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Que el virus no nos quite la alegría

Vivir no es sobrevivir, vivir es estar en plenitud, no es sólo subsistir, respirar y tener vida. Es disfrutar, sentirse rebosante de ganas de hacer, feliz de existir, vital y activo, es soñar y proyectar. Vivir no es solo subsistir, no es sobrevivir solo para seguir pensando cómo zafamos de enfermarnos, cómo hacemos para desafiar la economía y llegar a fin de mes.

Vivir no es sobrevivir, vivir es estar en plenitud, no es sólo subsistir, respirar y tener vida. Es disfrutar, sentirse rebosante de ganas de hacer, feliz de existir, vital y activo, es soñar y proyectar. Vivir no es solo subsistir, no es sobrevivir solo para seguir pensando cómo zafamos de enfermarnos, cómo hacemos para desafiar la economía y llegar a fin de mes. El Covid nos quito todo, hasta la alegría, no estamos viviendo en plenitud, seguimos vivos, que es muy diferente a vivir.

Muchos especialistas denominan los estragos que el Covid está provocando en la salud mental, como la cuarta ola. La Organización Mundial de la Salud prefiere hablar de “fuerte impacto psicológico” para referir a las secuelas que el confinamiento está causando en las sociedades. Sin importar cómo se lo nombre, el virus tiene secuelas graves a nivel emocional, y a nosotros nos está pegando cada vez más fuerte.

Padecemos de tristeza con angustia, depresión, cansancio, agotamiento físico, ganas de no hacer nada, una pesadumbre inexplicable, profunda y constante, a veces enojo, irritación o rabia y mucho desgano. Nos hemos ido apagando, de a poco, lentamente, hasta tener ganas de casi nada, casi todo el tiempo. Ni hablar de las médicas y los médicos, enfermeras, enfermeros y demás agentes de salud, mucho más los que se desempeñan en la asistencia directa de los pacientes con Covid, que viven cansados, en un estado de agotamiento emocional y físico permanente, como consecuencia de exigencias agobiantes y un grado de estrés desmesurado.

Desde el inicio de la pandemia la salud mental comunitaria se ha visto amenazada, pero en el contexto actual, el nivel de angustia es superlativo. Es un fenómeno que se ha dado en todo el mundo, tanto es así que algunos países han tomado medidas al respecto. Japón está en la cima porque directamente creó un Ministerio de la Soledad para abordar la problemática derivada del encierro y las restricciones de interacción social.

Juan David Nasio, psicoanalista y psiquiatra argentino, discípulo de Lacan, instalado en Francia desde 1969 y autor del reciente libro “Depresión Covid-19 ¿Todo el mundo puede caer en la depresión?”, explica que, a diferencia de la depresión clásica, el deprimido Covid-19 padece de una tristeza ansiosa, está enojado y exasperado con el otro, está cansado por las sucesivas frustraciones y restricciones, está angustiado por el miedo de enfermarse y morir solo, por contagiar y por ser contagiado. También padece angustia por la incertidumbre económica, por el futuro, por la soledad y el aislamiento, por la pérdida de intimidad que supone vivir permanentemente pegado a otros miembros de la familia o por su antítesis, la angustia de no poder ver al otro y disfrutar del otro.

Lo mismo que estamos sufriendo hoy en Argentina, les tocó a los franceses hace algunos meses, cuando luego del desconfinamiento que había creado la ilusión del fin de la pandemia, tuvieron que pasar por un segundo confinamiento. Fue muy difícil de soportar, explica el profesional argentino, provocó un estado psicológico de confusión, desagrado y exasperación.

“La depresión Covid-19 es un estado particular progresivo –indica-, se va preparando progresiva y lentamente”. Es como una cadena: el primer eslabón es la crisis sanitaria y las medidas restrictivas, las privaciones que algunos viven como una pérdida de la libertad y otros como una calamitosa gestión de la pandemia. El segundo eslabón es la angustia que se va amplificando, va creciendo. Y el tercero es la exasperación: la persona está enojada, no da más. No hay solamente cansancio y enojo, sino exasperación. El cuarto eslabón es el cansancio, es como si uno se cansara de enojarse. El quinto, al que no todos pasan, es la depresión.

La buena noticia es que cuando logremos superar la pandemia, este estado se irá con ella, pero hasta tanto eso suceda, el gran desafío social será encontrar la forma de, aun en este contexto, recuperar las ganas de vivir, no dejar que el virus nos quite la alegría, no sacarle los ojos al horizonte, no olvidar que esto, tal como lo enseñar la historia, pronto va a pasar y será solo un mal recuerdo.

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