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Queremos lo que nos prometieron

Si fuera una ruleta, ya hubiésemos cantado el "no va maaaaas". Lástima que no es un juego y por más que cantemos la rueda sigue girando descontrolada, o no, pero es lo que parece.

Y para despejar dudas, la culpa no es de Cristina, ni de Macri, ni del peronismo o el FMI, que además a esta altura importa bastante poco, el problema es a todas luces de todos y estructural: Argentina es un país que históricamente gasta más de lo que tiene, más de lo que ingresa.

Argentina es un país que vive buscando culpables en vez de soluciones y que lo único que hace es girar en círculos para intentar morderse la cola, retroalimentando permanentemente su estado de crisis que, a esta altura, ya es ancestral.

La cuenta es fácil. Agarre lápiz y papel y hagamos unos simples palotes de entrecasa: tenemos, según datos publicados por el Ministerio de Trabajo de la Nación en octubre del año pasado, 8.055.300 trabajadores en blanco, de los cuales 6.033.700 son privados y 1.824.300 monotributistas más 397.500 autónomos, la suma nos da 10.277.100 argentinos que deben sostener una población de 45 millones de personas, entre los que hay 8 millones de beneficiarios de planes sociales y 7 millones de jubilados. Sumo, resto, saco cuentas fáciles y rápidas y no hay forma, claramente no da.

Si gestión tras gestión, sin importar el color político, la inflación y el déficit siguen siendo nuestra pesadilla y nada ni nadie puede revertir eso, si gestión tras gestión seguimos en picada más pronunciada o menos pronunciada pero siempre en picada, no hay manera de que no vivamos estrellándonos, que no vayamos transitando de una catástrofe social a otra, que no vayamos dejando por el camino de la historia miles y miles de excluidos, que no sigamos sumando pobreza y desesperanza, más y más argentinos caídos del sistema.

El recorrido de nuestros últimos retazos de historia habla de setenta años consecutivos de caída del producto e inflación, entonces, por qué nos seguimos preguntando qué nos pasa, es simple, nos pasamos nosotros y nos pasa todos los que pasaron.

Piense nomás en las primeras decisiones del nuevo gobierno, más de lo mismo, arrancó adoptando una batería de medidas que, disfrazadas de solidaridad, son un ajuste que castiga a los que producen, pero sobre todo a los jubilados que cobran miseria.

Arrancó además contradiciendo todos los anuncios rimbombantes de campaña y si esto todavía no se fue a la banquina es simplemente porque estamos en modo vacaciones, porque atravesamos la primavera de los primeros meses de la flamante gestión y porque el peronismo cuenta con una base social muy amplia que, si bien está muy incómoda por el rumbo que comenzó a perfilar Alberto Fernández, está dispuesta a sostenerlo, aunque ya aparecieron las primeras voces disidentes.Comenzaron las sesiones extraordinarias en el Congreso y van a hablar de varios temas candentes: deuda, alquileres, jubilaciones de privilegio, impuestos, creación de un Consejo Económico y Social, entre otros.

No hay un solo argentino, sea cual sea su situación que ignore que la renegociación o “reperfilamiento” de la deuda externa es nuestra espada de Damocles, y que algo hay que hacer, pero mientras tanto qué, porque no se ven demasiadas ideas para aguantar el cimbronazo y son muchos los problemas que siguen postergados: los salarios que perdieron por goleada, los jubilados que ya no tienen ni para los remedios, la pobreza que sigue con sus cifras alarmantes intactas, el hambre que no puede esperar y los privilegiados de siempre levantando el dedito para advertir que si los tocan habrá que atajar la catarata de juicios.

A propósito de esto último, vale aclarar que cuando se habla de jubilaciones de privilegio todos miran hacia las del sistema judicial, que son bastante abultadas, pero por ahora las de los expresidentes y funcionarios jerárquicos no parecen haber entrado en la lista y comparten la voluminosidad y la prerrogativa.Volvamos al principio, si nuestra vida fuera una ruleta, ya hubiésemos cantado el “no va maaaas”, pero esto no es un juego y por más que cantemos la rula sigue girando con todos los que esperamos adentro. Esperamos un cambio, no cualquier cambio, el que prometieron, probablemente nada más, y seguramente, nada menos.

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