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Depende de nuestras intenciones

Las personas en internet pueden publicar casi cualquier cosa sin consecuencias, gracias a que el contenido que se comparte prácticamente no está regulado.

El problema no son las tecnologías, el problema somos los seres humanos. Las redes sociales, como casi todo en este mundo, pueden ser usadas para hacer el bien, o para hacer el mal, en el primer caso nos acercan, nos comunican, viabilizan gestos solidarios, promueven causas nobles o, todo lo contrario. El problema no son las redes en sí, sino el lado oscuro de muchos seres humanos que las usan para expresar y propagar contenidos malintencionados, muchas veces incluso desde el anonimato. Tan extendido y nocivo es el tema, que UNICEF, en conmemoración del Día Mundial de Internet, lanzó una campaña para sensibilizar y frenar los discursos de odio.

#LoSientoHater es el hashtag que identifica la iniciativa de la que participan referentes y activistas de todo el mundo. El propósito de UNICEF es hablar y concientizar sobre la problemática con el objetivo de buscar soluciones a través de herramientas y recursos que permitan la detección y prevención, para poder desarticular en las redes los efectos dañinos de estos mensajes perversos.

Las personas en internet pueden publicar casi cualquier cosa sin consecuencias, gracias a que el contenido que se comparte prácticamente no está regulado, motivo por el cuál le resulta muy fácil a los odiadores publicar una opinión sobre un hecho o una persona, sin ser cuestionado. Pueden inclusive divulgar falsedades, sin que tenga ninguna consecuencia. Pueden alentar conductas misóginas, xenófobas, antisemitas, gordofóbicas, homofóbicas o cualquier otra intolerancia, pueden generar mensajes de violencia implícita o explícita sin sufrir ningún efecto. Pueden atacar y vituperar, pueden discriminar y ser hostiles con colectivos minoritarios, mayoritarios, con grupos vulnerables, sin que pase casi nada.

Sin que pase casi nada para los odiadores, porque ningún discurso de odio, discriminación, hostilidad o violencia, carece de consecuencias para los destinatarios. Los efectos de esos mensajes son diversos, pero todos hacen daño, todos vulneran, directa o indirectamente, lastiman, damnifican, hieren y dejan secuelas. Son todo lo que está mal, constituyen la perpetuación gratuita de estereotipos, de estigmatizaciones y de discriminaciones infundada.

Por qué semejante grado de hostilidad, por qué los cultores del discurso del odio, muchos de los cuáles son personas formadas que no pueden escudarse en la falta de formación académica esgrimiendo ignorancia respecto al daño que provocan, disfrutan promoviendo prejuicios y estereotipos, por qué se divierten o regocijan generando escenarios de violencia, qué los subyuga de atacar al prójimo por su identidad de género, su orientación sexual, sus características físicas, su nivel socieconómico o sus concepciones políticas o religiosas. Es muy difícil de saber qué tienen en la cabeza, lo único seguro es que generan un clima de intolerancia que promueve la discriminación y la hostilidad y que sus mensajes no son inocuos, por el contrario, calan hondo y promueven violencia.

La campaña de UNICEF #LoSientoHater alienta a desestimar los discursos de odio en las redes sociales, invita a silenciar, eliminar, denunciar y/o bloquear en la red a las personas que hacen comentarios abusivos. Recomienda, además, proteger la privacidad de los perfiles y, sobre todo, pensar qué impacto va a tener el contenido que queremos publicar, compartir o comentar, antes de hacerlo, pensar antes de dar “me gusta”, pensar antes de festejar un chiste con un like, no mostrar indiferencia ante una actitud de burla, acoso, abuso o daño. La clave está en no ser parte, en no convertirse en cómplice de los haters de ninguna manera, porque está demostrado que pierden interés cuando ven que no hay respuesta a sus mensajes. No los ayudemos, hay que desarticularlos y eso se logra silenciando, elminando, bloqueando y denunciando.

La pandemia, entre otras muchas cosas, nos colocó en un contexto de sobre exposición a las plataformas digitales, eso provocó el acrecentamiento de los discursos del odio, Cada uno, cotidianamente, tiene la potestad de promover la utilización responsable de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, esta es una problemática que depende pura y exclusivamente de nosotros. Podemos hacer el bien o el mal, solo depende de nuestras intenciones.

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