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Que esta vez sea

Las primeras medidas de gobierno de Alberto Fernández buscarán "hacer frente a la emergencia social y alimentaria", según anticipó días atrás Nicolás Trotta, coordinador de equipos técnicos del presidente electo.

En ese sentido, dijo que será necesario “un nuevo contrato social” entre los sectores financiero, productivo y trabajador que permita “la reactivación de la economía”. También explicó que trabajan hace meses en el diagnóstico de la situación y en políticas públicas que se deben implementar desde el primer día en coordinación, con gobiernos provinciales, municipales y organizaciones sociales, para hacer frente a la emergencia social y la emergencia alimentaria.

Compartimos, la situación que atravesamos requiere, como refiere el entorno del presidente electo, un “rápido despliegue” de políticas que deberán “ir acompañadas de un proceso de reactivación de la economía, a través de la recomposición de salarios y un descenso de la inflación”. Coincidimos también en que para recomponer la situación ‘no hay recetas mágicas’ ni ‘una única medida que permita salir del laberinto’.

Ahora bien, como por ahora lógicamente son sólo declaraciones genéricas, no podemos saber a ciencia cierta cómo se concretarán los anuncios, ignoramos si implicarán un cambio de enfoque en el abordaje de nuestros problemas, o si repetirán viejas fórmulas.

Algo es seguro, el gran desafío es superar la “tradición” de luchar contra la pobreza y la marginalidad a través de la entrega de subsidios o planes, no podemos seguir entrampados en los eternos programas sociales que no han dado resultado ni han aportado soluciones de fondo, en la implementación de políticas públicas que parten del desconocimiento de la población a la cual van dirigidos.

Habría que empezar por el principio, habría que empezar por conocer, tener datos fehacientes, ahondar en las situaciones sociales más urgentes, conocer sus particularidades y buscar sus causas. Si es cierto que hace meses trabajan en el diagnóstico de la situación, es dable suponer que podrán proyectar, diseñar e implementar políticas públicas y estrategias adecuadas, que realmente sirvan para empezar a resolver las necesidades de nuestra gente,

No hay mala intención en las sugerencias de estas líneas, es el peso de nuestra historia reciente el que obliga a temer que los anuncios concluyan una vez más en saco roto.

Venimos de muchos años de implementación de programas caracterizados por la falta de conocimiento de los sectores a los que van dirigidos. Hemos visto muchos proyectos y muy pocas soluciones y hemos sido testigos también del despilfarro de recursos como consecuencia de la superposición de enmarañados programas sociales que terminan suponiendo más costos que beneficios. Por eso, no hay ningún designio agorero, sólo la intención de expresar un temor fundado.

La gran deuda argentina es doble, la constituye el agravamiento de los problemas sociales y la completa la invisibilización que hemos hecho de los argentinos sumidos en la pobreza, de los que ya estaban sufriendo y de los que se fueron sumando. Deuda que gestión tras gestión han querido solucionar a través del asistencialismo, con medidas estandarizadas que partían muchas veces de una base errónea, en la que brillaban por su ausencia las estadísticas sistematizadas y la investigación de campo en todo el territorio nacional.

Partiendo de esa base no hay posibilidad de atacar el hambre, la pobreza, la desocupación y otros flagelos que nos aquejan. ¿Cómo empezar a solucionar sin conocer las características socioeconómicas, culturales y educativas de cada uno de las áreas geográficas de nuestro país, sin conocer las problemáticas propias de la identidad barrial, urbana o rural de cada región?

Para empezar a solucionar semejantes problemas necesitamos datos fidedignos, que hablen de personas y no de números, que cuenten de nuestra gente, que visibilicen su realidad social, sus dificultades y sus carencias.

Hay que empezar por el principio y el principio es conocer a nuestra gente, conocer sus entornos y sus realidades, ahondar en sus problemas y recién después proyectar, diseñar e implementar políticas públicas adecuadas y estrategias eficientes, valiosas y fructíferas para sacar de la situación de agobio a nuestra gente.

Es cierto, no hay “recetas mágicas” ni una “única medida que permita salir del laberinto”, tan cierto como que para atacar la urgencia son necesarios los paliativos, pero para solucionar los problemas, necesitamos cambios profundos y transformaciones serias, tan cierto como que todos queremos y tenemos la esperanza que esta vez sea.

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