Editoriales | Reciclaje

Reducir, reutilizar y reciclar

En lo que hace al cuidado del medio ambiente y nuestros recursos naturales, los argentinos desaprobamos antes de rendir el examen. Los que estudian y entienden del tema aseguran que a esta altura reciclar no es suficiente, porque sólo se recupera una mínima parte de lo que utilizamos, hay que bregar también por reutilizar y reducir drásticamente el consumo.

Nosotros no estamos cumpliendo ni siquiera el primer paso de ese proceso, no tenemos políticas públicas que propicien el tratamiento responsable de los deshechos que producimos, no tenemos campañas de concientización que alienten el cambio de hábitos de consumo y tampoco propiciamos la denominada economía circular basada en reducir, reutilizar y reciclar.

Los pocos estudios disponibles, indican que 4 de cada 10 argentinos no recicla nada, aunque la mayoría asegura que le gustaría reciclar pero no lo hace por desconocimiento, por falta de tiempo o de infraestructura. Lo mismo señalan los entrevistados cuando se les consulta por la separación domiciliaria, dicen estar dispuestos a hacerla, pero indican que no la practican simplemente porque no tendría sentido, ya que finalmente todo va al mismo lugar.

Reducir, reutilizar y reciclar no solo protege el medio ambiente, también ahorra energía, recursos naturales, disminuye la contaminación y por ende el daño a los ecosistemas, reduce el volumen de residuos que hay que eliminar, entre otros beneficios. Pero para reducir, reutilizar y reciclar, necesitamos políticas públicas y conciencia ciudadana sobre la importancia de estos beneficios.

Está claro que los ciudadanos tenemos que hacer la tarea cotidiana en nuestras casas, pero los esfuerzos individuales aislados resultan inocuos, este es un tema que no depende de la responsabilidad de la ciudadanía, la necesita, pero no puede partir de la buena voluntad cívica, es necesario el acompañamiento legislativo y la decisión gubernamental. A ellos les corresponde poner en marcha el proceso y también, y esto es fundamental, obligar a las empresas a actuar en consecuencia.

Está claro que el actual modelo de producción y gestión de recursos, bienes y servicios que, en definitiva, propicia el consumo a corto plazo, está llevando nuestro planeta a una situación insostenible. El sistema vigente va a contrapelo del ciclo de la naturaleza y choca contra el desarrollo sostenible y el largo plazo. Tan claro como que las grandes potencias se han hecho sistemáticamente las distraídas a la hora de abordar esta temática y eso nos está llevando a un problema cada vez mayor.

Aun así, nosotros podemos y debemos, desde nuestro país, nuestro lugar y hogar en el mundo, empezar a hacer algo tendiente al desarrollo de un modelo económico circular, en el que el sistema de aprovechamiento de recursos comience por minimizar la producción y reutilizar aquellos elementos que por sus propiedades no pueden volver al ambiente.

En Argentina no hay una política nacional en este sentido, sólo el esfuerzo solitario de algunas comunas ofician de punta de lanza en la temática, pero la proporción es tan pequeña que resulta insuficiente para marcar tendencia. Nuestra ciudad está trabajando en ese sentido, aún no de manera genérica, a través del programa referido a medio ambiente que desde hace años recorre las escuelas primarias de la mano de Cabildo XXI propiciado por el Concejo Deliberante, y desde la órbita municipal, a partir de la valiosa incorporación al staff de la ingeniera Melina Medús en el área de Ambiente y Desarrollo Sustentable.

Sin embargo, más allá de los intentos señeros y aislados, necesitamos un compromiso nacional en el que la educación y la toma de conciencia tendiente a cambiar radicalmente nuestro consumo, potenciar la reutilización y el aprovechamiento cabal de los recursos, sea genérica. Reducir, reutilizar y reciclar son palabras que, si nos interesan las generaciones venideras, si de verdad nos importan los hijos, de los hijos, de nuestros hijos, estamos obligados a incorporar ahora en nuestro vocabulario y sobre todo, en nuestros hábitos y, por supuesto, en nuestras vidas, todo lo demás, con independencias de las buenas intenciones, es insuficiente. De a uno no vamos a poder, cuidar el planeta es un problema y no es el problema de una comunidad, ni siquiera de un país, es de todos, pero tenemos que empezar y es ahora.

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