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"No estigmaticemos"

“No estigmaticemos” dijo el gobernador Ziliotto ante un nuevo caso de Covid-19, de los escasos 6 detectados en nuestra provincia. Sus palabras pueden haber pasado desapercibidas para muchos en el contexto del mar de noticias que inundan nuestro día a día, pero no para todos, porque su frase: “no estigmaticemos, nadie se contagia a propósito”, no fue porque sí, es una de las miserias que ha traído del arcón de la historia el Covid-19: discriminamos al enfermo, por miedo, por ansiedad, por desconocimiento, por lo que sea, lo cierto es que discriminamos.

Los humanos tenemos una rica historia en ese aspecto, lo hicimos con los leprosos, con los tuberculosos, con los contagiados de VIH, hemos marcado con el estigma de “infectado” durante toda nuestra evolución, así que somos expertos en convertir víctimas en victimarios en cuestión de segundos. Es una de nuestras miserias humanas que, pese a que se supone que nos desarrollamos y progresamos, han perdurado en el tiempo.

El estigma es ni más ni menos que una discriminación asociada, en este caso, a la falta de conocimiento y al miedo a la enfermedad y a la muerte. La necesidad de culpar a alguien y señalar lo indeseable, que en este caso es contagiarse, es el motor que acciona el huracán de suposiciones, rumores y señalamientos. Calificamos, juzgamos y separamos lo “malo”, “indeseable”, “inadecuado”, “anormal”, “enfermo”. Establecemos categorías y parámetros para alejar lo estigmatizado.

“Acá no entra nadie” o “que no vengan a infectarnos” hemos escuchado en más de una oportunidad, no queremos que a nosotros, que residimos en una zona no infectada, que somos privilegiados, se nos acerquen aquellos que pueden contagiarnos.

Hay una especie de clik social e individual que se acciona en el momento en el que vemos acercarse el peligro. La de los aplausos, la de cuidarnos entre todos, la de la solidaridad y la hermandad, la del agradecimiento a los que están poniendo el cuerpo, se nos ha ido apagando con el correr de los días y ni siquiera en territorios como el nuestro, que hemos transitado con mucha más holgura todo el proceso, escapamos a la fobia hacia quienes provienen de lugares con Covid o hacia quienes por su trabajo están en contacto con los que se han enfermado y por supuesto, hacia quienes contraen el virus. Unos y otros son una amenaza, unos y otros desatan lo peor de nosotros, hemos desarrollado una especie de aberrante “vigilancia sanitaria”.

Aunque en la superficie parezca que no, la estigmatización subyace, por eso Ziliotto dijo, ante la aparición de un nuevo caso: “Seamos respetuosos y solidarios con quienes arriesgan su salud para que nosotros podamos gozar de esta nueva normalidad”. El miedo y la ansiedad rondan tanto como el virus, queremos aislar y excluir todo lo que tenga que ver con la enfermedad, por eso la estigmatización es tan contagiosa como el mismo Covid-19.

Lo desolador es que estas situaciones nos desnudan, individual y colectivamente, dejan al descubierto nuestras miserias, es desgarrador saber que somos capaces de eso, que no hemos evolucionado. Al principio nos abalanzamos sobre el alcohol en gel, tanto que lo agotamos en horas, después nos pintó el amor y salimos a los balcones a aplaudir, hicimos videos divertidos para compartir, organizamos colectas virtuales para ayudar a los que la estaban pasando mal. Y al mismo tiempo, empezamos a pegar cartelitos en ascensores “invitando” a los trabajadores de la salud a irse a vivir a otro lugar, o reventamos las redes con información falsa sobre contagios, o salimos a “marcar” al infectado, sus familias y sus amigos, salimos a “crucificar” al prójimo.

Estigmatizar no sólo devela nuestra ruindad, también entraña un peligro sanitario, ya que como ha quedado demostrado en epidemias anteriores, el estigma desalienta en muchos casos las pruebas de detección de la enfermedad. Son muchos los que prefieren no saber, a sufrir el rechazo social y la lapidación pública en las redes.

Saber que la pandemia nos afecta a todos, que no es selectiva, que señalar y estigmatizar no hace más que empeorar una situación que de por sí es dramática, es tan importante como no perder de vista que sumarse al ejército de la “vigilancia sanitaria”, de los que buscan y comparten información falsa y de los que señalan, es propiciar todo lo peor de lo que somos, eso sin contar que nada nos garantiza que mañana seamos uno de los estigmatizados, o sea que además, es muy poco inteligente. Por eso, como dijo el gobernador, “no estigmaticemos”

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