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Oda a los protocolos

No es una cuestión trivial, que no tengamos circulación del virus no nos transforma en inmunes a la enfermedad. Que nadie se equivoque, no estamos a salvo. Esta es la segunda vez que vamos a referir en estas líneas a cómo lentamente vamos relajando socialmente, casi sin querer, las medidas de prevención que impone la pandemia. Es cierto que el riesgo de contagio y circulación en La Pampa es mucho menor que en otros puntos de Argentina, pero esto no pasó y no debemos olvidarlo.

En ese sentido, la única manera de seguir habilitando rubros y que esas nuevas actividades puedan reactivarse y retornar a cierta normalidad, es estableciendo y cumpliendo protocolos, los protocolos son absolutamente necesarios para ir saliendo ordenadamente y sin riesgos, de esta cuarentena. Hacerlo bien dependerá pura y exclusivamente de nosotros, pura y exclusivamente de nuestra responsabilidad y conducta cívica. ¿Queremos la reapertura de nuestra economía, queremos volver a nuestras actividades, que nuestros chicos regresen a clase, que nuestros mayores puedan ir y venir, aunque pertenezcan a grupos de riesgo, que todos tengan la posibilidad de trabajar? Bien, la manera de hacerlo es elaborando y cumpliendo protocolos específicos para cada actividad.

Los protocolos son documentos que contienen una serie de reglas y normas que deben cumplirse en un momento determinado, pero sobre todo establecen un compromiso individual y colectivo, compromiso invisible pero imprescindible. Nadie en el mundo esperaba la aparición del Covid-19, nadie la deseaba, nadie la pudo anticipar, pero llegó y provocó una crisis sanitaria, social y económica sin precedentes. Hizo volar por los aires todo lo que catalogábamos como nuestra normalidad e impuso una revisión de nuestros hábitos y conductas sociales. Tanto, que desde el coronavirus en adelante otro será nuestro planeta, otras nuestras costumbres, nuestras rutinas, nuestras maneras de relacionarnos, nuestra vida. Y no hay opciones, estamos obligados a adaptarnos.

Entre todas las novedades, el Covid-19 vino con un paquete de nueva terminología que, dicho sea de paso, ya usamos con cierta naturalidad: cuarentena, pandemia, virus, video conferencia, epidemiología, teletrabajo, barbijo, y por supuesto, protocolos, los documentos que deben llegar antes de cualquier flexibilización, antes de toda reapertura, de todo regreso a la actividad. Porque, aunque muchos protesten, son la herramienta adecuada para ordenar y organizar las nuevas relaciones que impone el escenario extraordinario que estamos viviendo. Por eso, en vez de enojarnos, quejarnos o desaprobar la implementación de los protocolos, deberíamos estar agradecidos y repasar la nómina de las ventajas que ofrecen.

Entre las múltiples bondades, la principal es que están destinados a prevenir situaciones de contacto y contagio, a cuidarnos y cuidar al prójimo. Es una herramienta legal que protege sobre todo a los empresarios y dueños de comercios. Brinda confianza y seguridad en el ámbito laboral, dado que ordena el funcionamiento interno de la actividad, los sistemas de trabajo, los turnos y establece procedimientos de actuación, además de facilitar la gestión dentro de la nueva normalidad.

Las cámaras empresariales, las pymes, los comerciantes, los industriales, los gastronómicos, los hoteleros, los consultorios, las inmobiliarias, todos los rubros adoptaron una actitud proactiva, todos pusieron a disposición de las autoridades especificaciones para sus sectores, todos contribuyeron a elaborar los protocolos de reactivación y reapertura. El tema es después, una vez aprobados e instituídos, la obediencia individual y social de los mismos. El tema somos nosotros y el después, un después que está siendo ahora.

De comprender cabalmente que no hablamos de una banalidad, que somos vulnerables, que no estamos exentos ni a salvo, que el Covid-19 sigue circulando en nuestro país y que es una amenaza latente si no hacemos las cosas bien, depende el hecho de que podamos seguir con nuestro número de contagios y casos en cero. Esto no pasó, no estamos a salvo, así que respetemos los protocolos, cumplamos y hagamos cumplir los protocolos, ponderemos y obedezcamos los protocolos. Entendamos de una buena vez que constituyen nuestra nueva normalidad, que llegaron para quedarse y para proteger nuestras vidas.

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