Editoriales | Evo Morales | José ‘Pepe’ Mujica

No hay caso, no aprenden

Se equivocan, pero no aprenden. Ni siquiera consultan la historia, en la que abundan ejemplos trágicos de líderes políticos que intentaron perpetuarse en el tiempo, nada ni nadie los convence de echar mano de la experiencia de otros para capitalizarla a su favor. Estamos rodeados de procesos en los que la ambición desmedida termina por entrampar a quienes fueron legítimamente electos, por esa manía, sobre todo latinoamericana, de atornillarse al sillón para perpetuarse en el ejercicio del gobierno de una nación.

El sabio expresidente uruguayo, José ‘Pepe’ Mujica, suele decir que “naturalmente, el hombre es un bicho bastante vanidoso, y es fácil a quien le toca el liderazgo, caer en la miopía de creerse que el centro de la historia es él y no compone otra cosa que un episodio de historieta. La enfermedad existe, porque es hija de la vanidad humana”.

Es tan básico, que lo aprendemos en la escuela primaria: la alternancia es uno de los pilares fundamentales de todo sistema democrático. No obstante, estamos acostumbrados a los errores de muchos líderes que creen que pueden vivir dando la espalda a ese principio insoslayable y así les va, y así nos va. En algún momento y por algún motivo indescifrable, creen que pueden quedarse eternamente en el poder y empiezan a armar sofisticadas estrategias para justificar su propósito y es ese el instante en que comienza la lucha por “continuar el proyecto” y borran con el codo lo que escribieron con la mano y en un principio fue un proyecto honesto y genuino.

Cómo es que pierden el norte y se convencen que son los únicos que encarnan la garantía del bienestar de sus pueblos, es difícil de comprender, pero es así, nos cuesta la convivencia entre fuerzas políticas diferentes y mucho más construir y desarrollar un proceso sano de alternancia que comparta de manera natural proyectos y objetivos estratégicos de largo plazo.

Nos sobran los ejemplos, empezando por el último que lo tiene como protagonista a Evo Morales. Recordemos a Hugo Chávez y su heredero Nicolás Maduro en Venezuela, con el agravante en el último caso de cargar sobre sus espaldas con la expulsión de 5 millones de venezolanos y miles de muertes de compatriotas. O Daniel Ortega que gobernó Nicaragua entre 1985 y 1990 y retornó en el 2007 para quedarse hasta hoy. O pensemos en nosotros, que tuvimos a Carlos Menem sentado en el sillón durante 10 años y se fue porque no logró su cometido de ser re-re-reelecto, o el matrimonio Kirchner que gobernó durante 12 seguidos. Y si prefieren, salgamos de nuestra región y busquemos ejemplos en los países del primer mundo, que también tienen lo suyo, piensen en Francois Miterrand que gobernó Francia durante 14 años, o Angela Merkel, que lleva al frente de Alemania y dirigiendo la Unión Europea 15 y ni los temblores que hablan de un evidente problema de salud la han hecho desistir de su deseo de seguir al frente de los destinos de su país. Evidentemente la adicción al poder, no es un problema sólo de este lado del charco y tampoco tiene que ver con países más o menos desarrollados, es un dilema humano, porque, como dice Mujica, “el hombre es un bicho bastante vanidoso”.

Aclaramos, por si es necesario, que muchos de los mencionados encarnaron en sus países genuinos proyectos políticos de liberación, de conquista de derechos postergados, luchas honestas y necesarias que luego opacaron por querer quedarse eternamente en el poder. Fueron procesos que implementaron un verdadero cambio de paradigma pero que con el paso del tiempo dejaron de escuchar a su gente y como consecuencia de la ambición desmedida, no comprendieron que el ciclo llegaba a su fin. Seguramente si hubiesen entendido que era el momento de retirarse y pasar la posta, se hubiesen ido con todos los honores, entrando a la historia por la puerta grande.

La alternancia es uno de los valores fundantes de la democracia. Rotar el poder es necesario y saludable, perpetuarse no es natural ni democrático. Cuando cumplamos con este concepto clave, cuando primen sobre el egoísmo y las ambiciones personales de perpetuidad el pluralismo y la alternancia, seremos democracias plenas y fuertes. Por ahora, se siguen equivocando y aunque sobran ejemplos, no aprenden.

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