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No se puede vivir en pausa

Creer que nuestra flexibilización es suficiente para estar bien, creer que porque los pampeanos no tenemos circulación viral alcanza para que estemos a salvo y no se vea resentida nuestra vida, constituye un análisis egoísta, ingenuo y también corto. Tenemos que estar muy preocupados por los grados de confinamiento que atraviesan distintos territorios de Argentina, tenemos que saber que 100 días de cuarentena empiezan a pegar hasta en el ánimo de los más templados. No se puede vivir en pausa, no se puede vivir sin plazos, sin proyectos, sin previsiones y eso, nos va a afectar a todos, a nosotros también, aunque creamos que estamos lejos y que hemos ganado cierto grado de normalidad.

Un país es un sistema y ningún sistema puede funcionar de manera correcta si una de sus partes está afectada. Por eso, no alcanza con que nosotros estemos en una fase superadora respecto de otras ciudades, no estamos a salvo, ni estamos bien. Estamos mal porque, como sistema, necesitamos cada parte para funcionar. La “normalidad” de la que disfrutamos, es una “normalidad” entre comillas, es una “normalidad” disfuncional.

Sabemos que la argentina será una de las más castigadas de la región por el efecto coronavirus, sabemos que la cuarentena extensísima, sobre una economía que ya era débil mucho antes de la pandemia, va a dejar secuelas gravísimas. Sabemos que la resistencia psicológica a tantos días de confinamiento va menguando, que se logró el aplanamiento de la curva de contagios pero ahora empiezan a lidiar con la curva de la paciencia, que no hay manera de que el aislamiento resulte psicológicamente irrelevante. Sepamos también que de esta no salimos hasta que salgamos todos. No hay “sálvese quien pueda”, nadie puede.

No hay discusión en torno a la efectividad que ha tenido la cuarentena, lo que se discute ahora es la proporcionalidad entre dos males, proporcionalidad que podría sintetizarse en: salud & salud. A esta altura hay un impacto del aislaimiento, tan ineludible como el económico: el sanitario y psicológico. Parece contradictorio que por cuidar la salud atentemos contra la salud, pero es así, para reforzar el sistema sanitario y ponerlo en condiciones para enfrentar el Covid-19, estamos debilitando la salud de nuestra gente.

La postergación de las prácticas comunes como ergometrías, ecocardiogramas, endoscopías, o el estricto cuidado de patologías crónicas como diabetes, cardiopatías, obesidad, hipertensión o colesterol, por mencionar algunas, es lejano para nosotros, pero cotidiano para los que permanecen en estricto confinamiento sin saber cuándo terminará la cuarentena. Cómo no tener presente que son muchas las personas cuyas vulnerabilidades están siendo desatendidas, que por cuidar la salud están descuidando la salud. Cómo no tener presente que son muchas las personas que ya no pueden sostener con la cabeza el confinamiento. Cómo no tener presente que son muchos los que ya no pueden optar entre salud & economía porque ya no tienen de dónde sacar ni a quien pedirle ayuda.

Se está poniendo difícil sostener el discurso de preservar la vida de los argentinos, hace agua, no se puede vivir en pausa, simplemente porque eso no es vivir, no está lo esencial, no se puede ser felíz así. Empieza a ser una falsa dicotomía en la que lo que en realidad está en juego es salud & salud.

La pandemia nos arrasó a todos en todo el planeta, a los ricos y pobres de los países ricos y los países pobres, pero, no todos vamos a recuperarnos igual, los daños colaterales de unos y otros no serán los mismos, somos más vulnerables, vamos a sufrir más y vamos a sufrir todos. En esto no hay mejores y peores, somos un sistema débil y estamos al límite.

Hay quienes aseguran que la extensión de la cuarentena será hasta setiembre, otros incluso hablan de un tiempo aún mayor. Por si no lo están viendo, eso no será posible, las críticas aumentan al mismo ritmo en que la paciencia decrece y es una métrica musical que tiende a una composición cada vez menos armónica. No se puede vivir en pausa, sin plazos, sin proyectos, sin previsiones, sin horizonte, no se puede. Y nosotros, los pampeanos, aún en nuestra bien ganada flexibilización, no podremos estar bien hasta que todos estemos bien.

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