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Pidamos que cumplan la ley

¿Sabía que setiembre es el Mes de la Educación? No, seguro que no lo sabía porque los argentinos estamos más preocupados por el dólar, el cepo, los mercados y el riesgo país, que por la educación. La verdad es que la educación, que según la Ley de Educación Nacional "es una prioridad nacional", no es un tema trascendental ni para el gobierno, ni para los argentinos.

Todos sabemos que la educación se ha ido desgranando década tras década, que los alumnos argentinos no reciben una buena educación, que más del 50% de los que transitan la educación obligatoria no completa el ciclo, que además de los muchos que quedan en el camino hay otros tantos que ni siquiera empiezan, que de los que terminan, la mitad no puede comprender un texto sencillo, ni resolver un ejercicio simple de matemática y que además, la desigualdad educativa es una constante por la que los más pobres reciben peor educación, eso sin contar que el aprendizaje puede ser peor dependiendo de la jurisdicción en la que el alumno estudie.

Todos lo sabemos, pero con saberlo no alcanza, si no exigimos una educación mejor, no habrá cambios. Es cierto que es el Estado el que debe convertirla en prioridad, el que está obligado a hacer el esfuerzo y destinar la inversión que sea necesaria, pero si el Estado no hace lo que dicta la ley, nos corresponde a nosotros alzar la voz para que así sea. Si los ciudadanos fuéramos realmente contundentes, si estableciéramos la educación como una prioridad, las decisiones llegarían, no tendrían opción.

El artículo 3º de la Ley de Educación Nacional dice textualmente que “La educación es una prioridad nacional y se constituye en política de Estado para construir una sociedad justa, reafirmar la soberanía e identidad nacional, profundizar el ejercicio de la ciudadanía democrática, respetar los derechos humanos y libertades fundamentales y fortalecer el desarrollo económico-social de la Nación”. La LEN no plantea una opción, establece una obligación pública.

Como contrapartida, en una clara violación no sólo de la ley específica sino además del derecho constitucional de aprender, los datos que arroja nuestro sistema educativo son demoledores y provocarían un escándalo en cualquier país del mundo. Sin embargo en Argentina, pasan casi desapercibidos, no hacen mella, no reacciona ni el Estado ni la gente y así es como seguimos siendo testigos inertes de la destrucción progresiva de nuestro capital humano.

Pongámoslo en otros términos: si la mitad de los alumnos que inician su educación obligatoria no termina el secundario, si de los que la terminan siete de cada diez no reúnen los conocimientos básicos, si la mitad no comprenden lo que leen, si nuestras mejores escuelas se ubican por debajo de las peores escuelas del mundo desarrollado, si cuando hablamos de educación hablamos de mala calidad y de inequidad educativa, lo que nos estamos jugando es el futuro. Porque, qué futuro podemos tener como Nación cuando no logramos formar ciudadanos plenos.

Nos estamos jugando el futuro, no nos engañemos, sólo la educación garantiza el pleno “ejercicio de la ciudadanía democrática” que expresa la Ley de Educación Nacional. Puede sonar más o menos simpático, pero es tan tangible que la propia norma lo expresa con todas las letras. Aunque suene exagerado y hasta lejano, lo que está en juego es la viabilidad de nuestro país y de nuestra democracia y a medida que avance el deterioro educativo, cada vez van a ser menos los que adviertan la gravedad de la situación.

Por eso es ahora, ya mismo. Tenemos que reclamar, tenemos que exigir, que exhortar a los políticos en gestión y a los que están en campaña a que hablen de educación, a que nos digan qué cambios van a implementar, cuáles son las metas y cuáles las estrategias para cumplirlas, y luego, ser vigilantes del proceso, para evitar que vuelvan a proponer proyectos que quedan en el camino o mueren en el intento. No se trata de pedir ninguna odisea, alcanza con que estén dispuestos a cumplir la ley.

En el Mes de la Educación, nosotros podríamos empezar por demandar que la educación, tal como lo exige la ley, sea una verdadera “prioridad nacional”, que ya que están de campaña, dediquen recursos y tiempo para discutir profundamente el problema educativo argentino. Si no demandamos una educación mejor, no va a haber cambios, seamos originales, hagamos algo distinto, dejemos de mirar la cotización del dólar, el riesgo país y los mercados, levantemos la voz y exijamos que cumplan la Ley de Educación Nacional.

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