus size”. ¿Y el tabú, cuál es el tabú? ¿Qué debería defender de su figura? ¿Algo en ella está mal, es feo, no corresponde con el estereotipo de belleza, con los mandatos sociales? ¿Qué significa defender una figura de mujer real, acaso no somos todos reales, existimos, somos, estamos?

Lo positivo del gran bochorno de Caras, es la reacción social inmediata que provocó. Tenemos un serio problema como sociedad, seguimos mirando y rotulando al otro por su cuerpo, poniendo el foco en el tamaño del prójimo, pero nos lo planteamos, y ese es un buen síntoma. Hace no mucho tiempo atrás, una tapa como esta hubiese atravesado su edición sin pena ni gloria, como una más, sin que nos inmutemos ni reaccionemos ante semejante brutalidad explícita, hoy ya no es posible, hemos avanzado.

Pero, aun poniendo en valor el rechazo social que generó la nota, sigue siendo inadmisible la justificación de la responsable de Caras, que explica la incorrección y el error de su publicación argumentando que “los medios somos espejo de la sociedad” y que “todos estamos aprendiendo, los medios también”. La corregimos, señora, es su deber, por el rol social emanado de su profesión, estar un paso adelante en la deconstrucción de estereotipos, es su responsabilidad señalar la violencia de género y la estigmatización, no propagarla o facilitarla y es inadmisible que, como se lo hizo saber el repudio social, un medio trabaje hoy sin una mirada inclusiva.

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