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Oscar "Calaca" Di Francisco: "El fútbol me regaló momentos imborrables"

Con el gol entre ceja y ceja. Así transitó los campos de la Liga Pampeana hasta transformarse en uno de los máximos artilleros de nuestro fútbol.

Oscar Di Francisco fue la definición perfecta de lo que es un goleador nato. Desde su desembarco en Ferro de Alvear, cuando la década del 70 amanecía, dejó en claro que su objetivo era la red del arco de enfrente. “Calaca” vivió una etapa inolvidable en el club verdolaga que está arribando a sus 100 años de vida institucional. Fue parte de grandes planteles, en los que su impronta fue decisiva. Refrendando con el grito sagrado que tiene el fútbol esa búsqueda permanente.

Nacido en 1952 en la ciudad cordobesa de Laboulaye, con apenas 14 años hizo su aparición en la primera división de Atlético, y en 1970 se dio el gusto de salir campeón, tras 18 años de espera de la gente del “tricolor”. En la siguiente temporada arribaría a Ferro de Alvear para comenzar así el idilio. “Mi paso por inferiores fue muy corto, como que salté todo ese camino al debutar tan pibe en primera. A los 16 me convocaron para la selección de Laboulaye, y en ese momento hice una prueba en Newell’s, me pusieron en reserva e hice un gol. Después me estuvieron llamando durante varios meses, pero finalmente decidí no ir”, relató Di Francisco, en el transcurso de una charla con este medio.

En su camino también se cruzó Independiente de Avellaneda, previo a su desembarco en Ferro. Sucedió en ocasión de un amistoso que una formación juvenil del Rojo (integrada, entre otros, por Bochini, Bertoni y Saggioratto), jugó en Laboulaye ante Sporting, donde Di Francisco actuó como refuerzo. “El partido finalizó uno a uno e hice el gol. Fernando Bello, que estaba al frente de la delegación visitante, se arrimó enseguida y me dijo de ir a Independiente, pero con el pase en blanco. Obviamente le respondí que sí, y en febrero de ese ‘71 me mandarían la carta. Pero bueno, hubo un partido en la localidad de Melo para inaugurar la iluminación de una cancha, fui con el combinado de Laboulaye y el rival era Ferro de Alvear. Empatamos cinco a cinco, anoté cuatro tantos y la gente del Verde habló con mi padre, interesada en contar conmigo”.

“A todos los goles los gritaba con pasión”

Así fue como la institución del norte pampeano pasaría a cobijarlo por siempre, a partir de su arribo ese año, ganando el torneo Apertura de la Pampeana en la definición ante All Boys de Trenel. ¿Independiente? A los 15 días de hacerse el pase para sumarse al alvearense, “Calaca” se enteró que en Atlético Laboulaye habían escondido la carta que había llegado desde Avellaneda. “Sucedió así, cosas que pasan...Enseguida me gustó vivir en Intendente Alvear, y me quedé para siempre. El fútbol me regaló momentos imborrables, y muchos amigos en todos lados. Me considero un tipo rico en amistad, el cariño de la gente lo percibo siempre. La vida me dio dos hijos maravillosos, Paula y Lucas, y tengo cuatro nietos (Sofía, Samuel, Emilia e Inés), que son los ojos de mi vida”.

Di Francisco dio tres vueltas olímpicas con Ferro de Alvear (temporadas 73, 74 y 76), y una con su homónimo piquense (1981). También vistió las camisetas de Roosevelt. Cultural Argentino e Ingeniero White de Banderaló, donde se retiró del fútbol en 1984. “En 1972 me quiso contratar All Boys de Santa Rosa, y también Almirante Brown. Pero estaba feliz acá. Los mejores equipos que integré fueron los que consiguieron el doblete, pero el más completo fue el que jugó el año 74. Resolvía con suficiencia todos los partidos. Siempre fui un tipo de perfil bajo, y en cuanto a los clásicos con los Azules, fueron bravos todos. Una semana antes de cada choque con ellos, entrenaba el doble para llegar de la mejor manera al domingo”, rememoró.

Amargar el día al cuidapalos rival fue la premisa de Di Francisco. Vivió por y para el gol, y así lo demostró a lo largo de su carrera. Los marcó de todas las maneras, pero guarda un sentimiento especial por el segundo que le marcó al auriazul trenelense en la definición del Apertura del 71, en la cancha de Independiente. La tomó casi de mitad de cancha y la clavó en un ángulo. Salió a gritarlo por toda la pista de atletismo que rodea al campo de juego. “Todos los goles son imborrables, y los gritaba con pasión, muy distinto a como hace la mayoría ahora. En cuanto a quienes jugaron conmigo, tuve a mi lado a grandes futbolistas. “Gonzalito”, Lalo Campos, “Sapito” Gómez, Necochea, Darío Delgado, Julio Pérez, por citarte algunos, fueron jugadores de cualquier tiempo. Ganadores, completos”.

En el final de la charla, “Calaca” evocó la previa de un cruce con Alvear, donde terminaría descollando. “Fue en 1972, unos amigos me invitan el sábado a bailar, la idea era que volviera temprano, y que no se enterara nadie. Pero me metieron en casa a las 8 de la mañana, y en un estado calamitoso. A las 11:30 apareció muy caliente Morasutti, integrante del equipo, me despertó, me dio un sermón bárbaro y un café grande. Seguí durmiendo hasta las 14:30, me levanté, vamos a la cancha de ellos y ganamos cuatro a tres. Esa tarde hice los cuatro goles”, concluyó.

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