Editoriales | Abuso de autoridad

¿Por qué Rocío?

La pregunta del millón, ¿por qué Rocío? Por qué entre todos los colegas de los medios de la ciudad presentes eligió solo a Rocío González, periodista de nuestro diario. ¿Rocío fue su blanco de ataque porque es joven, porque es mujer, porque trabaja en La Reforma?

Tiene que haber una explicación que eche luz a lo que vivió la periodista de este medio, pero la verdad es que es bastante complicado tratar de encontrar algo de racionalidad en lo que hizo este hombre en su calidad de seguridad o “custodio” de vallas en actos públicos.

Como narró en primera persona Rocío en la edición de ayer, la situación de maltrato, discriminación e inequidad que vivió, ocurrió en el marco de un acto público (tomen nota por favor de esto, era un acto público) de entrega de diplomas del Tribunal Electoral de la provincia de La Pampa a las nuevas autoridades.

Rocío fue, como todos los colegas, a hacer su trabajo y para eso, respetuosamente, pidió al “custodio” pasar al sector destinado a las autoridades, en el que, por razones obvias, se encontraban todos los trabajadores de los medios. No hay que explicar que la mayor cercanía posibilita mejores imágenes y eso trataba de lograr nuestra periodista.

La dejó pasar, pero segundos después el “custodio”, un hombre joven que no se identificó, se arrepintió, la buscó, la levantó de la butaca y “empujándola” con su mano en la espalda la “invitó” a retirarse. No escuchó o no le importó o no le creyó que trabajaba para nuestro medio. También desoyó al colega del diario La Arena que, tan sorprendido por lo que ocurría como nuestra periodista, no dudó en ratificar la procedencia de Rocío.

Fue inútil. Como corolario de todo el atropello, por si algo le faltaba a la situación general de destrato, le pidió su “acreditación”, tal vez ignorando que sumaba con esto, a la circunstancia de por sí lamentable, una violación al principio de igualdad, ya que ningún colega estaba acreditado porque no fue un requerimiento de la organización.

Agreguemos como dato saliente que suma al cuadro general, que en el primer contacto con el señor no identificado que oficiaba de “custodio”, Rocío tuvo que dar varias explicaciones para lograr su cometido y acceder al sector vallado y que mientras lo hacía recibía de parte del hombre una mirada despectiva, y sólo él puede explicar a qué obedecía la connotación negativa en el intercambio verbal.

De más está decir que Rocío González optó por retirarse porque no hacerlo podría haber implicado una escena en un acto público de gran relevancia simbólica, por lo que, lejos de intentar “desobedecer” la “invitación”, accedió para no sumar una sola línea más al desatino del que era víctima.

Tras el lamentable episodio nos comunicamos con las autoridades de la organización y recibimos de inmediato las disculpas del caso y la sorpresa ante la situación lamentable que por supuesto ignoraban.

Esperamos que la falta de respeto, el trato agresivo, la mirada despectiva, la desautorización, el menoscabo personal y el sometimiento a los designios del capricho de este individuo que sufrió Rocío no concluya en un llamado y un pedido de disculpas. Lo esperamos no solo por nosotros y por nuestra periodista, lo esperamos por la buena salud del Superior Tribunal y sobre todo, por la buena salud de la calidad institucional que siempre ha sido un atributo en nuestra provincia.

La sociedad sigue atravesada por prejuicios y estereotipos que muchas veces se traducen en situaciones de violencia, como en este caso. No dejar pasar y no naturalizar es fundamental para corregir este tipo de atropellos que nos degradan.

Por eso lo señalamos, por eso nos comunicamos con las autoridades correspondientes, por eso esperamos que puedan identificar al “custodio” que cometió el desatino y que, en el futuro, quienes oficien de seguridad o “custodios” en actos públicos de gobierno, sean personas idóneas para desarrollar la función.

No sabemos por qué Rocío, no sabemos si fue ella por ser joven, por ser mujer, por trabajar en La Reforma o por algún otro motivo indescifrable. Lo que sí sabemos es que no queremos que nadie sufra lo que sufrió Rocío y que ese “hombre de aproximadamente 30 a 35 años de edad, tez morena, cabello castaño oscuro, barba recortada, camisa blanca con motivos circulares oscuros, pantalón y zapatos negros”, se entere que se equivocó y reciba el debido repudio por destratar y discriminar a nuestra periodista.

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