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¿Quién se va a hacer responsable por la muerte de María Rosa?

¿Y ahora qué, qué va a decir la Cámara Federal de Casación? ¿Van a hablar sobre la acordada en la que recomendaron a los tribunales que adopten medidas alternativas a la prisión como consecuencia de la pandemia? ¿Van a hablar? ¿Tendrán algo para decirle a la familia de María Rosa Daglio, la psicóloga de 56 años que murió como consecuencia de los golpes que le provocó Alejandro Miguel Ochoa cuando le quiso robar? Ochoa había sido beneficiado por las liberaciones en la pandemia, pese a tener dos condenas por 8 robos bajo la misma modalidad, todos a mujeres.

María Rosa está muerta, Ochoa debió haber estado preso, ni uno ni otro hecho tienen vuelta atrás. Tampoco la “recomendación” de la Cámara Federal, máximo intérprete de la ley penal del país después de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. El tema, ante las consecuencias gravísimas, es saber quién asume la responsabilidad de lo que pasó.

Ochoa debería haber estado cumpliendo una condena, y María Rosa tendría que estar viva, disfrutando de su vida, de sus 4 hijos, sus dos nietos, viva. Sin embargo, Ochoa fue beneficiado por la seguidilla de excarcelaciones que se sucedieron durante la cuarentena por el estado de las cárceles.

En 2017 había sido condenado a 8 años y medio de prisión por 2 asaltos a 2 mujeres en un raid delictivo con la misma modalidad. En 2016, una de sus víctimas sufrió gravísimas e inhabilitantes fracturas en su brazo derecho al ser arrastrada por la moto de este delincuente y quedar atrapada en la cadena de la moto. No era todo, tenía más antecedentes, había una condena anterior por otros 6 hechos similares, todos con víctimas arrojadas violentamente al suelo, varios calificados como robos agravados por lesiones graves. Pero, estaba libre, accedió al beneficio de la excarcelación en octubre del año pasado.

Según la ex ministra Losardo, se le concedió la prisión domiciliaria a 320 internos de los 12.600 alojados en unidades del Servicio Penitenciaro Federal, un 2,5% del total. Cifra a la que se suman las liberaciones en servicios penitenciarios provinciales, sobre todo en el bonaerense, unos 800 en total. No somos el único país donde hubo salida de presos de las cárceles como consecuencia de las medidas sanitarias para evitar la propagación de la pandemia, esto mismo ocurrió en Brasil, España, Italia, Estados Unidos, Irán Indonesia y Turquía. Esto va en línea con lo recomendado por organizaciones internacionales, como el Subcomité de Prevención de la Tortura de la Organización de las Naciones Unidas o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que pidieron reducir las poblaciones penitenciarias, siempre que sea posible, para casos en los que sea seguro hacerlo.

Siempre que sea posible, para casos en los que sea seguro hacerlo….¿qué ocurrió en Argentina, dónde quedó la “extrema prudencia” el “carácter sumamente restrictivo” sugerido en la aplicación por la Cámara de Casación? Acá se liberaron personas acusadas por delitos de violación, abuso sexual, robo agravado, estafa, extorsión, privación ilegítima de la libertad, venta de drogas y homicidio, hubo liberados acusados de delitos gravísimos. ¿Y ahora, ahora qué?

Antes de que se produjeran las liberaciones, el juez Violini, del Tribunal de Casación Penal bonaerense, reconoció públicamente que ni siquiera había tobilleras electrónicas para todos los que iban a liberar: “es cierto que no hay para todos por una cuestión presupuestaria”. ¿Y cómo lo solucionaron? Nombraron un “garante”, una especie de “tutor”, alguien que iba a “responder” si el detenido se daba a la fuga. Nunca nadie explicó que iba a pasar si un “garante” no informaba ni media palabra sobre la violación de la prisión domiciliaria por parte de un recluso.

María Rosa Daglio tenía 56 años, 4 hijos y 2 nietos. Ochoa la asaltó cuando caminaba tranquilamente por la vereda en Ramos Mejía, le arrebató la cartera con tanta violencia que cayó al piso bruscamente. María Rosa, según reveló la autopsia falleció por una hemorragia interna, producto de lesiones en el bazo y de costillas rotas como consecuencia del impacto, cuadro que derivó en un paro cardiorrespiratorio que terminó con su vida.

Ochoa, que tenía que estar en cárcel, no estaba en la cárcel, estaba en la calle, nadie controló que cumpliera con la prisión domiciliaria que correspondía, no hubo tobillera, no hubo tutor, no hubo garante y por eso, María Rosa está muerta. ¿Quién se va a hacer responsable?

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