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Solo la solidaridad nos hará menos vulnerables

Jamás imaginamos que íbamos a enfrentar algo como el Covid-19, no estábamos preparados y no tenemos la más remota idea de cómo será el mundo de aquí en adelante, cuando superemos la pandemia.

Pensar que cuando hablábamos de amenazas masivas mirábamos el cielo, pensar que temíamos por la posibilidad que un asteroide nos alcanzara y se estrellara en la superficie de la tierra, pensar que discurríamos con las probabilidades estadísticas de ser víctimas o no, de una invasión extraterrestre. Pensar que cuando hablábamos de una amenaza para la humanidad, mirábamos para arriba, sin imaginar que para poder ver lo que nos amedrentaría íbamos a precisar un microscopio en vez de un telescopio. Jamás imaginamos que íbamos a enfrentar algo como el Covid-19, no estábamos preparados y no tenemos la más remota idea de cómo será el mundo de aquí en adelante, cuando superemos la pandemia.

Tenemos claro que nada será igual, que entraremos en una nueva etapa, porque inevitablemente nada de lo que fue, será. Pero no podemos avizorar aún cómo saldremos de la parva de dificultades que nos dejará el virus. El mundo ha enfrentado a lo largo de la historia muchas crisis globales, pero nunca una crisis de salud global como la que ha desencadenado el Covid, y mucho menos, el desequilibrio del desequilibrio que provocó y provocará en las economías y las sociedades mundiales esta enfermedad. No sabemos cuan profunda será la inestabilidad política que dejará como consecuencia de tanto cambio drástico, no podemos hacer futurología, no podemos anticipar lo que vendrá, sólo sabemos que será muy significativo.

Experiencias pasadas, que ni remotamente tuvieron las consecuencias humanitarias que tiene y tendrá el Covid-19, nos permiten saber que esta crisis, además de compleja y de gran alcance, amenazará los cimientos de las sociedades y de la economía global, porque aparte de poner en peligro millones de vidas, tendrá efectos graves en la economía del mundo, porque la actividad económica del planeta se ha estancado. Por eso los especialistas anticipan que la recesión global es inevitable, y que esa crisis económica, afectará más dramáticamente a los países más pobres y vulnerables.

No podemos predecir el final, sólo vislumbrar que a las cifras de muertos, a las inestabilidades en los sistemas de salud, tendremos que sumar las consecuencias económicas de largo alcance. La historia nos enseña que las evaluaciones previas de las consecuencias suelen ser desacertadas, pero la experiencia realista también es una gran maestra, muy aleccionadora, y esta materia, la de las grandes conmociones, ya la hemos rendido varias veces. Sabemos de sobra que nos tenemos que preparar como humanidad para la crisis, probablemente, para la madre de todas las crisis.

Todo lo que hagamos, si aprendimos la lección, tendremos que engendrarlo sin perder de vista que es fundamental garantizar la estabilidad, eficiencia y capacidad operativa de los sistemas de salud. Cabe suponer que a esta altura tendremos claro que la salud pública es un bien público básico y un factor crítico en la seguridad estratégica de cualquier nación. Evidentemente, después del Covid y sus consecuencias, ningún gobierno osará poner en tela de juicio el valor de la investigación científica, ni la necesidad de reforzar constantemente los sistemas sanitarios.

La pandemia es la primera crisis del siglo XXI que realmente afecta a toda la humanidad, sin distinciones de países ricos, pobres o pobrísimos. Fue para todos y fue una enfermedad muy solidaria, nos recordó que todos los humanos compartimos la misma casa y que, si no nos salvábamos todos, no se salvaba nadie. La salud de todos, depende de todos. Acá el sálvese quien pueda es inútil, nadie puede. Por ende, la humanidad está obligada a la cooperación y la coordinación, a la solidaridad multilateral y cuánto más rápido se aboquen al trabajo mancomunado, más rápido lograremos superar el avance del virus.

No tenemos la más remota idea de cómo será el mundo de aquí en adelante, cuando superemos la pandemia, sólo sabemos con absoluta certeza que lo que viene no es nada halagüeño. Sabemos además, si y solo si aprendimos la lección, que la única manera de evitar un desastre más profundo es entrar al nuevo mundo que nos espera después del Covid-19, cooperando solidariamente unos con otros. Si somos inteligentes, tendremos la única certeza en medio de tantas incertezas: sólo la solidaridad nos hará menos vulnerables.

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