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Sin triki triki, no debería haber bam bam

Sólo el 14,5% de los argentinos usa preservativos en todas sus relaciones sexuales, el 65% lo utiliza a veces y el 20,5%, nunca. Los datos surgen de un informe realizado por AHF Argentina y muestran cúanto hemos retrocedido, cómo, la falta de políticas públicas sobre la importancia del uso y la no aceptación plena de la Ley de Educación Sexual Integral, dificultan la toma de conciencia sobre el uso del condón, sobre todo en los adolescentes, que por ende inician su actividad sexual desprotegidos.

Los datos oficiales muestran las consecuencias, señalan cuánto hemos retrocedido. Según el último Boletín Epidemiológico de la Dirección de SIDA, ETS, Hepatitis y TBC de la Secretaría de Salud de la Nación, en los últimos años en Argentina, igual que en otros países en el mundo y en especial America Latina y el Caribe, ha aumentado la incidencia de las infecciones de transmisión sexual (ITS), con un claro predominio de la sífilis por sobre las otras.

Los especialistas no dudan que el problema de la distención en torno a las medidas preventivas y el aumento de las conductas de riesgo tienen, entre las varias aristas, una crucial: el hecho de que el VIH se volvió una infección crónica y ya no es una enfermedad mortal. Esto, sumado a la falta de campañas sobre la importancia del uso del preservativo y la resistencia de muchos sectores a la implementación de la ESI, son el cóctel perfecto de lo que no se debe hacer y estamos haciendo.

La última campaña nacional fue la del recordado “sin triki triki, no hay bam bam” y data de hace más de una década. Era simple, directa, ponía por primera ver el preservativo en manos de la mujer instándola a tomar la iniciativa, usaba el baile, la música y rompía además con el estereotipo del tono serio y gravoso para llevar un mensaje fuera de lo habitual en este tipo de acciones. Fue la última campaña y marcó un récord en cuanto al nivel de recordación y clara comunicación del mensaje que quería transmitir. También generó bastante polémica, hecho que en definitiva, potenció el resultado.

El problema es que “sin triki triki, no hay bam bam”, fue la última vez que se hizo en Argentina una campaña de prevención y en este tipo de acciones, la falta de continuidad implica que las generaciones siguientes no internalicen las pautas de cuidado y, como lo que no se nombra, no está, las pautas de prevención se relajan.

Las estadísticas reflejan claramente un descenso en la percepción del riesgo en torno a las relaciones sexuales, y esa falsa percepción genera conductas de riesgo que determinan el aumento de las infecciones de transmisión sexual. Esta claro que no importa si bajó mucho o poco el uso del preservativo, porque el objetivo es que se use cada vez más y no menos.

La inexistencia de políticas públicas provoca desinformación. Las explicaciones de los jóvenes respecto al no uso del preservativo incluyen respuestas como: en el sexo oral no hace falta, confío en mi pareja, se pierde sensibilidad, enfría el acto sexual, hace perder la erección, mi pareja no lo quiere usar, entre otras. La inexistencia de políticas públicas además de provocar desinformación deja la salud reproductiva en manos de los jóvenes, cuando en realidad debería ofrecerles herramientas accesibles, correctas y siempre disponibles para que sepan claramente qué deben hacer y cómo deben hacerlo.

La toma de conciencia sobre el uso del preservativo es fundamental, el antiguo, conocido y en este caso bien pondoerado “forro” sigue siendo el método más eficaz para reducir la transmisión de VIH y de otras infecciones sexuales como la gonorrea, la clamidia, las hepatitis virales, la sífilis, el herpes genital o el Virus del Papiloma Humano (VPH) y el virus Zika. Nuestros chicos tienen que saber y entender que siempre que haya penetración, oral, anal o vaginal, hay riesgo de transmisión en diversos grados, pero que el uso de preservativo reduce cualquier posibilidad al 0%.

Sabiendo que apenas el 14,5% usa siempre preservativo, que el 65% lo hace a veces y el 20,5% nunca, sabiendo que son más de 120 mil los argentinos que tienen VIH y que la incidencia de la sífilis ha aumentado, quedarse de brazos cruzados mirando las estadísticas no debería ser una opción.

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