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Planificar para el día después

Empiezan a escucharse en el ámbito educativo, voces discrepantes, advertencias y algunos reclamos sobre escollos insalvables de la “escolarización en casa”, hablan de las condiciones básicas para esta escolarización que no se tuvieron en cuenta en un principio y que tampoco han aparecido luego. Señalan que la mudanza urgente y necesaria de la educación a las casas no tuvo a posteriori un plan como si lo gestó el sistema de salud. Por el contrario, el sistema educativo después del anuncio de la suspensión de clases presenciales, tuvo que salir como pudo a sostener el ciclo lectivo, cada provincia y cada escuela, debió remarla con lo que tuvo para seguir adelante.

Aclaremos que lo que se ha hecho es muchísimo y amerita el reconocimiento al esfuerzo de miles y miles de docentes y directivos a lo largo y ancho del país, pero de ahí a los dichos de la viceministra de Educación, Adriana Puiggrós, explicando que “el virus infectó a sociedades enfermas de neoliberalismo y que está transcurriendo una experiencia pedagógica enorme que hay que saber incorporarla al futuro”, cuando tenemos más de 11 millones de estudiantes atravesando la “escolarización en casa”, con un 40% de hogares que carecen de Internet fijo y más de la mitad viviendo en hogares pobres con limitado capital cultural para acompañar ese proceso, es mucho.

Deberían empezar por algo un poco más tangible, demasiada grandilocuencia considerando que más de un tercio de los estudiantes no acceden a dispositivos y conexiones de calidad para realizar actividades educativas sincronizadas. Y son datos oficiales, tomados del último informe del Observatorio Argentinos por la Educación. Datos oficiales que claramente no ha tenido en cuenta la viceministra ni al momento de hacer las declaraciones, ni al de evaluar lo actuado por su área.

Partieron de dos supuestos que no en todos los casos se cumplen: que en todos los hogares habría adultos disponibles, con la capacitación y la capacidad pedagógica suficiente como para acompañar el aprendizaje de los chicos y dieron por hecho que habría conectividad en el hogar. Y no hablamos del primer momento en el que hubo que tomar la determinación urgente, hablamos de lo que siguió.

El efecto de no considerar las condiciones de base tiene consecuencias graves, porque hace que aquellos que transitan una mejor condición socioeconómica y cultural, tengan más y mejores posibilidades que los que carecen de las mismas, por lo tanto, educativamente hablando, la pandemia afecta también mucho más a los más vulnerablesy cuando termine, habrá profundizado las desigualdades.

Dicen que suplen la falta de conectividad de estudiantes y docentes con otras herramientas como cuadernillos, material audiovisual, horas de televisión específicas para cada ciclo, plataformas. Pero todos sabemos que eso no garantiza las condiciones básicas para la escolarización en casa, que eso no es actuar de manera “rápida y efectiva”, como suponen que lo han hecho desde el Ministerio. No se preguntaron, si estaban preparados o no los estudiantes, si lo estaban los docentes, si todos podían transformar en digitales los contenidos del aula, no los acompañaron en el proceso de mudanza de la educación presencial a la virtual. No se preguntaron al inicio del proceso, pero tampoco en el transcurso, simplemente dejaron que discurra, que cada uno se las arregle como pueda.

Eso sí, los acompañaron con sugerencias y recomendaciones varias: que no dejen de considerar que los estudiantes estaban en un contexto emocional endeble por la situación; que la educación es vincular y que, al ser virtual, deberían además de garantizar las clases, chequear y verificar con mucha frecuencia si los estudiantes seguían las clases, si tenían una buena predisposición, les pidieron que trataran de fortalecer la comunicación, armando foros o grupos de whatsapp para asegurar que el proceso de comprensión iba por buen camino. Y por las dudas, los invitaron también a que revisen sus metodologías, porque claro, la virtualidad no es lo mismo, entonces los tiempos tienen que ser más breves, con videos teóricos, con demostraciones prácticas, con lecturas orientadas, ejemplos ilustrativos y consignas claras.

La escuela, los docentes, los alumnos y las familias, tuvieron que demostrar su capacidad para responder a este gran desafío, tuvieron que salir a sostener el ciclo educativo y lo hicieron, como pudieron, con lo que tuvieron a mano. Pero corresponde al Ministerio de Educación de la Nación enmendar los errores, planificar para el día después, para que la nueva normalidad escolar no sea otra mochila en la espalda de las provincias y los docentes, para compensar y acelerar los aprendizajes de los que no tuvieron a mano las condiciones para continuar y para reparar el daño educativo que la pandemia hizo.

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