Editoriales | Gobierno Nacional

No hay plan

Dejen de entretenernos que somos grandes y nos damos cuenta. No hay plan, no hay, no lo tienen.

Vamos yendo, pero ni siquiera rumbeando, porque no hay programa, no aparece nada sustentable en el horizonte. Por ahora, en dos meses de gobierno, el único tema económico sobre el que machacan es la deuda. Han gestado un nuevo relato edificado sobre el peso específico del endeudamiento, las complicaciones financieras a corto plazo y las derivaciones futuras si no se logra una renegociación.

Obvio que estamos endeudados, excesivamente empeñados, sabemos que la deuda es un lastre y que hay que negociar o reperfilar, como les gusta decir a los especialistas, pero no es menos cierto que hay también un acting, que se agiganta la relevancia y se dramatiza un poco sobre el tema para transferir la responsabilidad de todo lo que pueda salir mal a lo que heredaron, al país “arrasado” que recibieron. Y de paso, repiten el esquema característico argentino, de jugarla de recién amanecidos, negando en el colmo de la hipocresía, las responsabilidades históricas que le caben a todos por el infierno que estamos viviendo.

¿Alguno se acuerda desde cuándo estamos endeudados? O mejor al revés, ¿alguno tiene registro de cuándo no estuvimos endeudados? Por eso, la superficialidad con la que nos hablan levantando el dedito para señalar al anterior es insólita. Vamos gente, que, a todas las caritas de todas las fotos, de todo el arco político las venimos viendo hace décadas. Entonces, no fueron ellos, al menos no ellos solitos; en todo caso fueron ellos y ellos y ellos y ustedes. Todos.

Y valga también el mea culpa, porque si todos los dirigentes, de todas las épocas, han escrito su propio relato, han disertado señalando al prójimo y omitiendo las culpas de su propio espacio, es porque no hemos hecho nada para que eso no suceda, simplemente hemos dejado decir y hacer. O hemos creído, que sería más loable, pero también mucho más ingenuo, habida cuenta que es un clásico de nuestra política nacional hablar mal de los anteriores tirándoles por la cabeza el fardo de todos los males de todos los tiempos de toda la historia. Es un poco imperdonable, pero mucho más, que sigamos comprando el discurso repetido.

Volvamos al plan, o mejor dicho, al no plan. No hay que ser un académico de la economía para saber que la buena marcha de esta ciencia depende siempre de una multiplicidad de factores y que en nuestro caso particular, si bien es clave para nuestro futuro qué se hace y qué no con la deuda, también es fundamental planificar cómo vamos a hacer para empezar a producir competitivamente, para incentivar el comercio, para integrarnos al mundo, para generar empleo, para multiplicar oportunidades, para poner en marcha la economía y salir de tantas décadas de estancamiento.

Además, convengamos que si bien va a demandar tiempo, muchos viajes y muchísimas reuniones destrabar el intríngulis chíngulis de la deuda y lograr un nuevo acuerdo más razonable, arreglar vamos a arreglar, simplemente porque aunque la renegociación sea ardua, no le conviene a nadie no llegar a un resultado fructífero. Por eso, relajemos con este tema, la negociación tiene un solo destino: arreglar, nadie se beneficia con un fracaso.

Por supuesto, en el medio volveremos a ser testigos del acting de las tremendas dificultades que implica el reperfilamiento, de cómo se traban las negociaciones, de los grandes sacrificios que involucra este desafío y de cómo nuestro futuro depende íntegramente de lo que resulte de las inteligentes gestiones que se están desarrollando. Todo va a valer para mostrar un magnífico triunfo producto de esta noble gestión. Ya vimos esta película muchas veces.

Adelantemos el almanaque unos meses y supongamos que sorteamos el escollo, ya arreglamos la situación y podemos suspirar gracias a la pericia de nuestros grandes negociadores y todo el esfuerzo que invirtieron en conseguir semejante hazaña, ¿y entonces qué? Y entonces debería ya estar marchando el plan maestro para evitar volver a pedir dinero para financiar la nada misma, porque no es que nos endeudamos para dotar de infraestructura el país, para generar riqueza o para salir a flote, nos hemos endeudado siempre para seguir a flote.

Necesitamos un plan, necesitamos un destino, necesitamos salir del estancamiento permanente y de la recesión cíclica. Necesitamos un plan y, por supuesto, que dejen de entretenernos, que somos grandes y nos damos cuenta.

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