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No saben de qué hablan

La verdad es que no saben de qué hablan, no tienen la menor idea. Hablan, pero no la viven en carne propia, no la sufren como cualquiera de los de a pie, no saben lo que significa la incertidumbre total, la angustia de no poder proyectar, planificar, de no saber qué puede pasar mañana, o pasado mañana, o el mes que viene, la incertidumbre que mata y que ellos, tanto políticos como trabajadores afines a los políticos, no padecen. Por eso hablan, pero no tienen la menor idea del drama que viven los que están del otro lado del mostrador.

Palabras más, palabras menos, así se expresaba uno de los tantos pequeños empresarios a punto de ya no serlo. La angustia le rodaba por la garganta y se le hacía palabras, estaba enojado, con razón, porque hace mucho que la viene sufriendo. No saben de qué hablan, decía indignado, siguen cobrando el 100% de sus salarios pase lo que pase, los han cobrado y los van a percibir, aunque les haya tocado quedarse en casa sin hacer nada, cuando hablan de cuarentena o del descalabro económico que está generando la pandemia, hablan, explican, creen, suponen, infieren, pero la verdad, es que no saben de qué hablan.

Cuando se sientan frente a las cámaras, o se paran frente a un micrófono y analizan los parámetros económicos, y dicen que está bien o mal, cuando hablan del impacto económico, de las previsiones del FMI para la economía argentina, de las perspectivas de la caída del PBI, le hablan a sus pares, a su universo, no a los de a pie. A nosotros no nos mueven el amperímetro las previsiones del FMI ni las de la caída del PBI, son chino básico, lo que sabemos perfectamente sin necesidad de escuchar ningún discurso ni acudir a ninguna previsión es el impacto en nuestros bolsillos, en nuestro día a día, en nuestro trabajo, en nuestra economía doméstica, en nuestra calidad de vida.

La realidad es que cuando estén disponibles los porcentajes de la caída del PBI, cuando realmente se puedan ponderar, para los ciudadanos como nuestro interlocutor importará poco, ya será tarde para las pymes que tuvieron que cerrar, para los laburantes que se quedaron sin trabajo, para los negocios que bajaron la persiana, para los que quedaron endeudados, los que no pudieron trabajar por meses y quebraron, para los que perdieron todo. Es decir que cuando realmente se sepa cuánto cayo en el 2020 el PBI, no será más que un número intrascendente, una cifra anecdótica, como tantas.

De hecho, ya se conocen los datos del primer semestre el año y las proyecciones para lo que resta. La caída interanual, considerando que casi no hubo cuarentena, fue de 5,4%, por lo que no es ilógico suponer que la de la segunda parte del año la duplique, como mínimo. Pero para todas estas personas, 5,4%, 10% o 15% o 25%, da igual, es un número que a lo sumo completará lo que saben en carne propia de la actividad económica: antes de la pandemia estaban mal, ahora están peor y cuando esto termine va a ser catastrófico. Antes de la pandemia había mucha pobreza e indigencia, ahora aumentó el número de vulnerables y cuando esto termine, va a ser dramático.

Aunque no entiendan mucho de economía, tienen clarísimas las consecuencias porque ya las sufrieron antes, saben que, con emisión monetaria descontrolada, nada de lo que sigue es bueno, ni fácil, ni simple. Pueden no entender mucho de economía, pero de inflación y de crisis, saben de sobra, tienen un doctorado hecho en la calle, un máster producto de todo lo que han puesto para salir, para seguir adelante. También son expertos en invertir y en que la realidad les arrase los ahorros, los sueños, las ganas, en que las malas decisiones políticas y las crisis les traguen todos sus esfuerzos, en tener que poner el lomo mientras escuchan discursos y promesas, que muchas veces vuelven a desilusionarlos.

¿Qué nos van a contar? ¿Qué nos van a pedir? ¿Qué no nos desanimemos? Se preguntaba enojado y angustiado en empresario. ¿Nos van a decir que ni bien esto pase podremos reabrir nuestros comercios, que van a llover las oportunidades laborales para los que se quedaron en la calle, nos van a decir que volvamos a confiar, que volvamos a invertir, que pongamos otra vez el lomo, los sueños, los ahorros, que a esto va a seguir una etapa de crecimiento económico, de bonanza? No, no lo tomen a mal, pero la verdad es que cuando hablan, hablan desde la comodidad de sus posiciones, sin tener la menor idea de lo dramático que es ser y vivir de a pie en este bendito país, concluyó casi llorando.

Uno puede estar de acuerdo o no con lo que expresaba, lo que no puede hacer es no escuchar, o no considerar su dolor y su angustia. Lo deseable, frente a tantos y tantos que por estos días están libando dolor, es que, cuando pueden exteriorizarlo, los respetemos, y lo provechoso es que los políticos y todos aquellos a los que les cabe la responsabilidad de las decisiones, puedan recorrer, hablar cara a cara con los vecinos y practicar la empatía, con todo el respeto y la consideración que cada argentino que ha puesto todo por este país, se merece.

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