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Tomar sol no es gratis

Todos sabemos que no hay que tomar sol, que el bronceado saludable no existe, sin embargo, cuando llega el verano, la tentación de tumbarse por horas para lograr el tostado perfecto, resulta irresistible para muchas y muchos. Es así, pese a que contamos con la información, pese a que conocemos los riesgos, no hay voz de alerta ni recomendación profesional que pueda impedir la irresponsabilidad de los que aman estar bronceados.

Empecemos por reivindicar el sol como fuente de vida, de calor, de vitamina D, como generador de endorfinas, pongamos las cosas en su lugar aclarando que el sol no es malo, el problema es la mala exposición que hacemos y el efecto de los rayos sobre nuestra piel, efecto sin dudas exacerbado por el famoso agujero de ozono. Ahora bien, si lo sabemos ¿por qué hacemos caso omiso de todas las alertas?

La realidad es que no hay que tomar sol, todos los especialistas coinciden en que no hay bronceado saludable, el color tostado es la expresión de la piel, que sufre debido a la exposición a los rayos ultravioletas, es su modo de protegerse, protegernos y pedir auxilio. Tumbarse al sol y broncearse queda lindo, pero hace mal, no es gratis. Los dermatólogos advierten que el daño que la exposición ocasiona tiene efectos acumulativos, el impacto del sol produce mutaciones irreversibles que permanecen en las células y pueden aparecer después de varias décadas. Además de ser nocivo para la salud, el exceso de sol acelera el envejecimiento de la piel, destruye moléculas de colágeno elástico y volviéndola más flácida, seca y opaca, propiciando además el surgimiento de arrugas, venitas coloradas y asperezas.

Capítulo aparte para los chicos, que por sus actividades al aire libre generalmente están mucho más expuestos al sol, ya sea porque pasan horas en la pileta, van a la colonia o veranean en el mar o la montaña y juegan todo el tiempo lejos de las sombrillas o la sombra protectora de algún árbol. Ellos sin duda tienen que usar protección más alta. Eso sí, los padres deberían recordar que además de cuidarlos, hay que predicar con el ejemplo.

La incógnita en este tema es por qué hacemos caso omiso a todas las recomendaciones, por qué prescindimos de lo que sabemos, cómo ignoramos sistemáticamente las advertencias que año tras año renuevan los dermatólogos. Los rayos UV traen consecuencias, algunas a corto plazo, como las quemaduras solares o el enrojecimiento cutáneo; y otras a largo plazo, como las manchas, las arrugas y lo peor, las lesiones cancerígenas. La piel tiene memoria, acumula los efectos, es matemático.

Si nuestra piel pudiera hablarnos, diría algo como: “si me freís hoy, vas a pagar mañana”. Hay dos tipos de cáncer que se dan en la piel: el carcinoma basocelular, que es el más frecuente y el melanoma, que es el más maligno. Está comprobado que el 80% de los casos son provocados por el sol. ¿Qué más necesitamos saber?

Vamos a la otra cara de la moneda: el sol es indispensable para la vida, la mineralización ósea, la síntesis vitamínica, es fundamental hasta para el buen humor, pero, si no lo tratamos con respeto, puede convertirse en un gran enemigo de la piel. La mejor opción es no broncearse, si quiere verse tostado opte por una alternativa más saludable, use un autobronceante, que no hace daño.

Ahora bien, más allá de la inconveniencia de tomar sol, se puede disfrutar del aire libre y del verano de manera saludable. No es tan difícil, hay que tener siempre un protector solar a mano y saber qué tipo de piel tenemos, para utilizar el factor de protección correcto, sin omitir que los protectores no anulan el efecto del sol en su totalidad, sino que ofrecen un aumento en el tiempo de tolerancia a los rayos solares. Por eso no hay que olvidar que cada dos o tres horas hay que volver a aplicar la protección.

No hay excusas para no cuidarse, no hay excusas para tomar sol, el bronceado saludable no existe, no hay que exponerse al cáncer de piel. Tumbarse por horas para tostarse es una irresponsabilidad que más tarde o más temprano se paga y el precio es demasiado caro como para hacerse los distraídos. Con el nivel de información que manejamos hoy no hay ningún argumento que permita usar como escudo la ignorancia. El sol es maravilloso, sólo hay que tener cuidado, no con el sol, con nosotros y nuestras malas prácticas.

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