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Repudiable, pero legítima

El enojo, la bronca y la indignación de muchos sectores es palpable desde hace tiempo. Los incidentes de Lago Puelo no hacen más que confirmar lo que se veía venir, cuando se acumulan las disconformidades, en algún momento las cosas eclosionan.

El enojo, la bronca y la indignación de muchos sectores es palpable desde hace tiempo. Los incidentes de Lago Puelo no hacen más que confirmar lo que se veía venir, cuando se acumulan las disconformidades, en algún momento las cosas eclosionan. Sin embargo, aun comprendiendo que lo que ocurrió fue producto de la irritación y el hartazgo, lo que sucedió jamás debió haber pasado, la investidura presidencial está más allá de cualquier enojo, más allá de quién ocupe el cargo.

La investidura presidencial merece respeto y consideración, sea quién sea el Presidente, estemos o no de acuerdo con su pensamiento o su accionar.

Ningún acto agresivo, ningún ataque, ningún incidente es admisible, y debe ser repudiado enérgicamente por todo el arco político, por propios y ajenos, para que no queden dudas. Hay casos, como este, en los que el silencio, lejos de ser salud como señalaba el viejo refrán, es complicidad. Simplemente porque el presidente Alberto Fernández, como presidente de nuestra nación, no forma parte de ninguna fuerza política, es el presidente de los argentinos, y por ende cuando lo atacan, atacan a la figura de mayor prominencia política del país, nos atacan a todos.

Que el horno no está para bollos no es ninguna novedad, que hay muchos argentinos atravesando situaciones críticas, que muchísimos no dan más, que son millones los que no pueden pensar en otra cosa que en cómo van a pasar el día a día, en qué van a darle de comer a sus hijos, que son millones los que tienen como prioridad sólo las necesidades básicas, mínimas, es más que sabido. Tanto, como que esos millones algún día se cansan de vivir empobrecidos, que siente que ya no les importa nada y que vale todo y salen a hacer justicia por mano propia, a descargar toda esa bronca, a romper todo. Pero ese no es el camino, ni siquiera considerando la situación es justificable que las víctimas se transformen en victimarios.

Lo que pasó en Lago Puelo es inadmisible y no tiene que volver a pasar. La contracara de ese hecho repudiable es que el Presidente y su comitiva, tuvieron la posibilidad de ver en primera fila, la ira y la indignación, pudieron sentir en vivo y en directo el nivel del enojo social que tienen algunos sectores, pudieron ver que los relatos y las culpas hacia atrás son insuficientes para conformar a los que están sufriendo, pudieron palpar hasta qué punto se eleva el clamor por las soluciones.

Pudieron ver también lo que sucede cuando los problemas de la gente no forman parte de la agenda.

Hay dos versiones sobre las motivaciones de los manifestantes: una afirma que se trataría de un reclamo contra el proyecto de minería del gobierno provincial de Mariano Arcioni, y la otra, que los pobladores de la zona consideran que el gobierno nacional estaría avalando los reclamos y la metodología de ciertos sectores mapuches que en los últimos tiempos han protagonizado muchos actos violentos. Una u otra, o ambas, si prefiere, ni en singular ni en plural, pueden justificar ni legitimar las agresiones al Presidente.

“La violencia que algunos pocos han demostrado en ocasión de mi visita a Lago Puelo, no acompaña esa vocación que nos impulsa. Estoy seguro que esa violencia tampoco es compartida por el pueblo chubutense y por quienes habitan nuestra querida Argentina”, publicó el presidente en Twitter. Y más tarde agradeció los mensajes de apoyo: “Agradezco los mensajes de solidaridad recibidos. Ellos prueban la soledad en la se expresan los violentos. En lo que a mi respecta, sepa cada vecino y vecina de la Comarca Andina que estoy a su lado sin condiciones para poder superar cuanto antes este momento tan ingrato”. Un mensaje correcto hasta el agradecimiento por la solidaridad que recibió, pero incorrecto al minimizar el incidente y hablarle a los vecinos de la Comarca Andina, omitiendo que los que le reclamaron también lo eran y por algo estaban ahí.

Nada justifica lo que ocurrió, es repudiable, inadmisible e inaceptable, pero no es buena señal descalificar lo que esa indignación ciudadana quiso expresar mediante la agresión y la protesta. Haberse equivocado no los convierte en parias, siguen siendo vecinos, y una actitud de grandeza del Presidente, hubiese sido que, condenando el hecho, hubiese dicho que entendió que esa indignación expresaba una disconformidad, mal exteriorizada, pero legítima.

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