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Repensarnos

La crisis provocada por el Covid-19 está sacudiendo todas las estructuras del planeta, se han producido grandes cambios y los que aún no se han materializado, están en camino. Veremos transformaciones impensadas, porque lo bueno de este trance traumático es que nos ha dotado de tiempo para frenar y repensar un montón de aspectos de nuestros modos de vida. Ejemplo de esto, es el documento elaborado por académicos de todo el mundo en el que hablan sobre la necesidad de democratizar las empresas y desmercantilizar el trabajo. Proponen una mejor representación de los trabajadores, una Garantía de empleo y que el trabajo no sea una mera mercancía. Exigencias todas que pueden parecer lejanas y ajenas pero que no lo son y que, a la luz de lo que está dejando la pandemia, son perfectamente exigibles.

El manifiesto conjunto, está firmado por representantes de las mejores unidades académicas del mundo, como las Universidades de Harvard, Paris, Groningen, Bard College, Yale, Brussels, entre otras. Y también cuenta entre quienes lo rubrican, con representantes argentinos, como Roberto Gargarella, Julián Ortega y Cynthia Srnec de la Universidad de Buenos Aires y Pablo Fernández y Alberto Willo de IAE Business School, de la Universidad Austral.

Lo que los académicos reflejan en el documento, es que esta crisis nos tiene que haber enseñado que la lógica de la rentabilidad no puede ser el árbitro indiscutido, el amo y señor que decide todo, que esta crisis nos tiene que dejar un aprendizaje y ese aprendizaje tiene que tener como norte la democratización, la desmercantilización del trabajo. Los seres humanos no pueden ser reducidos a meros recursos, expresan, el trabajo en sí no puede ser considerado una mercancía.

Ahora, bien, cómo podemos hacer, según los académicos, para modificar los conceptos que rigen actualmente nuestro mundo laboral. Hay que democratizar las empresas y hay que garantizar empleo útil para todos los trabajadores. “Estas dos transformaciones estratégicas nos permitirían no solo garantizar la dignidad de cada persona, sino también actuar colectivamente para descontaminar y salvar el planeta”, aseguran.

Explican que la pandemia ha demostrado tanto la dignidad del trabajo como la ausencia de la banalidad en las funciones de los trabajadores, que las miles y miles de personas dispuestas a movilizar, aún confinados, lo que está al alcance de sus posibilidades, para mantener la actividad de sus organizaciones, demuestra de manera masiva que los empresarios no necesitan tener a la vista a sus trabajadores para garantizar que cumplan sus tareas, que los trabajadores son “parte interesada” de la empresa y que sin ellos no hay empresa posible, los trabajadores constituyen la empresa, pese a lo cual “se les niega el derecho a participar en el gobierno empresarial, monopolizado por quienes aportan el capital”.

Atento a lo anterior, el manifiesto conjunto, enuncia la necesaria participación de los trabajadores en la toma de decisiones empresariales a través de cámaras o consejos que los representen, aclarando que hay naciones como Alemania, Países Bajos y los países escandinavos, que después de la Segunda Guerra Mundial implementaron formas de cogestión o codecisión en sus empresas, lo que los coloca a la delantera, aunque no lograron gestar una verdadera ciudadanía dentro de las compañías, por lo que aún están a mitad de camino.

La pandemia nos demostró que hay decisiones colectivas que son tan vitales, que no pueden de ninguna manera volver a quedar en manos del mercado. Vimos países padeciendo las consecuencias de la insuficiencia de sus equipos de emergencia, del desabastecimiento de materiales, vimos sistemas de salud colapsar ante el Covid-19, vimos ni más ni menos que los estragos de sociedades atadas a la lógica de la rentabilidad. Si no lo sabíamos, ahora sabemos cuáles son las consecuencias, por eso mismo, esta crisis tiene que habernos enseñado algo.

Democratizar las empresas y desmercantilizar el trabajo, dos objetivos necesarios para impulsar una transformación vital. El documento, firmado por académicos de todo el mundo, nos insta a repensarnos y, sobre todo, a actuar para gestar los cambios que los trabajadores del mundo humanitariamente nos merecemos.

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