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Si lo consigue, Arroyo cambiará la historia

Según los datos aportados por el ministro de Desarrollo Social de la Nación, 11 millones de argentinos dependen de algún tipo de asistencia alimentaria para subsistir. Para que quede claro, si no reciben el plan social del que son beneficiarios, no comen. El gobierno sabe, porque así lo ha expresado Daniel Arroyo, que esta es una situación insostenible por muchos motivos, de los cuáles, el que más debería pesar, es el de la dignidad de las personas que reciben este tipo de asistencia, un gran porcentaje incluso, de manera crónica.

Todos deberíamos poder ganar nuestro propio sustento, el trabajo dignifica. Como explicó hace tiempo el Nobel de Economía Eric Maskin, “los programas sociales pueden proteger de los efectos de la pobreza extrema pero este efecto es de corto plazo, no va a reducir el problema a largo plazo”. El objetivo de todo plan social debería ser apuntalar al beneficiario hasta eliminar la necesidad de la ayuda.

Arroyo, cada vez que tiene oportunidad, dice que la intención del Gobierno es generar “políticas para dar vuelta la situación”, que su objetivo es que las medidas de asistencia sean transitorias. “Mi tarea es vincular planes sociales con trabajo” asegura el funcionario, quien además sostiene que para que eso sea posible es menester articular con el sector privado. Es imposible no estar de acuerdo con las intenciones del ministro, imposible no apoyar su propósito y acompañar su gestión, sobre todo considerando que el año próximo será clave para encaminar la situación dramática que atraviesa nuestro país, en la que uno de los grandes temas es precisamente la cantidad de argentinos sumidos en la pobreza y la indigencia, dependientes de la ayuda del Estado para llevar un plato de comida a la mesa.

Si no revertimos esto, seremos un país inviable. La reinserción de miles en el mundo laboral, en la cadena productiva, es fundamental. La gente tiene que tener los medios para ganarse su propio sustento sin depender de nada ni nadie, los programas sociales pueden ayudar, pero cuando son para siempre, dejan de ser ayuda y pasan a ser una condena, que además de arrebatar la dignidad, estigmatizan y estancan.

El viejo “llevar el pan a la mesa” de nuestros abuelos, cobra vida en este contexto, porque aunque parezca al revés, el asistencialismo condena a una vida sin expectativas. Como dice el padre Pedro Opeka, un argentino propuesto varias veces al Premio Nobel por la Paz por su noble trabajo con los necesitados en Madagascar, un país con pobreza extrema: “el asistencialismo nunca ayudó a poner de pie a un pueblo”. El sacerdote, de gran experiencia en la temática, asegura que “no debemos asistir, porque cuando lo hacemos, disminuyendo a la gente, los convertimos en dependientes, casi en esclavos”.

Para evitar la cronificación, como dice Arroyo, hay que dar vuelta la situación, hay que lograr que las asistencias sean transitorias y revincular los beneficiarios de los planes sociales con el trabajo, y para que eso sea posible, para arrancar de la pobreza a miles de argentinos, es necesario trabajar en la capacitación laboral, educar. El que no tiene capacitación queda doblemente marginado, relegado por su situación, porque a la hora de ganarse el sustento, tendrá muchas menos posibilidades para conseguir un trabajo o prodigarse una actividad para sostener a su familia.

El ministro Arroyo asegura que el espíritu es salir de los planes sociales que fueron concebidos como “una solución temporal a una crisis y terminaron siendo crónicos”. Sabe y pone de manifiesto que esas ayudas estigmatizan a los beneficiarios y por sobre todo, que el trabajo dignifica, por lo que la mejor ayudar es contribuir a reinsertar en el mundo productivo a todos los compatriotas que hoy transitan una vida sin expectativas.

El 2021 es el año en el que el titular de Desarrollo Social quiere poner en marcha el cambio de planes sociales por trabajo. Si Arroyo lo consigue, comenzará a desandar el camino virtuoso de cambiar un añejo paradigma de nuestro país. Si lo consigue, Arroyo logrará dignificar la vida de millones de argentinos. Si lo consigue, Arroyo cambiará la historia.

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