LA PROVINCIA | barbijos | Cuarentena | invierno

Resurgieron los tejidos: Como lo hace mi abuela...

Ojalá no quede en lo anecdótico, cuando todo este pase, sino que el regreso de algunas costumbres de tiempos idos, deseamos que se queden definitivamente entre nosotros.

Ojalá no quede en lo anecdótico, cuando todo este pase, sino que el regreso de algunas costumbres de tiempos idos, deseamos que se queden definitivamente entre nosotros.

En notas anteriores y tal vez en la intención de ver el medio vaso lleno, hemos destacado actividades o rubros laborales que en esta extensa cuarentena han tenido un resurgimiento o un crecimiento que llama la atención, ya que la constante en diferentes sectores de la vida económica local o regional es de una malaria total.

En esas publicaciones nos referimos al trabajo de las vidrierías con la instalación de cobertores, la demanda de artículos de limpieza, la fabricación de barbijos y también lo que tiene que ver con la intensa tarea de los correos privados.

Pero la lista no termina ahí sino que hay otros rubros que, en esta época del año (otoño-invierno), suelen tener más demanda de su clientela, pero sumado a las restricciones de la cuarentena, recibieron un plus notable.

En este caso nos referimos a la venta de hilados y lanerías que se incrementaron con la concurrencia de la clientela habitual pero también la que recuperó la costumbre por tejer o el encierro -sinónimo del aburrimiento- llevó a muchos a buscar alternativas y encontrándola en el tejido, algo más que un entretenimiento.

Dialogando como referentes del sector, como es el caso de Mirta Vigna, que hace años tomó la posta de la lanería que creó su suegra hace más de seis décadas, reconoció que “lo que está pasando ahora con el negocio es particular”. “En tanto tiempo uno pasó por diferentes etapas –dijo-pero lo que generó la cuarentena es algo único, que comercialmente debo reconocer que me pongo muy contenta”.

Dando ejemplos, “es muy emotivo ver llegar al negocio, acompañando a su madre o mandada por su abuela, a chiquitas de no más de 10 años que quieren comprar su ovillo o madeja para empezar a aprender a tejer”. “Incluso –agregó- ya han venido a mostrarme algunos trabajos que iniciaron y lo hacen muy bien, con mucha capacidad”.

“También están las que habían abandonado algunos tejidos a mitad de camino y ahora se decidieron a terminarlos”, acotó Mirta.

“Pero lo llamativo no es sólo la cantidad de gente que viene, sino esa nueva clientela que decididamente no tienen ni idea como se teje a crochet o dos agujas y buscan el primer concejo aquí para después manejarse con los tutoriales de internet y arrancan con todo”.

El incremento en las ventas, como ocurrió en otros rubros, ha llevado a que la demanda provoque desabastecimiento, ya que hasta hace pocos días atrás las fábricas de hilados estaban cerradas. Pero volviendo al caso de Mirta, la voz de la experiencia, ella asegura que siempre tuvo la precaución de mantener un gran stock de lana nacional e importada, “aunque de esta última olvídate que en el futuro podamos seguir abasteciéndonos por la devaluación de nuestra moneda”, indicó la experimentada vendedora.

En cuanto a la búsqueda de material de parte de la variada clientela, Mirta comentó que en los que se han iniciado o retomado la actividad buscan “ovillos chicos”. “Acá armamos unos de 20 gramos que para nosotros es un trabajo que lleva tiempo, pero es el que la gente lleva sin gastar tanto y arrancar con las labores”.

Consultándola sobre la forma de tejer que predomina: crochet o dos agujas, opinó que “hay de todo”. “Lo que más están haciendo es crochet, como también hay gente que se está animando al telar. Pero el crochet es el preferido, más en las que se están iniciando en esta etapa de cuarentena”.

“En mi caso me gusta más a dos agujas, porque en definitiva es la que me enseñaron mis padres, pero las dos opciones da para aprender a hacer infinidad de puntos, incluso están las que inventan puntos en un tejido, de hecho hay un libro viejo que yo tengo el de “los mil puntos”, recordó.

“Pero hoy la tecnología es de gran ayuda, donde los tutoriales te explican paso a paso como hacer un tejido, igual el consejo de la abuela es siempre el más recomendable”, acotó Mirta, reconocida vendedora de hilados en la ciudad.

Finalmente la consulta fue si esta actividad sigue siendo monopolizada por las mujeres, la respuesta fue “son mayoría”. “Pero a mi me vienen a comprar muchachos que, por la forma que preguntan sobre lo que quieren, es que saben de tema. Se ve que lo que compran lo llevan para ellos y me parece bárbaro. ¡Que teja todo el mundo!” deseó Mirta en el final, reclamando también más horas de permiso para atender al público.

Dejá tu comentario