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La naturalización del contagio, un escape al escarnio público

Las plataformas digitales de comunicación se han convertido durante el aislamiento en la vía más práctica de acercamiento entre los ciudadanos de todo el país. Sin embargo, estas herramientas han sido utilizadas con malicia cuando el COVID-19 apenas arribó a la Argentina.

El 20 de marzo del corriente, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, dispuso en todo el país el aislamiento social, preventivo y obligatorio en todo el territorio nacional por el coronavirus. La medida, apresurada para algunos y justificada para otros, llegó como para instalarse como una fuerte herramienta preventiva.

Con los ojos puestos en Asia y Europa, el confinamiento fue la mejor vacuna que se halló entonces para evitar que el brote mundial golpee fuertemente a nuestro país con contagios masivos. Los reclamos de argentinos varados en numerosos puntos del globo, comenzaron a despertar en la población un debate que se mantuvo en las mesas de amigos y familias durante un extendido plazo.

¿Era conveniente dar lugar a los vuelos de repatriación para que los turistas regresen con sus familias, o había que evitar la llegada de posibles infectados? El Poder Ejecutivo no dudó y puso a disposición de todos los interesados distintos vuelos para la vuelta a casa. El prejuicio comenzó a tomar fuerza y los más conservadores no veían con buenos ojos esas posibilidades.

Habilitado el ingreso, 245 mil personas regresaron al país por distintas vías y muchos de ellos se cobijaron en el calor de sus viviendas en La Pampa. Acertada o no, el gobierno de la provincia de La Pampa tomó una determinación que trajo mucha tela que cortar: el 19 de marzo publicó un listado con las personas que regresaron a sus domicilios desde el exterior.

Las redes sociales empiezan en este punto a tomar un papel preponderante, ya que el listado con más de 160 vecinos de distintas localidades se esparció como reguero de pólvora. Otra vez, la división en la ciudadanía. Por una parte, estaban quienes sostenían se produciría una cacería entre vecinos y, por otra, estaban aquellos que creían necesario mantener a raya a los viajeros.

A sólo cuatro días del inicio del confinamiento nacional, el distrito gobernador por Sergio Ziliotto anotó su primer caso positivo de coronavirus. Rápidamente se tomaron las medidas necesarias para su recuperación y, tiempo después, el paciente santarroseño logró el alta médica que le permitiría volver a su domicilio.

A los siete días de abril, el Ministerio de Salud confirmó que en General Pico y con aislamiento estricto en su domicilio, se encontraba una persona positiva para COVID-19. Llegada desde Ecuador, la joven había estado en contacto con un contagiado y los síntomas, de a poco, se fueron manifestando en su cuerpo.

Crueldad

Aquellos que enarbolaron la bandera de la salud fueron los mismos que se mofaron de Jéssica Pintos. WhatsApp e Instagram se llenaron de cadenas e historias que la tuvieron en el centro de mira, dando lugar a un escarnio público innecesario, malicioso y sin fundamentos valederos.

El fiscal general Armando Agüero dispensó un gran tiempo para desentrañar ésta junto a otras maniobras que perseguían los mismos fines. Así se desarticularon numerosos grupos compuestos por más de 200 piquenses y pampeanos, que propagaban imágenes de la paciente acompañadas de comentarios sumamente desafortunados.

Los administradores fueron castigados penalmente y todos aquellos que difundían información falsa sobre la enfermedad, contagios o personas, también recibieron una pena por su desafortunado accionar.

Ya recuperada, la creyente joven dialogó con La Reforma sin rencores: “Yo dije, la pucha, el tener bronca contra ellos no es Jesús. Entonces dije, no. Pero somos humanos también, nos podemos enojar y tener muchas reacciones. Entonces fue el momento en que pensé: esto no va a hacer raíz en mi corazón. Mi corazón los va a amar, mi corazón los va a abrazar. Entendí que la gente se enojó tanto conmigo porque le tiene miedo a la muerte”, dijo.

Algo cambió

Tras 65 de una calma que cursaba el pueblo pampeano mientras “disfrutaba” de la fase de distanciamiento social obligatorio, un camionero realiquense dio positivo. Ni ello ni el contagio de la propietaria de una verdulería, fueron alertas suficientes para una ciudadanía que, de igual manera, infringía la ley con múltiples encuentros clandestinos.

El gobernador puso el grito en el cielo, pero no llegó a los oídos de todos. El brote en Catriló con nexo epidemiológico en Pellegrini, habría sido motivado por una circunstancia similar: “El virus no entró por un trabajador, fue por una fiesta clandestina”, aseguró Ziliotto.

El relajamiento fue tal en toda la provincia, que esta situación pareció por momentos hasta lejana. La red de contagios se abrió con celeridad y muchos se vieron afectados por el virus. Sin embargo, la utilización de las redes tuvo un giro de 180 grados y la comunicación con el resto de la población recibió gran aprobación, producto de su naturalización

La primera persona en manifestarse después del “boom” Catriló, fue un médico. Reconoció su contagio y pidió a todos los pacientes que en las últimas jornadas pasaron por su consultorio que se comuniquen a fin de establecer pautas de acción. Aunque se abrió nuevamente el debate, los detractores fueron los menos.

El mismo proceder tuvo una médica de Telén, quien tras conocer el resultado positivo de su hisopado se volcó a la plataforma Facebook para agradecer los mensajes de aliento y dar avisados a sus contactos estrechos que serían llamados por Epidemiología. Nuevamente, los más de 300 comentarios de la publicación, apoyaron su publicación.

General Pico tampoco fue la excepción y, en las últimas horas, una enfermera del Hospital Gobernador Centeno alertó a los suyos. Confirmó el resultado y solicitó, mediante la aplicación creada por Mark Zuckerberg, a aquellos que “merendaron, compartieron cena o almuerzo” con ella, que llame y se aisle. WhatsApp generó la onda expansiva y el mensaje recorrió miles de teléfonos.

Desde el Hospital Lucio Molas, en la capital provincial, una usuaria digital desplegó junto a todos sus amigos virtuales un pedido de colaboración que se hizo masivo. La necesidad de un donante de plasma fue compartido por más de 460 voluntades que se hicieron eco el pedido.

Otras historias similares fueron replicadas en los medios de comunicación y podrían enumerarse en esta nota. Sin embargo, algo ha quedado claro: la naturalización de la enfermedad y exposición de los casos, ha desplazado firmemente a los nefastos escraches públicos.

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