Editoriales |

Nos están faltando precisiones

Al parecer, estamos empezando a transitar la tan preanunciada "nueva normalidad", el término que acuñaron el año pasado con el objeto de prepararnos para lo que vendría. Aquí estamos, entrando en esta nueva etapa de la que sabemos bastante poco sobre qué esperar, porque nadie nos adelanta demasiado

Al parecer, estamos empezando a transitar la tan preanunciada “nueva normalidad”, el término que acuñaron el año pasado con el objeto de prepararnos para lo que vendría. Aquí estamos, entrando en esta nueva etapa de la que sabemos bastante poco sobre qué esperar, porque nadie nos adelanta demasiado. “Poner la Argentina de pie” y tener la intención de “no aplicar ajustes”, son algunos de los enunciados no enunciantes de nuestro Presidente. ¿Qué es “poner la Argentina de pie”, cómo piensa ponerla de pie? Escasean las certidumbres y las especificaciones respecto a lo que vendrá en el mediano y largo plazo.

Sabemos que los indicadores con los que contamos para asumir el futuro, son bastante desalentadores: tenemos una economía hecha añicos, con algunos mínimos signos de recuperación, una inflación que fue y sigue siendo preocupante, una inflación que se engulló nuestros salarios y amenaza con seguir deglutiendo poder adquisitivo. También tenemos la amenaza de la pandemia como una espada de Damocles, la pandemia que pende sobre la suerte de apertura y cierre de nuestros comercios. Tenemos planes de vacunación que avanzan con más lentitud de la que nos gustaría, una vacunación con dosis que no llegan, que no alcanzan para todos los que debería estar vacunados, una vacunación sospechada, inundada de suspicacias y malos presagios.

Al gran deterioro del empleo y los ingresos, hay que sumar el aumento de la expansión monetaria para financiar la política fiscal del 2020, cuyo objetivo principal fue la asistencia frente a la pandemia. Una asistencia que fue amplia pero que no pudo contener la sangría de pobres, porque la pobreza y la indigencia se dispararon, trepando a la categoría de alarmantes, alcanzando un porcentaje del 40,9% en el primer caso y del 10,5 % en el segundo.

Con un panorama de “nueva normalidad” tan complejo y dificultoso, el enunciado que anticipa que es la intención del Gobierno nacional “poner la Argentina de pie” solo provoca dos reacciones lógicas: la primera es ¡menos mal!, bueno sería que nos digan esto es lo que hay, a aguantarse y a joderse, arréglenselas como puedan. La segunda, un poco más seria, es que frente a semejantes desafíos, con un panorama de fluctuación y desequilibrio económico como el que transitamos, con tantas fragilidades sociales atravesadas, la generalidad del argumento es bastante imprecisa como para generar alguna condición mínima de confianza acerca de lo que nos puede deparar el futuro.

Demasiado poco como para sembrar certidumbre, demasiado escaso como para incentivar la producción y la inversión, demasiado exiguo como para generar empleo, como para promover el entusiasmo del sector privado, como para impulsar la puesta en marcha de proyectos de inversión del sector privado, como para que el campo sienta que se despejan las tensiones, que será un año en el que no habrá nuevas confrontaciones.

No hay que explicar que en economía las expectativas juegan un rol trascendental, son un elemento intangible que condiciona las decisiones y las acciones. Las expectativas influyen en las decisiones personales y empresariales, las expectativas presentes condicionan el futuro, por eso es tan importante trazar un panorama en el que el grado de incertidumbre sea mínimo y el de especificidad, máximo, para que esa perspectiva, ese binóculo apuntando al futuro, tenga el mayor grado de visibilidad y claridad posible.

A esta “nueva normalidad” le andan faltando un puñado de precisiones, de especificaciones capaces de generar expectativas favorables. Los empresarios, los comerciantes, los agropecuarios, los ciudadanos en general, necesitamos certidumbres, planes, proyectos, estrategias, herramientas, programas y reglas de juego claras. Necesitamos también que el Estado sea garante de los derechos de todos y no el desencadenante de conflictos de intereses.

“Poner de pie a la Argentina” es un enunciado raquítico, hacen falta definiciones, anuncios de políticas que señalen cómo vamos a avanzar, hacia dónde, que indiquen el camino, que hagan una proyección sobre los aspectos centrales de nuestro año de estreno de la “nueva normalidad”, un ciclo atravesado además por las perspectivas electorales y por la pandemia que está y seguirá presente en nuestras vidas. Entre todas las cosas que esperamos en este país, también están las definiciones sobre nuestro futuro a mediano y largo plazo, decir que van a “poner de pie a la Argentina” es decir nada.

Dejá tu comentario