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Todos Juntos

Estamos en casa, guardados, aislados, quietos, haciendo lo que corresponde para tratar, entre todos, de frenar el avance en Argentina del virus que puso de cabeza al mundo. Transitamos tiempos complejos, pero a la vez muy productivos. Si, si, como leyó, muy productivos. Haga el intento de mirar lo que nos ocurre desde otro lugar, pruebe a darlo vuelta y verlo como una gran oportunidad, la posibilidad de repensarse y repensarnos, de volver a vernos como lo que en realidad somos: un puñado de seres desnudos e indefensos, mucho menos poderosos de lo que habitualmente nos creemos.

Cada tanto nos pasa a los humanos, que el planeta nos vuelve a poner en nuestro lugar, nos recuerda que el dinero muchas veces sirve para muy poco y que nosotros, esos mismos que creemos que tenemos todo controlado, que podemos manejar el mundo, que salimos a conquistar el espacio porque la Tierra ya le queda chica a nuestro horizonte, nosotros, los que manejamos los mares, los ríos, los que generamos energía, escalamos montañas, nosotros, los seres superiores, estamos acorralados por un bichito que ni siquiera podemos ver, un enemigo invisible que nos obligó a separarnos, aislarnos, redoblar esfuerzos y cambiar en el término de meses, todos los parámetros que forjamos en siglos.

El Covid-19 nos encerró de un saque y lo hizo usando nuestro propio sistema político, porque si algo tiene el virus, es un altísimo sentido de la democracia. Para él, todos somos iguales, realmente iguales. Podrán decir que algunos somos más vulnerables que otros, es probable, pero poco importa, porque sufrir, vamos a sufrir todos, ya sea que nos toque partir, o ver cómo parten los que queremos. Estamos todos en el mismo barco, atrapados y sin ninguna salida individual.

¿Se enteraron de eso? No hay ni siquiera una posibilidad individual y egoísta de zafar de esto. No hay ninguna, ni todo el oro del mundo puede comprar una solución personal. Vale la noticia para los imbéciles, que los hay a parvas, que salieron desesperados a acaparar alcohol en gel, por citar un ejemplo de los más comunes. Esos necios ni pensaron en las consecuencias, que expuso ante los medios de manera brillante el director del Hospital Gobernador Centeno, Estevan Vianello: “no compremos de manera compulsiva porque después mucha gente se queda sin el producto, de qué me sirve comprarme todos los alcoholes en gel yo, si después el resto no lo puede hacer y no puede cuidarse”. Tan simple y fácil como dos, más dos, claro, hay que saber sumar y varios reprobaron matemática.

El Presidente, a quien hay que reconocerle su templanza y buen manejo de esta situación, a todas luces extrema y extraordinaria, dio el mensaje justo y equilibrado al anunciar la cuarentena obligatoria y también resaltó que, en esta, estamos todos juntos o nos perjudicamos todos. Como recordarán, dijo que el pueblo argentino tiene “dos peleas” simultáneas que consisten en la lucha “contra la pandemia y contra la psicosis”. Y agregó que “esta será la prueba más exigente que la Argentina haya tenido en lo que va del siglo. Solo la unidad permitirá vencer en este momento. El coronavirus nos ataca a todos, sin distinciones. Responderemos sin distinciones. Una Argentina unida para enfrentar este desafío”.

Por eso queridos aislados, guardados y quietos, este es el momento de la verdad, la gran oportunidad para dejar por un rato Netflix y el celular y reflexionar, no sólo sobre esta pandemia en particular, sino sobre nosotros, sobre cómo alcanza un segundo para borrar de un zarpazo todas las certezas y, sobre todo, para que empecemos a decidir qué vamos a valorar de ahora en más. Y ya que estamos, podríamos analizar también en qué y cómo deberíamos invertir de cara al futuro, tanto de manera personal, como colectiva.

Finalmente, queridos aislados, guardados y quietos, aprovechemos nuestras horas de ocio para fomentar, desplegar y amplificar toda la solidaridad, responsabilidad y agradecimiento del que seamos capaces. Aun entre cuatro paredes algo podremos hacer por el otro, una charla virtual puede ser un mundo para quien esta atravesando solo el aislamiento. No busquemos excusas para salir y violar la cuarentena. Y por sobre todas las cosas, no perdamos ninguna oportunidad de agradecer a todos los que están poniendo el pecho, que son muchos y les debemos un montón.

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