Editoriales | Dr. Eugenio Semino | Sociedad Iberoamericana de Geriatría y Gerontología

Nuestros viejos no tienen tiempo

Nuestros viejos siguen cuesta abajo, son la franja de la población que ninguno olvida a la hora de las promesas de campaña y todos postergan inmediatamente después de llegar al poder.

Debe ser muy triste trabajar toda la vida, jubilarse y tener que seguir remándola para subsistir. Debe ser muy triste tener que resignar una comida para poder pagar los medicamentos. Debe ser muy triste tener que recurrir al auxilio de los hijos para llegar a fin de mes. Debe ser muy triste llegar a viejo y vivir casi miserablemente.

Esta situación angustiante queda reflejada en la carta abierta que el Dr. Eugenio Semino, Defensor de la Tercera Edad, Presidente de la Sociedad Iberoamericana de Geriatría y Gerontología, Presidente del Comité Científico para América del Instituto Fernando Santi de Italia y consultor permanente de la Unión Europea para Políticas Sociales del Mercosur, publica días atrás dirigida al actual presidente, Mauricio Macri y al presidente electo Alberto Fernández, en la que les solicita que “instruyan a sus respectivos equipos encargados de acordar la transición, en el cambio de administración, a modificar la grave situación que atraviesan los Adultos Mayores jubilados y pensionados”.

Semino arranca diciendo algo tan decisivo como básico: “los Adultos Mayores de Argentina no tienen tiempo para esperar”, ¡como si hubiera que explicarlo! Sin embargo, en nuestro país parece que sí, que hay que explicar hasta lo evidente y aun lo manifiesto resulta insuficiente, como en el caso de nuestros viejos. Solo en el mes de octubre el valor de la canasta básica de los jubilados alcanzó los 38.000 pesos, mientras que lo que recibieron quienes cobran la mínima fueron 12.938, algo así como el 34% de lo que hubiesen necesitado para vivir. Las cifras son escandalosas y hablan por sí mismas.

Seguramente por eso el Defensor de la Tercera Edad se vio compelido, una vez más, a alertar públicamente sobre una situación que no da para más, apelando tanto a los que están en el gobierno como a los que llegan: “La presente misiva está destinada a solicitarles, respetuosamente, que instruyan a sus respectivos equipos encargados de acordar la transición, en el cambio de administración, a modificar la grave situación que atraviesan los Adultos Mayores jubilados y pensionados, comienza.

El progresivo deterioro del poder adquisitivo de sus históricamente insuficientes haberes, en los últimos dos años, en relación con su canasta de necesidades básicas, pone en franco deterioro su calidad de vida y en riesgo la misma.

Hace una década, desde la Defensoría del Pueblo, venimos advirtiendo insistentemente a las autoridades de esta situación, publicando las canastas de necesidades del sector, que adjuntamos para ilustrar lo señalado.

Este análisis impone la necesidad de una recomposición de emergencia en los beneficios de jubilación y pensión, al margen de los reajustes programados por ley de movilidad”.

Nuestros jubilados llevan más de una década de sangría, no han parado de perder, han sido la variable de ajuste de todos. Desde mayo del 2010 hasta octubre de este año, la canasta básica del sector aumentó un 1.742%, según se desprende de un informe elaborado por la Defensoría de la Tercera Edad, mientras que la jubilación mínima aumentó en igual período solo un 1.137%.

Saquen cuentas rápidas, no hay chances, no pueden llegar a fin de mes. Suena horrible, pero la sensación de ser desechables que acompaña en sus últimos años a muchos de nuestros jubilados, es fundada.

Son muchos los argentinos a los que no les alcanza, muchos los que están en una situación crítica, pero no hay que olvidar que cuando hablamos de nuestros viejos, referimos a una etapa de la vida en la que el nivel de vulnerabilidad es mayor y en la que, como señala Semino, ya no hay tiempo para esperar.

A ellos, nuestros viejos, es a los que Macri invitó a “seguir remándola sin llorar” a ellos, que apostaron toda su vida por el país y laburaron para “gozar” después del merecido descanso. A ellos, a nuestros viejos, es a los que Alberto Fernández les prometió en campaña electoral un aumento del 20%, que claramente no alcanza para sacar de la miseria a nuestros abuelos, pero constituye un buen primer paso. Uno ya se va y no hizo nada de lo que prometió, los deja en una situación lamentable, el otro tiene la posibilidad de ponerlos en primer plano. El tiempo, como siempre, traerá todas las respuestas, el mismo tiempo que nuestros viejos no tienen.

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