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No sumemos conflicto al conflicto

El pobre René Descartes creía que el sentido común era lo que mejor repartido estaba en todo el mundo, para él era una condición innata del ser humano. Su colega Voltaire estaba más acertado, el entendía exactamente lo contrario, que el sentido común era el menos común de los sentidos. Si, actualizando la definición cartesiana, entendemos hoy al sentido común como aquella intuición que nos permite ponderar la realidad y establecer juicios certeros respecto a ella, sería más que evidente el error del filósofo, matemático y físico francés.

A las pruebas los remito, husmeen un poco la actividad gremial en el contexto de la pandemia y se encontrarán con descabellados que pretenden aumentos salariales en medio de este escenario en el que no sólo está en juego el pago mismo de los sueldos de muchísimos trabajadores, sino que además peligra la continuidad de innumerables empresas. Quieren paritarias en un momento que quedará registrado en la historia como el peor entre los peores, como el más crítico en décadas.

Si fuera cierto que el sentido común es el más común de los sentidos, a nadie se le ocurriría, con la actividad económica en caída libre, con la imposibilidad de proyectar algo de acá a uno o dos meses, sin un horizonte y sin certezas, pretender una negociación salarial. Hay que ser muy partidario de la ciencia ficción o carecer de sentido común para pretender una discusión de esa naturaleza en el medio de la pandemia.

Los especialistas económicos ya anticiparon que además de la incertidumbre generalizada, este año estará signado por la heterogeneidad de la realidad de los sectores, ya que algunos están en crisis y otros en auge, algunos pactan suspensiones y bajas de salarios a cambio de no quedarse sin trabajo, mientras otros siguieron trabajando y están percibiendo algunos aumentos programados.

Aún así, la actividad económica en general está muy mal, por lo que cabe preguntarse qué puede prometer una empresa si no sabe qué pasará el mes próximo y qué puede pedir un sindicato, si sabe que algunos trabajan, otros no tanto y otros están en casa y no podrán regresar a sus puestos por largo tiempo.

Quienes entienden en temas laborales aseguran que lo más probable es que se produzca una atomización de la negociación colectiva, esto quiere decir que cada uno hará lo que pueda en su micro universo, que la única forma de acordar será mediante pequeñas negociaciones directas, acuerdos específicos sujetos a los términos, condiciones y posibilidades de cada caso. Sería algo así como acuerdos a medida. Hay que pactar, hay que estar dispuesto a escuchar y negociar, más que a gritar y arengar a través de los medios, porque ya está difícil y lo que viene va a ser mucho peor.

Así que es un buen mensaje para los gremialistas y los delegados de todas las empresas, que intenten demostrar que Decartes tenía razón, van a tener que hacer primar el sentido común para tratar de negociar acuerdos específicos sujetos a las posibilidades, van a tener que ver el tamaño del traje antes de intentar ponérselo. Y el sentido común indica que hoy las negociaciones salariales deberían acompañar la situación, es buen consejo incluso para los que no detuvieron sus actividades, esos precisamente deberían dar el ejemplo, a sabiendas que son muchos los que se vieron obligados a firmar rebajas salariales y suspensiones a cambio de la continuidad laboral.

En tiempos de pandemia hay que tratar de achicar los riesgos, no hay que perder de vista que en Argentina hoy caminan por la cuerda floja muchísimas fuentes laborales. Por eso mismo tendrían que tener la cabeza puesta en cómo reactivar la economía y aportar para poner en marcha todas las actividades, en vez de presionar sobre una situación que es lisa y llanamente una olla de presión.

Claro que no estamos todos en igualdad de condiciones, claro que algunos escapan a las limitaciones generales en materia de aumento salarial, como los estatales, que en esta situación se encuentran en una posición de privilegio respecto al resto. Pero, aun así, aún ellos, no deberían omitir que a esta altura las mediciones de consultoras privadas ya estiman que las suspensiones de personal sin tareas a cambio de una rebaja salarial superan el millón y medio de trabajadores, y todavía no terminamos de atravesar la cuarentena.

Señores, regalémosle a Descartes su triunfo histórico, hagamos que tenga razón, usemos el sentido común. Atravesamos un momento sumamente crítico, el peor de los peores, no sumemos conflicto al conflicto.

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