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Un nuevo equilibrio

Estamos cerca de la mitad del 2021 y, como sabíamos antes que comenzara a desandar el camino este nuevo almanaque, han sido meses muy difíciles en materia económica.

La palabra más complicada de conciliar con la realidad durante el último año ha sido EQUILIBRIO. Encontrar el equilibrio entre salud y economía en un contexto en el que lo único seguro es la incertidumbre, ha sido y sigue siendo, sumamente complicado. El objetivo mayor, el que está por encima de todo, es el de salvar la mayor cantidad de vidas. El problema es cómo armonizar ese objetivo con el de provocar la menor disrupción económica posible, como encontrar el punto de mayor simetría, la proporcionalidad más sensata.

Estamos cerca de la mitad del 2021 y, como sabíamos antes que comenzara a desandar el camino este nuevo almanaque, han sido meses muy difíciles en materia económica, pero ha sido la cuestión sanitaria la que realmente ha definido el accionar y las decisiones de las políticas públicas. Nos enfrentamos a un escenario muy complicado, no sólo nosotros, el mundo se enfrenta al mismo dilema: cómo equilibrar la salud pública y la economía y hacerlo en un contexto desconocido, porque nada de lo que se decida y se ponga en marcha ha sido testeado jamás, esta claro que esta es una circunstancia inédita, surcamos tierras desconocidas.

También es cierto que estimábamos un discurrir más amable a esta altura de la pandemia. Tal vez por exceso de optimismo, o por una necesidad de abrazarnos a la esperanza, suponíamos que la campaña de vacunación, que no se ha interrumpido, entrando el invierno iba a tener un grado de evolución mayor al que tiene. También imaginábamos que, a esta altura del tránsito del virus, podría haber otras medidas, además del aislamiento preventivo, sobre todo para las pymes, los trabajadores autónomos y los trabajadores informales, para los cuáles claramente no es lo mismo un día más o un día menos sin trabajar. No es lo mismo tener a fin de mes un salario seguro, que tener que salir a rajar “los tamangos buscando ese mango que te haga morfar”, como bien decía el Yira yira de Enrique Santos Discépolo.

Hay, por ende, dos temas cruciales en este endeble balanceo en pos de nivelar de manera estable las piezas de esta dura realidad: el sistema sanitario, que está al límite, con el personal agobiado y poco o nada de resto. Y la economía, en la que miles de empresas y trabajadores corren contra un inexorable reloj para tratar de morigerar las consecuencias de la brutal recesión y seguir trabajando aun en las peores condiciones, ellos tampoco tienen casi resto, también están al límite.

La difícil tarea de las autoridades es compatibilizar ambas, buscar el equilibrio entre salud y economía es muy complicado, simplemente porque estamos en el récord de ocupación de camas, en el récord de fallecimientos por Coronavirus y en el momento de valores de contagios más altos desde que comenzó la pandemia. Pero ni siquiera en este contexto, Argentina puede darse el lujo de tomar medidas sin mirar la economía, Argentina no puede darse el lujo de ahogar la economía, no hay manera que generemos los recursos suficientes para remontar una situación económica peor de la que tenemos.

Tal vez, como apuntan muchos sanitaristas desde distintos puntos del país, acelerar la campaña de vacunación, hacerla más eficiente y efectiva, lograr masificarla, resulte una buena medida para poder empezar a marchar hacia una situación de menor tensión sanitaria y social. Lo que ha ocurrido en varios lugares del país en la última semana, demuestra que gran parte de la ciudadanía piensa que tan imperioso como cuidar el sistema sanitario y la salud, es trabajar. Y mayoritariamente, aunque muchos lo expresen de manera inapropiada, lo que quieren es eso, trabajar para comer, para vivir, para sostener a sus familias. Es fundamental no olvidar que, aunque lo expresen mal o equivoquen el camino para exponer sus opiniones, tienen derecho a decir lo que piensan, a reclamar y hacer escuchar sus voces.

Está fuera de discusión que la disciplina social y el cumplimiento estricto de los protocolos y las medidas sanitarias es primordial para contrarrestar al virus, que en eso todos tenemos una cuota de responsabilidad ineludible, pero también es cierto que, garantizando el cumplimiento de esas medidas,

sería muy importante armonizar un nuevo EQUILIBRIO, necesitamos un nuevo punto de proporcionalidad y armonía entre el cuidado de la salud y de la economía.

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