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No alcanzan las promesas

No se puede vivir bien en un país en el que el 42% de su población está excluida. La pobreza subió más de 6 puntos en un año, se disparó, los datos son alarmantes, catastróficos y, sobre todo, vergonzosos. La pandemia, la pandemia, la pandemia, si es verdad, fue un año espantoso, signado por este maldito virus, pero no jodamos, desde las 500 mil cajas PAN del alfonsinismo a la superabundancia de planes sociales y asistencia estatal de hoy, nunca tuvimos una situación social realmente diferente, nunca estuvimos bien, nunca. La política le debe una respuesta a la sociedad, a una sociedad harta y desesperada.

Hace un tiempo atrás, cuando presentaba su ensayo “El Hambre”, el brillante Martín Caparrós decía en una entrevista, que el hambre puede verse “como la metáfora más violenta de la desigualdad en la que vivimos y toleramos vivir.” La pregunta claro, es cuál es el límite de tolerancia frente a la violencia que provoca la desigualdad, hasta dónde y hasta cuándo.

Los datos de la realidad son la demostración explícita de que hasta acá nunca ninguno pudo. Todos prometieron y se comprometieron y todos dijeron que iban a poder, y siempre terminamos en el mismo lugar, un poco mejor o un poco peor, pero con nuestros pobres en la pobreza y nuestros indigentes en la indigencia. La realidad es la realidad, aunque no les guste, aunque ni siquiera les guste verla en palabras como estas. La realidad es la realidad y para cambiarla no alcanzan las promesas.

Desde las cajas PAN hasta hoy, los temas centrales están exactamente igual, ninguna gestión se destacó por su eficacia para encaminar esta situación hacia una posibilidad de salida sostenida en el tiempo. No lo decimos nosotros, lo dicen las estadísticas, aún las no estadísticas del lapso en el que no había cifras para “no estigmatizar”, como si lo realmente grave fuera nombrar a los pobres, no que hubiera pobres, sino, ponerlos en números. También lo corroboran las cifras del lapso del compromiso de “pobreza cero”, fresco aún en nuestras memorias hastiadas de mentiras electorales y de gestión.

Y a propósito de ese tema, con semejante contexto, cómo van a hacer campaña de cara a las PASO y las generales que están a nada, a la vuelta del almanaque y que, con independencia de si aplazan o no las fechas, obligará a todos los espacios a ponerse cara a cara con el electorado. ¿De qué van a hablar? De verdad, ¿qué van a hacer, van a seguir agitando los dos bandos y apuntando con el índice al otro? Es una gran pregunta considerando que con el 42% de la población sumida en la pobreza, el reparto cruzado de culpas y todo lo contingente es absolutamente impropio.

En Argentina, hoy, ahora, hay 20 millones de personas que no tienen las necesidades básicas cubiertas, son pobres. Esa es la noticia más impactante que hay. En Argentina, hoy, ahora, la única respuesta a los 20 millones de pobres son los programas de ayuda social, la asistencia, que es absolutamente indispensable, pero que no alcanza, no puede ser la única respuesta. Lo que nos pasó y nos pasa, no es sólo económico, lo que nos pasó y nos pasa es político. Cuántas promesas, cuántos anuncios, cuántos discursos hemos escuchado por los siglos de los siglos y sin ningún amen.

Tal vez lo más cercano fue el anuncio con bombos y platillos de la Mesa del Hambre ¿se acuerdan? La integraban personalidades destacadas de todos los sectores. ¿Saben en qué quedó esa Mesa del Hambre? De un mega equipo interdisciplinario, se redujo a un grupo técnico de trabajo que saltó de las reuniones con grandes personalidades a talleres, porque no tiene presupuesto asignado, porque no es una cartera ministerial. Uno más de los tantos amagues para las fotos.

No hay nada para atrás y nada sugiere que lo haya hacia adelante, las proyecciones en el mediano plazo indican que todo seguirá igual o un poco peor. Los discursos de los consensos básicos, los pactos políticos, las necesidades de la coyuntura, y todas las blablaciones de los blablacionistas, son eso, espuma.

¿Cómo vivir bien en un país en el que el 42% de su población está excluida? No hay ninguna posibilidad de sentirse bien, ni de estar bien. La pregunta en este contexto de desesperación y hartazgo, es cuál es el límite de tolerancia frente a la violencia que provoca la desigualdad, hasta dónde y hasta cuándo. La única verdad es que la realidad es la realidad y para cambiarla no alcanzan las promesas.

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