Editoriales | coronavirus

No hagamos del coronavirus una pandemia psicológica

Seamos responsables, individual y socialmente, porque la nueva amenaza es que estemos contribuyendo a una pandemia psicológica. El coronavirus es preocupante y no hay que desestimar ninguna de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud ni de las autoridades sanitarias nacionales o provinciales, pero tampoco hay que irse al otro extremo y entrar en una psicosis personal y social, no contribuye en nada si tomamos medidas que no recomienden los profesionales idóneos. En ese caso, sólo contribuimos a generar un caos innecesario e imprudente.

Es comprensible que el bombardeo mediático constante sobre la enfermedad nos apabulle, que de repente, en un par de semanas, como consecuencia de semejante cantidad de información, tengamos la percepción de que sabemos mucho sobre un virus del que hasta hace poco desconocíamos hasta el nombre, pero no nos engañemos, no somos médicos y tampoco lo son muchos de los que toman en sus manos la tarea de informar sin que medie la palabra de un especialista. Por ende, es importante descartar las recomendaciones que no hayan emanado de fuentes oficiales y no tomar alternativas que no contribuyen a minimizar riesgos.

No dejemos que el miedo se transforme en pánico y afecte nuestra vida más de lo necesario. No dejemos que el coronavirus se transforme en un monstruo de tal magnitud que termine por entorpecer las medidas preventivas reales necesarias para contener la enfermedad.

El miedo es una emoción positiva en tanto y en cuanto previene problemas y nos predispone para ocuparnos de lo que tenemos que hacer para cuidarnos, pero sin omitir que en este caso ocuparnos y cuidarnos implica escuchar y seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y de las autoridades locales. Escuchar, leer y tomar medidas difundidas por gente no idónea no es una opción.

Vayamos a un ejemplo simple y visible: no hay barbijos, todo el mundo salió a comprarlos innecesariamente. La recomendación de la utilización de barbijos es para personas que tengan síntomas que puedan relacionarse con la enfermedad, para las que hayan estado en zonas afectadas por el virus o para quienes se encuentran en contacto con individuos que puedan presumir algún riesgo. Entonces, por qué las farmacias no tienen stock de barbijos. Simple, todos han salido a comprarlos por las dudas, generando el faltante que puede tornarse en un problema si alguna persona que realmente lo necesita tiene que conseguirlo y se le dificulta. Es sólo un ejemplo de los que abundan.

Si los que hablan no son epidemiólogos o infectólogos, si los que hablan son sólo opinólogos de ocasión, hagamos caso omiso, no sumemos a su irresponsabilidad social, nuestra iresponsabilidad personal. El miedo es lógico, porque una pandemia que apareció de golpe y se multiplica por el mundo a gran velocidad, asusta, pero no hay que dejarse llevar, el pánico es un pésimo consejero.

No se aisle si no es necesario, no teja teorías conspirativas, no discrimine, no tome medidas innecesarias, no repita información de fuentes dudosas, no divulgue advertencias falsas, no replique nada de lo que no esté absolutamente seguro. Contribuya a la solución y no al problema.

Pensemos la pandemia desde otro lugar, más allá de la enfermedad en sí misma, el coronavirus nos pone a prueba como sociedad. Es un proceso en el que nuestra responsabilidad cívica está sobre la mesa, nuestro buen criterio juega un papel preponderante, no tenemos que relajarnos ni desestimar, porque el panorama es preocupante, pero hay que ser concientes que el otro extremo tampoco es saludable. Hay que lograr el justo equilibrio, sin propiciar la imprudencia, ni la psicosis.

La gravedad de la situación impone estar a la altura de las circunstancias, tenemos que ser cautos con la información, tanto al recibirla como al proporcionarla, tomar medidas preventivas y cumplirlas siempre dentro de las indicaciones y los parámetros oficiales, y, sobre todo, asumir la responsabilidad que como nucleo social nos impone esta enfermedad que es de por sí traumática y dolorosa para el mundo.

Con la salud no se juega. Si todos tenemos claro eso, va a ser mucho más sencillo ser cautos, cuidarse, cuidar y evitar que el coronavirus se transforme también en una pandemia psicológica.

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