Editoriales | Jubilaciones de privilegio

Sin excepciones y sin privilegios

Por definición, las excepciones son injustas, implican que alguien obtiene una ventaja o se beneficia a costa de que otro no lo haga, a costa de que otros pierdan.

Las excepciones implican privilegios para unos en detrimento de los que quedan afuera. Significan ignorar una regla, un principio, una pauta, un convenio, una norma, una obligación, un deber. No hay excepción que no vulnere los derechos de los que no se benefician, de los que excluye, por eso las excepciones son tan odiosas, porque establecen diferencias que inevitablemente separan.

Los privilegiados son los ‘elegidos’, los ‘preferidos’, los otros son los ignorados, no califican y lamentablemente en nuestra querida Argentina, somos muchos más los que no calificamos que los privilegiados.

En el caso de las jubilaciones, los exceptuados son los integrantes del Poder Judicial y del cuerpo diplomático, son los que embolsan las jubilaciones más altas del país y son además los que quedaron al margen del sacrificio que nos pidieron a todos los argentinos para salir de la emergencia económica y social en la que estamos.

El Presidente tomó la decisión de ampliar las sesiones extraordinarias del Congreso y enviar un proyecto de ley para terminar con las jubilaciones de privilegio, pero primero dijo que lo haría antes de que terminara el 2019 y ahora sabemos que, con suerte, el proyecto podría tratarse en enero o tal vez febrero. ¿Será?.

Como decía el general, “la única verdad es la realidad” y la realidad es que por ahora el mismo Congreso que nos pide un esfuerzo optó por excluir a esos regímenes especiales de la suspensión por 180 días de la fórmula de actualización previsional.

Es decir que accedió a que los haberes de jueces y diplomáticos sigan actualizándose por el índice instrumentado en 2017 ligado principalmente a la evolución de la inflación, mientras todos nosotros la vemos pasar y hacemos el sacrificio que se suponía haríamos todos y no sólo algunos todos.

Eso sí, lo están analizando, porque como recordarán, el mismo proyecto que los exceptúa, dispuso la creación de una comisión que va a estudiar de manera separada el índice de actualización de los privilegiados.

¿Sabe a cuánto asciende una jubilación promedio de un embajador? A la friolera de 300.000 pesos, y es un dato que reveló el mismísimo jefe de Gabinete de la Nación, Santiago Cafiero. ¿Sabe cuándo surgen las jubilaciones de privilegio? Con la Ley 24.018 promulgada en diciembre de 1991 y actualizada mediante un decreto en noviembre de 2002, cuyo texto comprende asignaciones mensuales vitalicias para el Presidente, Vicepresidente de la Nación, jueces de la Corte Suprema, magistrados y funcionarios del Poder Judicial, el Ministerio Público y diplomáticos.

¿Sabe quién dijo algo hasta acá? Nadie, todos se hicieron los distraídos. Es más, los posibles ‘damnificados’ en caso de que se modifique el régimen previsional, anticiparon que podrían generar una seguidilla de demandas por sentir que se conculcan sus derechos adquiridos.

O sea, sobre llovido, mojado, en el mundo del revés en el que vivimos tenemos ‘privilegiados’ que pueden sentirse despojados, damnificados, vulnerados, perjudicados. Siga sumando, porque en nuestro país también es disparatado el costo que implica cada legislador, el peso de la política en nuestro Presupuesto Nacional excede con creces al de muchos países con población similar.

A igual proporción, nosotros le sacamos unos cuantos campos de ventaja. Hace rato que estamos en crisis, pero nosotros, porque la malaria general no roza al Congreso donde hay senadores, como el caso de Roberto Basualdo y Luis Naidenoff, que, pese a las dificultades, pueden tener montada una Pyme en sus despachos, cuentan con equipos integrados por unos 60 empleados, hay muchos otros que incluso combaten la crisis montando Pymes familiares, un lujo más entre los tantos que permite el mundillo político.

Por eso, el gesto de congelar por 180 días las remuneraciones mensuales que reciben tanto diputados y senadores como las autoridades superiores y el personal político del Congreso, era un gesto mínimo, indispensable para evitar un grotesco insostenible, pero absolutamente insuficiente en este contexto.

Y no nos vengan a decir que no era necesario porque el gasto de la política representa una ínfima parte del Presupuesto, porque sin importar lo que implique, no tienen derecho a despilfarrar el dinero de los argentinos. Y además es simbólico, no puede ser que legislen un ajuste y discurseen sobre la necesidad de bajar los gastos o den cátedra de empalizar con los más necesitados cuando ganan y gastan fortunas y no están dispuestos a ningún sacrificio.

Necesitamos un país sin excepciones y sin privilegios, con más hechos y menos palabras y, sobre todo, con muchos más dispuestos a educar con el ejemplo.

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