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Racing de Castex revivió en los penales la alegría mayor

Rostros emocionados de los jugadores ataviados con la camisola exponiendo la estrella en el pecho una vez concluída la serie de penales, sonrisas anchas floreciendo en los cientos de hinchas que viajaron desde Eduardo Castex. El remate de Pedernera marchando por encima del travesaño provocó que el corazón le sacudiera el cuerpo a todo Racing.

Por Raúl Bertone

El fútbol reflejando así esos sonidos que nacen del sentimiento. Y en un estadio ‘Roberto Petit de Meurville’ poblado como pocas veces, la definición de la versión 2019 del Provincial conjugando las sensaciones especiales que siempre despiertan las ejecuciones desde los 12 pasos.

El choque de vuelta ofreció aristas en el juego que podían bosquejarse en la previa. Solo en pocos y pequeños lapsos el trámite logró sacudir. La idea básica de no perder la compostura defensiva estuvo en ambos desde el vamos. En una instancia así, cualquier descuido puede transformarse en un largo lamento. Independiente intentó hacerse fuerte en la zona media, insinuó en el tramo inicial, pero terminó adoleciendo de profundidad, insistiendo con pelotazos para Ortellado o Federico Bertino.

Este fue protagonista en las dos primeras chances del Rojo. A los tres minutos buscó un largo envío de Narvallo, y cuando parecía que peinaría el balón en la misma puerta del arco albo, intentó acomodarla con el pecho, sin poder resolver; a los 13, trabó y ganó ante un defensor sobre el costado izquierdo, enganchó, y mandó el remate cruzado que se fue apenas desviado.

Racing, con el correr de los minutos, hizo mejor control de la pelota, y algunas asociaciones entre Leguizamón y Nahuel Díaz sirvieron para que la visita también expusiera sus cartas en ofensiva. La más clara se produjo en el minuto 20, cuando Leguizamón recibió de Palma, y pisando el área grande no pudo darle la potencia deseada a una pelota que terminó en las manos de Guaraglia. La primera etapa naufragó entonces sin decisiones importantes en la zona creativa de los dos, quedando evidenciado, eso sí, el aporte generoso y el espíritu combativo para sostener la premisa en una tarde que no daba revancha.

En el complemento, fue Racing quien tomó más relevancia en la postura. Y por momentos se hizo sentir en el fondo del Rojo. Ya en el minuto, otra vez Leguizamón merodeando la “zona caliente”, no se pudo acomodar para la media vuelta, tras recibir de Palma, y Narvallo asomó para sacarla al córner. Enseguida Montero escaló por el andarivel derecho, la mandó al área para Palma, y el disparo del nueve que rozó en un defensor para marchar afuera. Ese lanzamiento desde la esquina lo capturó el central Silimán, con un cabezazo de pique al suelo que salió desviado. Los técnicos movieron los bancos, y saltaron al terreno alternativas. Similán en Racing procurando otra llave arriba, Balbidare en Independiente para oxigenar la disputa en el medio.

El equipo de Hormaechea pudo acomodarse otra vez, si bien los espacios cada vez se cerraron más. Con mucha enjundia, y dosis de voluntarismo. De esa manera los dos finalistas empezaron a escribir el tramo final del encuentro. A la salida de un lateral, a los 24, Bellendier no pudo controlar el balón, Federico Bertino empujó sobre la línea, pero el gol no tuvo validez tras la sanción del árbitro Rigal, producto de una carga sobre el golero. Bellendier intervino un minuto después, controlando abajo un centro rasante de Ortellado. La definición del nuevo campeón se encaminaba hacia la última instancia. Hubo tiempo para un intento de Pedernera, quien sacudió desde 25 metros, y la pelota se fue rozando el travesaño.

Los penales finalmente terminaron decidiendo. Y con dos arqueros que conocen muy bien de qué se trata. La serie la arrancó Racing. Palma, 1-0; Balbidare, 1-1; Rodríguez, y la intervención de Guaraglia para frenar el remate sobre su palo derecho; Federico Bertino, 2-1; Brian Montero, 2-2; Ortellado, y la respuesta de Bellendier volcándose contra el parante izquierdo para desviar; Similán, 3-2; Narvallo, 3-3; Leguizamón, 4-3; Richardi, 4-4; Silimán, 5-4; Pedernera, desviado.

Así se desató la fiesta racinguista para su segunda vez en el Provincial, tras la conquista en 2011. El rostro feliz de Leguizamón, abrochando el tercer título con tres clubes distintos, luego de conseguirlo con Pico FC y Ferro de Alvear. A metros nomás, cabizbajos y con la lógica tristeza invadiéndolos, esas voluntades pintadas de rojo.

Escupiendo el sabor amargo de no poder conseguir el objetivo, pero eso a su gente no le importó. Aplaudió y ese fue el testimonio vivo, el tributo a la entrega de un plantel que no tuvo claudicaciones, que caminó siempre de la mano del sacrificio. Las ilusiones racinguistas, por su parte, se transformaron así en realidades que fueron puños sin rienda y voces sosteniendo la palabra ¡Campeón! en el aire.

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