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Nuestro rumbo es indescifrable

Coherencia, correlación, analogía, lógica, sensatez, criterio. Hagamos una lista, completemos las palabras que se le han caído del diccionario. Si no hay un plan, que empiecen por algo tan elemental como una estrategia rudimentaria que se apegue al sentido común, que guarde una concordancia elemental entre todas sus partes. Algo como para comenzar, porque vistas desde el llano, muchas decisiones son indescifrables.

Repasemos: se analizó pagar o no pagar el IFE, finalmente lo pagaron rascando el fondo de la lata, pero al unísono presentaron un plan para reactivar el turismo pospandemia compensando el 50% del valor de todos los paquetes turísticos internos que se vendan antes del 31 de diciembre. Va de nuevo: al mismo tiempo que el Congreso avanza para que el Estado le devuelva la mitad de su gasto a cada argentino que este año compre paquetes de turismo interno, se analiza si alcanza o no para pagar la tercera cuota del Ingreso Familiar de Emergencia a 9 millones de personas. Otra vez: no saben si llegan a brindar la ayuda básica para que la gente coma y se fijan en las vacaciones.

La decisión de subsidiar al turismo busca “proteger el empleo”, sin dudas de uno de los sectores más golpeados por la pandemia. Estiman que la medida moverá unos 32 millones de pesos, beneficiará a 1 millón de personas y llevará alivio a las economías regionales que viven del turismo. Aun considerando la gravísima situación del sector, es contradictorio si ponemos en la balanza las urgencias y las prioridades que deben primar en un momento como el que atravesamos. La decisión no supera el filtro del sentido común más embrionario.

Igual no es ese el único ejemplo. El Gobierno analiza una nueva moratoria impositiva y previsional masiva a 10 años al mismo tiempo que tanto a nivel Nación como en varios territorios provinciales se aumentan algunos impuestos. Es decir que, mientras por un lado se admite y concede que no se pueden pagar los impuestos, por el otro los aumentan o crean o piensan en crear nuevos gravámenes.

O la otra, estudian un impuesto a quienes fijen su residencia fiscal en Uruguay, para evitar el éxodo de argentinos hacia el país vecino en respuesta al incremento de personas que realizaron consultas para dar el salto al otro lado del río, pero no hay un solo análisis de por qué se quieren ir, cómo hacer para evitarlo, qué beneficios hay en Uruguay que no está ofreciendo Argentina. ¿No sería lógico comparar y considerar qué está pasando, por qué estamos en riesgo de que se produzca una huida colectiva?

¿Una más? Llevamos años hablando de generar empleo, potenciar las fuentes laborales genuinas, incentivar la toma de más trabajadores en las empresas, pero a la hora de formalizar cambios en la legislación, a la hora de impulsar una reforma laboral que realmente favorezca a todos, a la hora de propiciar las modificaciones que nos permita despegar de una situación que nada tiene que ver con la pandemia porque la padecemos hace más de una década, no pasa nada. A la hora de la verdad, el que toma un empleado se condena. Las leyes laborales argentinas propician el desempleo y el trabajo en negro, esa es la verdad, seamos francos, aunque duela. Tomar un trabajador en nuestro país es comprarse un dolor de cabeza.

¿Cuántas palabras perdimos del diccionario? No somos coherentes, no actuamos con sensatez, y no tienen que ver la cuarentena, ni la pandemia, que en todo caso solo agudizan nuestras perpetuas contradicciones. Lo nuestro no es de ahora, vivimos en la contradicción permanente, hace mucho que no tenemos rumbo, que no tenemos un plan, hace décadas que los argentinos escuchamos más discursos que proyecciones a futuro, no tenemos un proyecto de país, no hay un objetivo común, una idea colectiva. Peor, a veces parece que ni siquiera hay un bosquejo, un boceto mínimo garabateado sobre una humilde hoja de papel. Votamos intenciones, no votamos proyectos, eso explica mucho de lo que nos pasa.

Así venimos, así seguimos, así vamos. Sin coherencia, sin lógica, sin criterio. Podemos proponer una acción y al unísono su contraria sin que se nos mueva un pelo, todo vale. No sabemos qué va a pasar hoy, mucho menos mañana, no sabemos hacia dónde vamos, ignoramos qué vamos a hacer de acá a dos días. Nuestro rumbo es indescifrable. Nos dicen que hay un plan, que había uno antes de la pandemia y que ya hay otro para cuando salgamos. ¿Habrán encontrado las palabras que se cayeron del diccionario?

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