Editoriales | Desnutrición en Salta | Pobreza

Salta la fea

Salta la fea, Salta la postergada, Salta la despojada, Salta la ninguneada, Salta la diezmada, Salta la olvidada.

Chiquitito, perdido en la maraña de noticias “destacadas”, casi insignificante, apareció el título en algunos diarios: “Salta: murió otra nena wichí por desnutrición”. No hay que entrar a la nota para saber exactamente lo que va a decir: cuadro crítico de vómitos, diarrea y deshidratación, tenía una enfermedad de base, desnutrición crónica.

La pobreza extrema sigue devastando a las poblaciones wichís en el norte, lo que hicieron y lo que están haciendo es absolutamente insuficiente, deficiente e incompleto. No alcanza y no va a alcanzar y mientras eso suceda, chiquitito, perdido en la maraña de noticias “destacadas”, vamos a seguir contando niños y niñas wichís muertos.

Ya sabemos que falta agua, que atraviesan una gran sequía, que se declaró la emergencia sociosanitaria, que la provincia firmó un convenio con Nación para adelantar la entrega de 65 mil tarjetas Alimentar y de módulos alimentarios con productos básicos, que se acerca a zonas vulnerables agua potable, que el Ejército se ocupa de instalar una planta potabilizadora y se van a abrir 100 cisternas para recolección de agua de lluvia. Ya sabemos, ya leímos, ya escuchamos, ya vimos, pero no alcanza. Siguen muriendo niños, entonces, no alcanza.

Esto no es nuevo, no pasa desde ayer, esto sucede año tras año en Salta. Si los sucesivos gobiernos democráticos realmente hubiesen abordado el problema, otra sería la historia. Si realmente se hubiesen ocupado no sería necesario escudarse en sequías, inundaciones y otros imponderables, que además no son tales. Si disponés de un solo médico para atender a más de 6.000 personas desperdigadas en parajes desolados, si ese médico se desplaza en bicicleta, con una mochila al hombro recogiendo información sobre peso, talla, vacunación y enfermedades de los grupos familiares en una ficha hecha a mano, si tenés zonas completas sin agentes sanitarios a cargo, si cuando tenés casos graves los derivás al hospital de Tartagal y hay que recorrer 300 kilómetros con chiquitos en peligro, ¿de qué imponderable hablás? ¿Qué otro resultado que lo que está ocurriendo es posible y esperable? ¿Esto es nuevo, empezó a ocurrir ayer? No jodamos más, que con esto no se jode.

El gobernador Gustavo Sáenz asumió hace apenas dos meses, es cierto, pero su antecesor, Juan Manuel Urtubey, estuvo 12 años en el cargo y lo hemos visto ocupando buena parte de su tiempo en promocionar su candidatura presidencial, en medio de mucho chichoneo social y fotos estudiadas de familia feliz y antes estuvo Romero, que también ocupó mucho de su tiempo en hablar maravillas de la riqueza salteña, promocionando la provincia como un polo turístico inigualable, mientras las noticias de niños muertos por hambre quedaban en segundo plano. No se puede culpar a Sáenz por lo que hicieron sus antecesores, pero no podemos perdonarlo si no coloca esta gravísima problemática como la prioridad número uno de su gestión.

El ministro de Desarrollo de Nación, Daniel Arroyo, visitó Salta y dejó un equipo de trabajo admitiendo que “la situación sociosanitaria en el norte de Salta es muy crítica”, dejando claro que entendía la prioridad, pero que las soluciones a largo plazo deberán esperar.

Mire ministro, no se le puede achacar que no se haya ocupado, hizo en dos meses mucho más que sus predecesores en años, pero nada en Salta puede esperar, nada. La falta de agua es en todo el Chaco salteño una deuda de años, y que esas poblaciones y parajes desolados cuenten con agua es una cuestión de vida o muerte, por ende, está muy bien lo que hizo, pero tiene que hacer más, debe hacer más y acá no puede mediar ni tiempo ni burocracia, porque mientras tanto, los chiquitos wichís siguen muriendo.

Pase a la historia ministro, gánese un lugar en la galería de los que serán recordados por siempre, haga que esa pobreza estructural, que los indicadores sanitarios y sociales de las comunidades del norte cedan en su categorización de ser siempre los más postergados. No queremos ni una muerte más ministro, gánese un lugar en la historia y haga que Salta deje de ser Salta la fea, Salta la postergada, Salta la despojada, Salta la ninguneada, Salta la diezmada, Salta la olvidada.

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