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Somos una especie vulnerable

Somos vulnerables, somos una especie vulnerable. La pandemia vino a recordarnos que no hay certezas, que la incertidumbre es parte de la vida.Llegó de repente y de un zarpazo anuló todas nuestras respuestas, todas nuestras previsibilidades. Nos dejó desnudos, sin futuro seguro, no podemos predecir nada de lo que vendrá y estamos desesperados.

Dudamos de todo y de todos, miramos lo que pasa en nuestro país, en los países vecinos, en el norte, del otro lado del Atlántico, buscamos señales en todos lados tratando de predecir qué pasará, buscamos algo que anticipe alguna pista confiable del futuro, una bola de cristal que mantenga a flote alguna certidumbre. En ese camino desconfiamos de los chinos, de los rusos, de los norteamericanos, de la OMS, de las estadísticas oficiales. Queremos alguna certeza, al menos una en medio de tanta angustia. Pero no hay, nadie sabe a ciencia cierta qué pasará.

Uno de los aspectos más insoportables de esta pandemia es precisamente su maleabilidad. No tiene límites, muta, es ambigua, no ofrece medida, no hay un final, ignoramos cuándo termina, si termina, cuándo tiempo permanecerá entre nosotros, si podremos dominarla, si reaparecerá con un nuevo brote, si podremos encontrar la vacuna. La pobre medicina corre intentando derrotar el virus, pero no tiene todas las respuestas, la ciencia hace ciencia, no magia.

Hablamos en términos bélicos, decimos que es una guerra, que estamos librando una batalla, que estamos en lucha, que esto ha sido una emboscada mundial, que estamos ganando la pelea, que si nos quedamos en casa vamos a derrotar el virus, que nos enfrentamos a un enemigo invisible, que esta contienda la ganamos entre todos. Hablamos de guerra porque sentimos que es la descripción que mejor se ajusta a la desesperación que nos provoca la incertidumbre de estar desnudos frente al futuro. No sabemos nada, no sabemos cuándo ni cómo va a terminar, no sabemos cómo será lo que viene, ni cuando vendrá. Por eso hablamos de guerra, porque como en la guerra, la única certeza es la ausencia de certezas.

Ahora sabemos que somos vulnerables, que todos somos vulnerables, que no podemos anticiparnos, que no podemos hacer frente y resistir a todos los peligros que como especie nos acechan. Hasta la llegada del Covid-19 asociábamos la vulnerabilidad a ciertos estados de indefensión como consecuencia de la pobreza, o de la pertenencia a determinados grupos sociales o grupos étnicos, hablábamos de personas desplazadas, o de refugiados, o marginados, o de personas con capacidades diferentes, o de aquellos que habían sufrido una catástrofe natural o estaban atrapados en medio de conflictos bélicos. Ahora sabemos que estábamos equivocados, ahora entendemos hasta qué punto somos una especie vulnerable.

Antes teorizábamos sobre la vulnerabilidad, antes la leíamos o la analizábamos desde la comodidad de nuestras certidumbres, desde el confort de nuestras certezas, desde el desahogo de nuestras seguridades. La pandemia nos arrebató esa posibilidad y nos obligó a cambiar la percepción que teníamos de la realidad a partir de la toma de conciencia de nuestras debilidades, de nuestra propia vulnerabilidad como condición inescindible de la vida.

Esta nueva realidad nos interpela, el gran interrogante, es si podremos asomarnos en la pospandemia desde una nueva perspectiva, si seremos capaces de aceptar nuestra debilidad como requisito y limitación y situarnos desde una nueva mirada frente a los universos que antes catalogábamos como vulnerables: la pobreza, la desigualdad, la marginalidad. O si simplemente optaremos por tratar de volver desesperada y rápidamente a nuestras antiguas certezas, a nuestros espejismos de seguridad.

Ahora sabemos que somos vulnerables, lo que no sabemos es si la enfermedad generará en nosotros otro tipo de lucidez, una forma distinta de mirarnos y encarar la vida. Ignoramos si tendremos la grandeza de transformar la enfermedad en una posibilidad de cambio y crecimiento, si aprovecharemos esta oportunidad para intentar repensarnos y actuar de otra manera desde una nueva conciencia de nuestra fragilidad. Es muy temprano para saber si hemos aprendido que somos una especie vulnerable o si optaremos por el camino del olvido, es muy temprano para saber si vamos a elegir hacer lo que debemos, si elegiremos seguir viviendo como hasta ahora o aprovecharemos el aprendizaje.

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