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Prioridades nacionales

El último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), organismo que depende de Naciones Unidas, revela que la pobreza en Argentina trepó en 2020 al 38,8% y el desempleo a 20,9% como consecuencia del impacto que tuvo la pandemia en la economía, “en una situación económica particularmente vulnerable, en medio de una crisis macroeconómica que ya llevaba dos años recesivos, con caídas en el empleo formal e incremento de la informalidad, así como descensos en los ingresos de los hogares, en un contexto de niveles de inflación cercanos al 50% anual”. La pandemia empeoró la pobreza, no generó la pobreza, la pandemia aceleró y agudizó un problema que arrastramos históricamente, que no apreció ayer, ni en este gobierno, ni en el anterior.

Por los siglos de los siglos, sin ningún amén, es nuestro mantra cuando hablamos de pobreza. La culpa no fue del anterior, ni del anterior, ni del anterior, es de todos, sin excusas, sin herencias, sin escudos, sin legados. Son culpas compartidas, aunque no les guste, culpas que esperan soluciones, no excusas. Pretextos, hemos escuchado por décadas, pero como es fácilmente observable, los pretextos no sacan a nadie de la pobreza.

El país vive momentos difíciles, el mundo sigue atravesando un tiempo complicado, pero eso no nos exime de la obligación de tener prioridades, eso no soslaya la necesidad de buscar respuestas a nuestros problemas. Corresponde tener un plan, un rumbo, hacer honor al mandato que hemos conferido, ocuparse de cuidar a los ciudadanos, más aún a los que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Hacer lo que corresponde, ni más ni menos, sin mirar hacia atrás, sin buscar culpables. No nos importan los culpables, no queremos culpables, estamos hastiados de culpas y culpables, precisamos soluciones. Necesitamos que practiquen el sano ejercicio de tener prioridades nacionales, y trabajar para dar soluciones.

Estamos cansados que reciten una y otra vez la larga lista de desaciertos, que vuelvan a esgrimir la oposición por los problemas que en realidad acumulan unos tras otros. La verdad es que como sociedad estamos cansados de poner el lomo, tenemos dobladas las espaldas de acumular pesares, problemas que nunca mejoran y jamás terminan.

La pandemia, la crisis sanitaria no hizo más que poner al descubierto nuestras deficiencias e insuficiencias, todas las faltas y escaseces de un país degradado en el que todos prometen y nadie cumple. Esta querida Argentina necesita una salida, pide a gritos una salida, con acuerdos básicos y una conducción que se deje de excusas y trabaje para los argentinos.

La pobreza trepó al 38,8% y el desempleo a 20,9% y se dan el lujo de seguir hablando de lo que dejaron los anteriores y la pandemia. Se tienen que dejar de joder con “el otro”. ¿La única alternativa es asistencialismo y más asistencialismo? ¿Con qué va a sostener el Estado todo ese asistencialismo, con qué recursos, en base al trabajo de quiénes, otra vez los mismos? ¿No es un cuadro de situación demasiado dramático para seguir hablando de herencias y buscando culpables en vez de soluciones? Y esto va para todos, no sólo para el Ejecutivo, porque cuando hablamos de temas severamente importantes, la gran mayoría empieza a discurrir por la tangente, a enredar con ellos, nosotros y los otros, en vez de empujar del carro para propiciar un acuerdo constitutivo y refundante.

Asistir era necesario en el contexto que atravesamos, si el Estado no hubiera dispuesto planes la situación sería aún peor, pero es absolutamente insuficiente para enfrentar un problema grave y estructural que es anterior al coronavirus. Las crisis necesitan políticas asistenciales, pero no hay programa asistencial que sea suficiente por sí sólo, tiene que haber algo más, tiene que haber estrategias, políticas públicas tendientes a que el que es asistido deje de serlo y no hay un solo indicio de que algo así esté en marcha o sucediendo.

La pandemia empeoró la pobreza, no generó la pobreza, la pandemia aceleró y agudizó un problema que arrastramos históricamente, que no apareció ayer, ni en este gobierno, ni en el anterior. Esa es la descripción de la situación, como indica el informe de la CEPAL, la pobreza en Argentina trepó en 2020 al 38,8% y el desempleo a 20,9%, “en una situación económica particularmente vulnerable, en medio de una crisis macroeconómica que ya llevaba dos años recesivos”. Esto es lo que nos pasa, el diagnóstico, la salida es trabajar sin excusas, sin herencias, sin escudos sin legados y sin pretextos. Necesitamos que practiquen el sano ejercicio de tener prioridades nacionales, y trabajar para dar soluciones.

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