Provinciales | pandemia

¿La siesta está en peligro de extinción?

Por Miguel Busso

Tal vez surge este interrogante luego de transitar una jornada espléndida, de sol y muy buena temperatura, que es la que tuvimos los pampeanos en este jueves, mitad de julio, nada menos…

O tal vez confunda nuestra visión del presente, el año singular que estamos atravesando por la pandemia con algunos cambios de horarios implementados esta semana, caso el bancario. Lo cierto que se nos metió en la cabeza preguntarnos si la siesta está en peligro de extinción.

A los que llevamos varias décadas conociendo los horarios laborales provinciales, realmente nos llama la atención lo que estamos viendo por estos días, donde ese horario sagrado que comprende la siesta pampeana pasa casi desapercibido, porque de ese silencio rotundo que ocupaba algo más de dos horas diarias, pasamos a un movimiento ruidoso de vehículos y peatones que, también es cierto que tarda en arrancar por la mañana, pero se apaga en gran forma, pasaditas las 20, y en el medio no notamos grandes diferencias entre una hora y la otra.

En nuestra opinión -aclaro que pluralizo porque este argumento lo he compartido con amigos, colegas y gente representativa del sector comercial- complotó en contra de ese parate vespertino, la vuelta de la actividad comercial luego de aquel otro parate mayor por la cuarentena obligatoria.

La necesidad de volver a tener abierto el negocio, primero con horarios reducidos, hasta llegar al de “ocho a ocho” actual, hizo que todos quisieran aprovechar a pleno el tiempo permitido para vender sus productos. Pero también fue un duro golpe al “siestero” ese cambio de atención en los bancos, donde arranca una hora más tarde por la mañana y termina la atención al público en el “corazón” del horario de siesta histórica.

En este cambio significativo de la rutina provinciana, al menos de las dos grandes ciudades, también tuvo que ver lo dispuesto por algunas cadenas de supermercados, que ya desde antes de la pandemia habían instalado el horario corrido en sintonía con sucursales del resto de país. Pero hoy, en esa labor ininterrumpida, el centro piquense tiene vida en el rubro indumentaria y mucho más de regalería y polirrubros en general.

Me pasa que a pocos metros de mi casa, puedo comprar frutas y verduras en cualquier horario de ese límite permitido. Por ahí los que se resisten más a perder el ritual pos-almuerzo, son los carniceros y panaderos. Pero también he encontrado la posibilidad de comprar un pollito tipo dos de la tarde, sobre calle 21, y al preguntarle al dueño del negocio por qué tenía abierto, la respuesta tuvo que ver con lo antes dicho: “Probamos dentro de la cuarentena y estamos muy cómodos, porque no arrancamos tan temprano por la mañana y terminamos la jornada laboral mucho antes que en otros tiempos”.

En el rubro automotor hay otro ejemplo llamativo, ya que nos hemos encontrado con una importante representante de una marca líder, sobre la 17, que a las 14 tenía abierto, y si bien aseguran que es un horario de invierno, reconocen que les ha dado muy buen resultado: “Muchos clientes pasan por la agencia antes de ir a sus actividades vespertinas o luego de una mañana más larga de lo habitual”.

En el caso de las inmobiliarias ahí no hay mucha uniformidad, porque está el que no cambia la siesta por nada y hay más de un caso que está probando con esta nueva modalidad del corrido…

A todo esto, se va incrementando lentamente todo lo que tiene que ver con la venta online, que aún no logra competir con los monstruos nacionales o internacionales que han hecho estragos en el comercio local, pero también suman a que los cambios de la vida comercial piquense sean significativos.

Visto desde los ojos del cliente, tal vez sea muy personal, egoísta o subjetivo lo que voy a expresar, pero entiendo que “celebramos” esta posibilidad de tener horarios corridos.

Insistimos que es algo que vemos conveniente de este lado del mostrador, no que sea lo justo o ideal. Pero es lo que está pasando en este presente incierto, de miedos y dudas, más que de proyecciones o certezas de lo que pasará con nuestras vidas en el lugar que nos toque.

En definitiva, afirmar que la siesta histórica, sagrada y bien pampeana, va a quedar en el pasado, no suena descabellado, pero sí algo apresurado. Esperemos un poco más para saber si se trata de un “inviernito” solamente o algo cambió para siempre, de las tantas cosas que promete cambiarnos este enemigo invisible: Covid 19.

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