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Recordar el horror para preservar el futuro

Hoy no es un día más, hoy no debe ni puede ser para ningún argentino un día más. Hoy se cumplen 45 años del momento en el que nuestro país se sumía en el período más oscuro de nuestra historia, en el que una dictadura feroz tomaba el poder para desplegar un régimen de terror que perpetró crímenes aberrantes, sistemáticos, monstruosos, que se repitieron y replicaron en todo el territorio nacional. No es un día como cualquiera, es un día en el que el pasado nos grita desde las entrañas y nos recuerda cómo una sociedad construye y destruye, nos recuerda la responsabilidad social de lo que debemos defender colectivamente.

Fueron años de desapariciones forzadas, de tortura, de muerte, tiempos de sangre derramada, en los que el Estado se transformó en un mecanismo de persecución sistemática al servicio de quienes se arrogaban el derecho de decidir sobre la vida y la muerte de los argentinos. Fueron años de dictadura salvaje, de miedos, años en los que el horror recorria nuestras calles, nos atravesaba, nos diezmaba y nos destruía. Fueron años tan brutales y sangrientos, que aún hoy, a pesar del tiempo transcurrido, es difícil hablar sobre lo que ocurrió sin que afloren las heridas, las diferencias, el temor y las culpas.

Necesitamos recordar, hablar, revisar lo que pasó, aunque duela, aunque ese legado del horror reabra las llagas y las discusiones, aunque no estemos de acuerdo. Necesitamos recordar, replantearnos la responsabilidad social colectiva que tuvimos, repreguntarnos qué nos pasó y por qué nos pasó, tenemos que recordar el 24 de Marzo no como una efeméride más, sino desde la responsabilidad ciudadana que nos cabe. Tenemos que hacerlo por nosotros, pero mucho más por nuestro país y por las generaciones futuras.

El Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia no es un mero recuerdo, es una instancia de rememoración de hechos que siguen presentes, que siguen hiriendo, es una etapa que no está saldada y cuyas consecuencias siguen calando en el presente. El 24 de Marzo nos recuerda que somos lo que somos porque fuimos los que fuimos y por eso mismo es que estamos obligados a replantearnos quienes fuimos.

Por el futuro es que precisamos recordar, no por recordar, sino para tener muy presente cómo puede destruirse el estado de derecho, cómo la responsabilidad social colectiva construye y destruye, por qué es fundamental comprometernos en la defensa de los pilares democráticos más allá de nuestras diferencias ideológicas, propiciar, proponer y exigir el diálogo político como solución de todos los conflictos, en el apego a la ley y en el respeto absoluto por los derechos humanos.

El Golpe de Estado militar de 1976 nos enterró en el capítulo más trágico de nuestra historia reciente, recordar es necesario, unirnos en el homenaje a las víctimas, es esencial, hacerlo desde la profunda convicción de que es nuestra obligación evitar que el pasado se repita, es un imperativo cívico y moral. Para que eso suceda, es necesario que hagamos el esfuerzo de dejar de alimentar los falsos debates, tenemos que ser capaces de alcanzar la sabiduría social, de aceptar que por cada hecho conflictivo del pasado conviven memorias distintas, pero siempre es posible compartir un piso de verdad claro sobre lo sucedido y mucho más sobre lo que no queremos repetir.

Rememorar este capítulo trágico de nuestra historia reciente debe unirnos, no alimentar discusiones inconducentes, se trata de construir sobre las cenizas, se trata de cerrar las heridas y en ese camino, no existen distancias, todos deberíamos estar de acuerdo en repudiar el horror ante el atentado a lo más sagrado de la condición humana.

Desde el fondo de la historia, la sangre derramada, el sufrimiento de las víctimas, el daño y el dolor, necesitamos recordar, hablar y revisar el pasado; colectiva y socialmente tenemos que rememorar qué significa y qué significó la dictadura militar para la Argentina. Tenemos que hacerlo no solo por nuestro pasado y para honrar la memoria de las víctimas, sino por el futuro.

Es cívicamente ineludible recordar el horror para preservar el futuro.

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